Mujeres, mujeres, mujeres | Reflexión ante el Día de la Mujer Trabajadora

Lourdes Ortiz  ha compaginado su vida infatigable de escritora y dramaturga con la de periodista. Asimismo ha impartido durante largos años clases en la Real Escuela Superior de Arte Dramático. En el presente artículo, la autora reflexiona, al margen del lugar común, sobre el Día de la Mujer Trabajadora.
© LOURDES ORTIZ

La luz de la memoria. Lourdes Ortiz. Ed. Akal. 1976. Madrid

Escribir sobre la mujer porque se aproxima el Día de la Mujer Trabajadora es la tarea que más me está costado. Durante años he escrito y defendido a la mujer, como por ejemplo en los faldones  y artículos que realicé para  la revista Mujer Hoy durante diez años. O en algunas de mis novelas, incluso en mis obras de teatro.  Y, sin embargo, confieso que este intento parece rebelarse, como si tuviera miedo a caer en los tópicos, en las verdades o necedades que últimamente llenan las páginas de  los periódicos o las crónicas porque el tema del “empoderamiento” está de moda. Para empezar es una palabra fea, un anglicismo tomado del feminismo norteamericano que se ha impuesto y que se utiliza ahora para todo. Dar poder a las mujeres parece que es el significado último de este término: colocarlas en su sitio.   No se habla, como antes, de igualdad sino de poder. Y podría definirse, en su mejor sentido, como romper barreras, ascender en la escala social, exigir visibilidad y, de paso, quebrar los límites que establecen la desigualdad salarial, o promover el ascenso de mujeres a puestos de responsabilidad social y en las diferentes actividades, incluso en los de la creación: en el cine, en el teatro, en la música y en la literatura. Así que, resignada, con una mirada benigna, asumo el término que, sin embargo, me molesta al oído. Será tal vez por mi amor al lenguaje y a las palabras. Pero eso es lo de menos. Si vacilaba al comenzar a escribir es porque las efemérides son buenas, implican celebración y recuerdo, pero un sólo día de la mujer, del padre, de la madre o de los enamorados no es más que un reclamo, una fecha puntual para limpiar la conciencia.  Nunca sobra, aunque  todos los días del año deben ser el día de la mujer, de la trabajadora, de la estudiante, de la madre o de la abuela. Incluso de aquellas que han optado por ser “mantenidas” o se dedican simplemente a disfrutar de los privilegios que su situación social o su matrimonio les concede: ser muñecas decorativas dedicando su tiempo a la peluquería, al maquillaje, a la cirugía estética y a la compra de vestidos de lujo porque su tarea al final se reduce a encandilar a los hombres con su belleza. También para ellas, que se han empoderado gracias a sus encantos, son estas líneas.  Algunas, paseando de la mano de presidentes o de altos ejecutivos, alguno con mucho poder y bastante siniestro.

También para ellas, que se han empoderado gracias a sus encantos, son estas líneas.  Algunas paseando de la mano de presidentes o de altos ejecutivos, alguno con mucho poder y bastante siniestro.

La liberta. Lourdes Ortiz. Finalista del Premio Planeta, 1999. Barcelona.

Mujeres y hombres. La lucha de la mujer no es ni debe ser una lucha contra el hombre. Mucho se ha conseguido en las ciudades del occidente desarrollado y en nuestro país en los últimos sesenta años en el terreno de la igualdad y en el reconocimiento legal de sus derechos. Y muchos hombres han entendido el mensaje y son ya compañeros en la lucha por esos derechos. Evidentemente no es bastante, pero si se mira hacia atrás resulta sorprendente contemplar los avances de la mujer en España desde el final de la dictadura hasta nuestros días. Como ha ocurrido en muchos otros lugares de Europa. Pero queda mucho por hacer, desde luego. Y es necesario luchar contra los abusos, el ninguneo, el maltrato o el acoso sexual, que crece como una plaga, en la medida que la mujer es ahora más dueña de su cuerpo y de su voluntad. Es una necesidad y una obligación del día a día utilizar todos los medios legales, periodísticos y de protesta en las calles con las denuncias pertinentes.

Y es necesario luchar contra los abusos, el ninguneo, el maltrato o el acoso sexual, que crece como una plaga. 

Pero aquí me interesa destacar lo que muchas ya saben y contra lo que combaten. La situación de las mujeres en muchos lugares de la tierra, donde la explotación derivada de las antiguas y nefastas costumbres las sigue relegando a un papel casi de esclavitud en una sociedad que las condena y margina. Luchar, por ejemplo, por esas mujeres que se han atrevido a cruzar los mares en condiciones alucinantes en busca de una vida mejor y  han muerto en el intento o son recluidas en campamentos que son cárceles, en donde para colmo son maltratadas e incluso violadas por aquellos que están destinados a protegerlas o por sus propios compañeros de travesía. La lista de injurias contra la mujer en algunos países africanos, en algunas zonas del continente asiático o en algunas de Latinoamérica es infinita. Es decir: en todos esos países donde la brutalidad de las costumbres ancestrales, de las religiones, que las incitan al sometimiento y donde las normas políticas represivas se mantienen. Y eso ocurre  hasta en países muy ricos como, por ejemplo, el escándalo que supone para las mujeres Arabia Saudí. Hay grandes retrocesos en las sociedades occidentales, pero el gran estigma de nuestra época es la situación de las mujeres en otros lugares del planeta. A su liberación y a su lucha por la igualdad contra prejuicios religiosos o ancestrales dedico estas líneas. Para ellas, que siguen en la Edad Media a pesar de los grandes avances tecnológicos, científicos o ideológicos de nuestra época. Y también para los hombres explotados en tantos lugares de la tierra. No se puede luchar por la igualdad sin contar con ellos. Son también víctimas.


LA AUTORA

LOURDES ORTIZ, nacida en Madrid en 1943, ha publicado novelas, relato, ensayo y teatro.  Ha compaginado su actividad literaria con el periodismo y con sus clases de Teoría e Historia del Arte en Real Escuela Superior de Arte Dramático. Y en algunos momentos cayó en la tentación de participar  en la vida política activa, para después refugiarse de nuevo en la escritura, que nunca ha abandonado.
Sus novelas: Luz de la memoria (1976), Picadura mortal (1979), En días como estos (1981), Urraca (1981), Arcángeles (1986), Antes de la batalla (1992), La fuente de la vida, finalista del premio Planeta (1995), La liberta (1999), Cara de niño (2002) y Las manos de Velázquez (2006). Entre sus ensayos literarios destacan: Larra, Escritos políticos (1967), Conocer a Rimbaud y su obra (1979) y El sueño de la pasión (1997). Entre sus relatos, los libros : Los motivos de Circe ( 1988) y Fátima de los naufragios (1998). De su teatro podríamos citar: Penteo, Fedra, Yudita, Las últimas noches de Luis de Baviera y La guarida.

 

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