Chirbes: ganarse el alma

Asuntos cotidianos, cientos de lecturas, una homosexualidad vivida en modo ‘hardcore’ y el conflicto entre el origen campesino y la pulsión urbanita son algunos de los mimbres de la última entrega de los diarios de Chirbes, en la que ya asoma la enfermedad que acabaría con su vida.
© JUAN ÁNGEL JURISTO

Se publica el último tomo de los Diarios de Rafael Chirbes (Tabernes de la Valldigna,1949- 2015) bajo el título, A ratos perdidos 5 y 6, adecuado a las casi mil páginas de las notas que escribió el escritor desde el año 2008 al 2015, año de su muerte y donde volcó impresiones de lectura, nunca derivadas de un afán sistemático.

Escritas a vuelapluma justo tras acabar Crematorio, los asuntos cotidianos, así, el continuo desastre de su casa, que en ocasiones el autor parece relacionar con la Casa Usher, las relaciones con Paco, un hombre enfermo y ya perdido para sí mismo y que Chirbes relata con un afán de objetividad que, como siempre en estos casos, suele decir más del que lo cuenta que del relatado.

También el modo que tiene de relacionarse con sus perros y gatos, a los que socorre disculpándose de antemano de sufrir tanto por ellos, lo que nos habla bien a las claras de esa tensión, manifestada en cosas más importantes a lo largo de su vida, entre sus orígenes de clara raigambre campesina y y su sensibilidad de urbanita, malgré lui , que le perturba de manera especial y, sobre todo, las lecturas, da cuenta de centenares de libros que, sin quererlo, suponen cierta radiografía del gusto literario de una generación.

En este último tomo de los diarios predomina la enfermedad.

Así, esa tendencia, no exenta de cierta fascinación primeriza, por la literatura centroeuropea, en el caso de Chirbes, Hermann Broch y Robert Musil, que parece ensanchar la sensibilidad literaria española, de afrancesada tradición y la obligada tendencia, más moderna, de dar cuenta de la literatura norteamericana, una suerte de tercera vía que se produce entre nosotros en los años ochenta y que es particularmente grata a aquellos que tratan la literatura como ámbito moral y que la tradición centroeuropea parece corroborar con esa tendencia a cierta abstracción donde, al final, siempre se vislumbra una manera de entender el mundo, de los ya sabidos Thomas Mann y Hermann Hesse, se pasa en un pis pas a los vieneses de entreguerras, a los alemanes de posguerra, de Günter Grass a Heinrich Böll y a Arno Schmidt.

Chirbes fue un autodidacta con clara conciencia de serlo.

Éste último por los más dados a las vanguardias, publicado en España gracias a la labor nunca bien ponderada de un Julián Ríos que dio a conocer en la colección Espiral de la editorial Fundamentos a autores de la posmodernidad americana, de Thomas Pynchon a John Barth pasando por Robert Coover… En fin, páginas y páginas donde Chirbes da cuenta del día a día y en este último tomo predomina la enfermedad, escritas a modo de un torrente que le sirve de desahogo y, a la vez, de terreno acotado para que, en otro orden de cosas, acontezca la labor más pensada, lenta y proclive al silencio, de sus narraciones.

De ahí que leyendo estas páginas abultadas y que parecen exhaustivas, nos llevemos una sorpresa cuando, de golpe, escribe que ya ha terminado una novela que se titula En la orilla, la despedida del autor de su narrativa, por lo menos en vida ya que Paris-Austerlitz se editó póstuma.

Sobre las intenciones del autor respecto a estas páginas escribe en las mismas: “De todas formas, poco me importa que se publiquen o no, que salgan a la luz ahora, o más adelante, o nunca, pongo en ellos más disciplina que arte, incluso más inercia, aporque es un modo de llenar el vacío que queda cuando no se practica la escritura de voluntad pública. Lo importante es dejar lo escrito limpio, presentable, al menos correctamente redactado, especialmente en algunas partes en las que se intenta reflexionar, y son sólo inconexas notas”.

Da cuenta de lecturas de centenares de libros que trazan una radiografía del gusto literario de una generación.

Desde luego estos Diarios nada tienen que ver con los de factura clásica, cuidados y de clara intención, trátese de los realizados con la vista puesta en el canon, los de André Gide, por ejemplo, o los de Ernst Jünger, autor con el que Chirbes se muestra más benevolente en este tercer tomo que en los anteriores, trátese de los creados a partir de una intención abocada al ejemplo de una determinada manera de enfocar el arte, así los Diarios de Andy Warhol

Al contrario, semejan más bien un sumidero que el autor ha frecuentado y rellenado compulsivamente para que, en cierta forma, cumpliera una labor catártica y con vistas a dejar, por contraste, que fluyera mejor el estilo en sus novelas.

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Carlos Blanco Aguinaga (1926-2013)

Estos Diarios pueden ser leídos de muchas maneras y llamar la atención sobre aspectos de la personalidad de su autor que nos lo revelan nítido, como la reverencia, casi próxima a la angustia, que le hace a Blanco Aguinaga, un ensayista español del exilio mexicano de clara formación marxista y de actitud tan poco flexible que a su lado Lukács pasaría por liberal, cuando critica algunos aspectos de Crematorio.

Blanco, hombre del exilio en México, poseía amplia formación y entre nosotros tuvo sus incondicionales, entre los que se hallaba, amén de Chirbes, Constantino Bértolo y en estas páginas, respecto a Blanco, terminamos cayendo en la cuenta de que Chirbes fue un autodidacta con clara conciencia de serlo, condición que solía achacar cuando pensaba en sus limitaciones.

También esta lectura nos hace darnos una idea del Chirbes devorador de libros, no sólo de novedades, sino de relecturas muy provechosas, así la reivindicación de clásicos como Baltasar Gracián o el Quevedo de Los sueños, o el Bernal Díaz del Castillo de La historia verdadera de la Conquista de la Nueva España cuyo escepticismo respecto al Poder y la Guerra le acerca a autores más modernos, tal es el imaginario de Chirbes, como Henri Barbusse o el Karl Kraus de Los últimos días de la Humanidad y siempre, presidiendo esa biblioteca ideal, Cervantes y Galdós, al que dedica páginas muy bellas y acertadas.

Chirbes que recuerda a Pier Paolo Pasolini en la práctica de una homosexualidad ‘hardcore’

Y desde luego, ya dijimos, esa fascinación por la literatura centroeuropea de principios de siglo a la vez que constatamos el desinterés, algo muy frecuente en la generación de Chirbes sobre todo si provenías de la extrema izquierda, por la literatura inglesa, de tal modo que cuando nos topamos con el nombre de Samuel Johnson, volvemos sobre nuestra lectura por ver si habíamos incurrido en error.

Sobre el tratamiento dado a estos Diarios desde que se publicó el primer tomo en 2021, una mezcla de reverencia teñida de un respeto hacia un escritor que se quiere incorruptible, y que coincide con el éxito de la novela y la versión televisiva de Crematorio, constato que coincide asimismo con el salto al primer plano de la sociedad, de Podemos y la marea de la irrupción de una nueva generación, la que acampó en Sol aquel 15 de mayo, en los resortes del Poder distinta a la que llevó a cabo la Transición, generación con la que Chirbes se mostró muy crítico y que le costó, por su independencia, no gozar del favor de otros escritores de sus años adscritos a aquella denominación que hizo fortuna en su día, debida a cierta ocurrencia sin base real alguna de Camilo José Cela y que repitió Francisco Umbral hasta el aburrimiento , aquello de “los ciento cincuenta novelistas de Carmen Romero”.

Hay páginas antológicas en este último tomo sobre la socialdemocracia, que Chirbes creía había traicionado lo que debería haber sido la construcción de la España surgida después de la muerte de Franco, una rabia hacia un partido casi odiado por los comunistas desde los años treinta y cuya labor en la posguerra europea, aliada a la irrupción de las grandes multinacionales norteamericanas, trajo al continente una prosperidad nunca vista entre los pueblos europeos, pero con consecuencias muchas veces nefastas, como la contaminación del paisaje ancestral, la desaparición del campesinado y la banalización del mundo, véase el lenguaje, actitud que acerca y aquí no nos referimos a la calidad de lo creado, sino a un Chirbes que recuerda a Pier Paolo Pasolini.

Edición italiana de su novela póstuma.

Recordemos que le unía también desde su origen campesino a la educación en un ambiente católico muy cerrado y la práctica de una homosexualidad hardcore sobre la que los dos autores han escrito páginas de enorme calidad, en Paris-Austerlitz en el caso de Chirbes, o pasajes tremendos en Petróleo, donde se ronda cierta maestría visionaria en algunos pasajes, en el de Pasolini.

Con ello quiero decir que me temo que la reverencia unánime otorgada a Chirbes en estos días poco tiene que ver con un análisis un tanto distanciado de la obra y sí con cierto cambio en la sociedad española con la irrupción en la escena pública de nuevos protagonistas que se sienten más acordes con ciertas actitudes de Chirbes y que le costó ser preferido en otro tiempo por compañeros de generación subidos al carro del Poder. Esto no nos impide atisbar las aceradas críticas que hubiesen recibido del autor de Mimoun por su actitud ante el nacionalismo, ya que solía comparar la estrategia de Cataluña a la de Hungría cuando el desmoronamiento del Imperio Austro-húngaro o la irrupción del catecismo del lenguaje inclusivo.

Concluyo con una pregunta muy a tono con el autor de estos Diarios:

¿Seremos producto de un continuo malentendido?

Como verán, antepongo un toque camusiano ante la lectura de unas páginas muchas veces magníficas y siempre de una honestidad intelectual probada.

 

Diarios. A ratos perdidos 5 y 6. Rafael Chirbes. Anagrama, Barcelona, 2023, 968 pp.


EL AUTOR

JUAN ÁNGEL JURISTO.  Escritor, crítico y periodista, nació en Madrid en 1951. Estudia filología española en la Universidad Complutense. Ha colaborado, entre otros medios, en El País, dirigido la revista literaria El Urogallo y la sección de cultura en El Independiente y El Sol. Ha ejercido de crítico en La Esfera, del diario El Mundo. Más tarde se incorporó a La Razón y actualmente colabora en ABCD las Artes y las Letras. Ha colaborado en las más importantes revistas literarias y culturales españolas. Es autor de los ensayos Para que duela menos (1995) y Ni mirto ni laurel (1998). Es autor de tres novelas: Detrás del sol (2006), El hilo de las marionetas (2008) y Vida fingida (2012).