Vargas Llosa y la amoralidad de la literatura

El juego de la imaginación, primer volumen de la obra periodística completa de Vargas Llosa, ofrece artículos, notas y ensayos breves, que tienen por objeto la literatura, el arte, el teatro, el cine, y la arquitectura que quedan bajo su incisiva mirada y sólido juicio de un gran escritor y estudioso de todo lo que es arte en sus múltiples variantes.
© ANA ALEJANDRE

El autor de La fiesta del chivo y Conversaciones en la catedral, por citar dos de sus obras más notables de su extensa producción literaria, puede convertir, como todo gran escritor, cualquier género literario en uno grande a través de su escritura y maestría narrativa. Así sucede con este primer volumen de sus escritos publicados en la prensa que, aunque el periodismo se haya considerado siempre un género menor, a través de su pluma lo convierte cualquiera de sus textos periodísticos en obras maestras de dicho género.

Esta primera entrega está dividida en seis secciones que presentan los diversos temas tratados que se citan anteriormente, ordenados por su temática y no por orden cronológico como sucede en muchas obras del género periodístico.

La primera de dichas secciones es la que dedica a la creación literaria y reflexiona sobre el oficio del escritor y sirve como de preámbulo y fundamento de las cinco secciones restantes. Vargas Llosa califica sin ambages al escritor como un eterno aguafiestas, pues afirma que la literatura no es solo un mero pasatiempo entretenido, sino que la califica con tres palabras contundentes “fuego, inconformismo y rebelión”.

Esta entrega es significativa como exposición de sus reflexiones sobre la literatura.

Por ello, afirma que un escritor complaciente y conformista es una incongruencia rayana en la perversión, pues actúa en contra de lo que es la esencia de todo escritor como es la crítica, la protesta y la contradicción. Sin estas actitudes, la función del escritor deja de tener cualquier valor para la sociedad y solo se convierte en un proveedor de diversión o pasatiempo.

Aunque el autor de El fuego de la imaginación ha tenido una evolución ideológica evidente a lo largo de su vida, sigue mostrando el mismo descontento que siempre ha manifestado en su obra literaria. Pero esta desazón no solo se refiere a los temas políticos y sociales, sino que se extiende a la dimensión ontológica, pues desea traspasar los límites del ser y para ello, solo considera factible los portentos de la imaginación, rechazando la experiencia mística.

La imaginación es portentosa y crea nuevos mundos, actúan desde la potencia creadora de esa especie de dioses menores que son los escritores que crean seres de la nada, territorios inverosímiles, mundos imaginarios o, simplemente rompen la realidad para fragmentarla y poder investigar en sus entrañas, en esos fragmentos en los que se encuentra la verdad de la vida y del mundo en el que habitan esos personajes de ficción que pasan a convertirse en seres de carne y hueso en el imaginario de cada lector.

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Vargas Llosa se va despidiendo de las letras.

Se deduce de lo que dice Vargas Llosa que, para este autor, escribir es una especie de catarsis o exorcismo para poder combatir los demonios interiores de cada escritor que pasan de la realidad a la ficción. Además, también otra paradoja asombrosa en la literatura es que en ella la verdad se muestra mediante las mentiras friccionadas, lo que en imposible en el mundo real. Por ello, la literatura no tiene que atenerse a la verdad y serle fiel, porque su reino no es la realidad, sino la ilusión que toda historia crea en la mente de cada lector.

Por ese motivo, el escritor no tiene ninguna otra obligación que mostrar su maestría narrativa y formal para poder recrear en su escritura los mundos de ficción que crea su talento creador y darles coherencia, y credibilidad per a su vez el escritor solicita al lector la necesaria complicidad para que el artefacto imaginativo que es toda narración pueda ser aceptada y creída, aun sabiendo que es ficción.

El fuego de la imaginación muestra la excepcional calidad del autor como crítico.

También hay una afirmación en esta obra que puede causar cierta resistencia a aceptarla por parte de algunos lectores. Es cuando afirma este autor que la literatura es amoral, ya que no pretende aleccionar y, si lo hace, es cuando pierde todo su valor estético. Es decir, lo que no se aceptaría en la vida real, en una novela si se puede admitir como una experiencia catártica, como hicieron los autores que cita: Sade y Bataille que expusieron en sus obras una gran variedad de aberraciones que no serían admisibles en la realidad, pero sí se aceptan en la ficción.

L. F. Céline

Vargas Llosa es una constante defensor de la libertad y por ello reivindica a escritores como Céline por su obra Bagatelas para una masacre que es infame, así como los panfletos nazis de Drieu La Rochelle que son igual de execrables, o William Burroughs, aunque no les exime de responsabilidad moral, ya que aceptar que escriban esas obras literarias no significa justificar los actos de sus autores,

El fuego de la imaginación es el libro en el que su autor vuelve a demostrar su excepcional calidad como crítico, no solo literario, sino también teatral, cinematográfico y de arte, cualidad que ya puso de manifiesto en La verdad de la mentira (1990) en cuanto se refiere a la literatura.

Es de destacar en esta nueva obra a su constante sentido del humor que le permite a todo tipo de lector disfrutar de su escritura que siempre es amena, ágil e, igualmente, apasionada, trate de lo que trate, de lo que da una buena muestra en El fuego de la imaginación, que pone en evidencia su capacidad de atrapar al lector con su ingenio que seduce y atrae siempre.

Vargas Llosa defiende una idea controvertida: que la literatura es amoral.

Esta primera entrega de sus trabajos periodísticos no se puede considerar una mera recopilación de textos publicados en prensa sin más, es algo mucho más significativo pues ofrece una continua exposición de sus reflexiones sobre la literatura y demás variantes del arte, por lo que se puede perfilar su personalidad y talento a través de los jugosos juicios sobre autores, obras, movimientos artísticos. etc., que resume así de forma magnífica la personalidad y el talento creador de un hombre que ha pasado toda su vida entregada a la literatura y al estudio y goce de las diferentes vertientes del arte para dejar perfilada, con sus críticas, comentarios y análisis, que es una figura indiscutible de la narrativa en lengua española y un intelectual de hondo calado.

En definitiva, la primera entrega de El fuego de la imaginación es una obra que creará un nuevo hito en su carrera literaria y en la mente de todos sus lectores. Sea bienvenida, por tanto, y quedamos a la espera del siguiente volumen que despertará tanta expectación como el primero, sin duda alguna.

 

El fuego de la imaginación, Mario Vargas Llosa, Alfaguara, 2022, 792 pp.


LA AUTORA

ANA ALEJANDRE, cuyo nombre completo es Ana María Alejandre Carrizosa, nació en Azuaga (Badajoz), aunque ha residido en diferentes ciudades de España y Marruecos hasta instalarse definitivamente en Madrid. Escritora de narrativa, articulista, crítica literaria y editora. Es licenciada en De­recho, diplomada en Dirección Comercial de Empresas, diplomada en Anatheóresis (grado superior) y grafóloga. Asimismo, está diplomada en estudios profesionales de edición y corrección. Ha publicado cuatro obras hasta el momento: Un día cualquiera (novela, 2013), La ofrenda (novela, 2010), la colección de relatos Doce cuentos solitarios (2007) y la novela Tras la puerta cerrada (2003). Próximamente, saldrá publicada su nueva novela Cartas cruzadas. Directora y editora de la publicación digital Editanet Espacio Literario y Artístico http://www.editanet.com, y http://www.editanet.org, publicación digital sin ánimo de lucro y de periodicidad trimestral. También ha creado y mantiene más de una veintena de webs y blogs temáticos en búsqueda de una constante plataforma de expresión por su decidida vocación literaria. Colabora habitualmente como articulista y crítica literaria en Diario Siglo XXI, y ha colaborado esporádicamente en República de las Letras (de la Asociación Colegial de Escritores de España) y otros medios.