Carmen María López nos invita a escuchar la plegaria de la lluvia

En Oración de la lluvia, Carmen María López irrumpe con una voz que conjuga lo divino y lo humano con un pulso firme, al tiempo que delicado, que confirma su condición de poeta verdadera.
© JOSÉ ANTONIO SANTANO

Inicio este comentario con una reflexión del crítico Juan Marqués, que escribe: «En la poesía española se ha llegado a un punto en el que ya no hay que discernir, como siempre, qué poetas eran buenos y quiénes no tanto, sino distinguir simplemente quiénes son verdaderos poetas y quiénes no, al margen del talento o la calidad de cada cual. Cada vez tiene más mérito serlo, entre los más jóvenes, porque las tentaciones que reciben por todos lados para entregarse a una poesía postiza, fácil, prosaica, superficial, provisional, que se agota en sí misma, que se lee una vez y ya se ha leído para siempre… son muchas, dado que esta última, de nacimiento reciente, es la que aporta visibilidad, lectores, recorrido, a veces dinero e incluso, cada vez más, «prestigio» ante el gran público, que ingenuamente va pensando de forma casi masiva —y pasiva — que la poesía es eso».

Edita Rialp

Quienes nos acercamos diariamente a la poesía actual sabemos bien que lo dicho por Marqués da justamente en la diana de la cuestión. Es cierto que mucha de la poesía escrita por jóvenes no interesa por su puerilidad, por ser homogénea y sin matices, pero no es menos cierto que algunas voces jóvenes destacan, precisamente, por todo lo contrario. En estos casos no siempre, pero sí que determinados certámenes literarios, de carácter nacional o internacional, garantizan ese encuentro con jóvenes autores de indudable calidad. Porque el problema de la poesía, incluso con independencia de la edad, no es otro que pertenecer a la periferia, que impone una frontera en muchas ocasiones infranqueable.

Por suerte, no es el caso de la poeta, recientemente galardonada con el premio Adonáis, Carmen María López (Caravaca de la Cruz, Murcia, 1991), con el libro Oración de la lluvia. En la actualidad es profesora titular de Teoría de la Literatura en la Facultad de Filología de la UNED y tiene en su haber dos poemarios publicados: Yo también anochezco (Premio Complutense de Literatura 2023) y La madre de nadie (Premio ESPASAesPOESÍA 2024). En este corto pero deslumbrante itinerario poético Carmen María López ha sabido conjugar tradición y ‘modernidad’ para ensamblar un corpus lírico pleno de aciertos, en el que la experiencia vital y la emoción aportan elementos indispensables para reconocer una voz propia que se manifiesta lúcida y fresca desde el principio, y que vigoriza de forma concluyente el acto mismo de la creación.

Nada queda atrás, nada se olvida, pues la mirada de Carmen María López ahonda en la memoria, en las pupilas de las generaciones precedentes, hasta crear un verdadero clímax, una explosión de sensaciones que alcanzan de lleno al lector: «Escucha el rumor del agua antigua / tus raíces, la voz de tus abuelos. / Basta que te detengas un segundo: / que no persigas cantos de Sirena. / Todo lo que has amado vive ahí: /los juegos infantiles, tus rodillas / y esa molesta piedra en tu zapato. / No invoques a la Musa: solo mira / el lago al que te arrastran tus recuerdos». Este fragmento pertenece al primero de los poemas contenidos en el libro: Ítaca, y, como se puede comprobar, Carmen María muestra ya una vuelta a los orígenes, a ese territorio tan visitado por los poetas, a esos días azules de la infancia.

La poeta logra ensamblar un corpus lírico pleno de aciertos.

Estructurado en dos partes: “Lo divino” es un lugar para el descubrimiento de todo aquello que se oculta entre las sombras o se desconoce, mistérico. Estar y no ver es una de esas consecuencias, porque como dice la propia poeta, «lo divino es la luz que ahora nos baña /entre la claridad del mes de marzo. /La hija que ha nacido y ahora duerme /mientras tú con amor velas su sueño». La vida vuelve a brotar en otro ser, mientras la lluvia no cesa de caer sobre los montes y ríos, las calles y tejados. Sirviéndose de un verso del poeta extremeño Basilio Sánchez (El poeta es el hombre arrodillado), Carmen María López escribe a “Lo pequeño”: «Escribo de rodillas, genuflexa, /para escuchar el canto de las cosas /pequeñas esas cosas tan sutiles /que están ahí tan solo y nadie explica. //Nadie habla de ellas: /la luz, el aire, el cielo, /la oración de la lluvia». Escribir para «ser» alma y corazón en las pequeñas cosas, donde lo acostumbrado es lugar de encuentro con el asombro, la naturaleza y sus dones: «Lo que sé de gramática es un cuerpo /partiéndose en dos, una libreta /donde mirar el mundo. /Escribir es oficio de agua». Todo trasciende la realidad, se alza en vuelo de pájaros sobre la tierra y el silencio se escucha como un grito en el abismo.

Poesía española: Carmen María López. – Circulo de Poesía

La autora, en una imagen del Círculo de Poesía

La segunda parte del libro trata “Lo humano”, adentrándose, nunca dejó de hacerlo la poeta, en el recuerdo de los días primeros, la casa y la familia como elementos inseparables de una experiencia vital única: «La familia es un bosque: te adentras, / caminas a través y tienes miedo. // En él te pinchan ramas, te tropiezas, / hay zarzales y sangras pero insistes, / reposas a la sombra de la infancia (…) Detente y mira ahora: se ha hecho oscuro. / Pero no desfallezcas: / este bosque es tu cuerpo y te habla». Escribir se convierte en algo necesario, como lo es vivir y emocionarse con la caída de las hojas en otoño, y todo y nada tiene sentido, es el dolor y la alegría al mismo tiempo, nacer y morir, sentir la luz del aire en movimiento: «…si vivir era el vuelo de un pájaro /el olor a tomillo el resbalar del agua. // Desde entonces / escribo para ver qué hace la vida / con la materia humana». Camina Carmen María López por la vida mirándose en el río o la montaña, en las flores de un jardín cualquiera para ser flor, río o montaña, transmutarse en poesía: «Contra la indignidad del hundimiento, / hágase la poesía».

Su vida es la memoria de lo vivido, infancia irrepetible, solar para el asombro y los silencios, y a fin de cuentas “Oración de la lluvia”, un canto a su hija Carmen Lucía, que le hace vivir otra vida, y así cantarle y contarle: «Para contarte, hija, con mi voz de muchacha: / una vez fui feliz pero no tanto / como ahora que estás bendiciendo esta lluvia (…) Te diría despacio con palabras / parecidas al viento o a la lluvia: acúnate en el quicio de mis ojos / nunca sepas que el mundo es una lágrima». Al final de todo, en este insistente regreso a su Ítaca, Carmen María encuentra en los últimos cuatro versos del libro, la razón de su existencia, el poema en sí mismo: «Regresaste a la casa de tu infancia. /Y dormía tu hija de seis meses. / Había misericordia en su mirada. /Y ahí estaba el poema». Un libro, Oración de la lluvia y una joven poeta que nos seguirá deleitando en el futuro con su luminosa lírica: Carmen María López.

 

Oración de la lluvia, Carmen María López, Rialp, 2026, 72 páginas, 10 euros.


EL AUTOR

JOSÉ ANTONIO SANTANO (Baena, Córdoba, 1957) cultiva la poesía, narrativa, ensayo y crítica literaria. Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Almería, y autor de más de veinte libros, entre los que destacan Profecía de Otoño; Exilio en Caridemo; Suerte de alquimia o Tiempo gris de cosmos, todos ellos galardonados con prestigiosos premios.