La revolución desde la grada de Hugo Gonçalves

La novela Revolución (Libros del Asteroide), del escritor portugués Hugo Gonçalves, reconstruye el clima político y moral de Portugal en torno a la Revolución de los Claveles. A través de una saga familiar marcada por la ideología y el desencanto, la obra explora las contradicciones entre revolución, poder y libertad con artes de gran literatura.
© VICENTE MANJÓN GUINEA 

Dijo en cierta ocasión Ernesto Sábato que las grandes novelas no están destinadas a moralizar ni a edificar; no tienen como fin adormecer a la criatura humana y tranquilizarla. Al contrario, las grandes novelas están destinadas a despertar al hombre, a sacudirlo, a hacerle ver todas y cada una de las tonalidades grises que embadurnan nuestra existencia.

La novela del escritor portugués Hugo Gonçalves, Revolución, es una de esas grandes novelas que agitan la conciencia y la llenan de dudas y preguntas. Una novela que, con cada una de las contradicciones que se vierten en sus páginas, derriba la suficiencia inepta de quienes creen tenerlo todo claro en la vida y sobre todo en política. Es una novela que, partiendo de la dictadura de Salazar y teniendo como eje central la Revolución de los Claveles, enhebra un recorrido histórico en el que se ven involucradas varias generaciones de una misma dinastía con sus diferentes formas de ver el pasado, el presente y el porvenir.

Lo mejor de la novela es el baile entre la idealización y el desencanto.

Al leerla, uno recuerda aquellas obras maestras del estilo de La casa de los espíritus de Isabel Allende, Los Buddenbrook de Thomas Mann o Al este del Edén de John Steinbeck, donde el factor común es la historia de una saga familiar atrapada por los idealizados ideales políticos que terminan siendo perversos.

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En ese recorrido, a través de la memoria histórica, Hugo Gonçalves no deja nada al azar. Sacará a la luz la terrible opresión del régimen dictatorial de Salazar.  La predisposición a las torturas por parte de la temida policía política del régimen, la PIDE. El intento de silenciar un inevitable alzamiento ante un régimen fascista que se ha basado en beneficiar a la burguesía y explotar a la clase obrera, cuyos hijos eran enviados a combatir en Angola para mantener el ridículo afán colonialista de ultramar. Todo está podrido y todo se desmorona, como dice el propio autor, en un país donde, «las maestras, a las que les está prohibido usar el maquillaje, necesitaban la autorización del Gobierno para casarse, en un país donde (las mujeres) solo votaban en las elecciones locales y no podían tener pasaporte, salir del país, abrir una cuenta bancaria, fundar una empresa, firmar un contrato o alquilar una vivienda sin el aval del marido».

Aquel Estado Novo, instaurado por Salazar durante 41 años, entre 1933 y 1974, sustentado sobre el tradicionalismo católico y las organizaciones paramilitares, había hecho aguas por dentro y por fuera. Un armazón insostenible y lleno de grietas en el interior del casco a consecuencia de las reivindicaciones políticas, universitarias e incluso actos terroristas como los de las Brigadas Revolucionarias. Pero también dinamitado desde el exterior, como consecuencia de las guerras coloniales (Angola, Mozambique, Guinea-Bisáu) y una carga financiera y humana imposible de sostener.

Será el 25 de abril de 1974 cuando todo ese armazón fosilizado se desmenuzará por la acción de una conspiración militar llevada a cabo por las propias Fuerzas Armadas: La Revolución de los Claveles. Una revolución que se convierte en el eje central de la novela y que sirve para estructurar tres posiciones ideológicas (izquierda, centro y derecha) simbolizadas en los protagonistas:  tres hermanos de una misma madre; María Luisa, Frederico y Pura.

El escritor portugués nacido en Sintra se vale de una línea temporal no estrictamente cronológica ya que la novela está plagada de recurrentes flashback. De reflexiones y recuerdos que se entrelazan y que nos mueven del pasado al presente y viceversa, con un ritmo aderezado de lucidez y nostalgia. Un tono íntimo y cargado de resonancias como la letra de un fado o incluso una de esas composiciones del mejor jazz del que se intuye que es ferviente seguidor.

Pero tal y como decíamos al inicio de esta reseña, lo más destacable de la novela son las eternas contradicciones por las que se hace navegar al lector. Entre la idealización y el desencanto. Entre la mirada limpia y esperanzadora de una revolución que termina siendo contaminada por los intereses partidistas. Así, pondrá en boca del general Spínola los lamentos seudoconservadores de que había sido imposible poner en práctica la democracia por culpa de las fuerzas izquierdistas radicales que, en realidad, lo que buscaban eran nuevas formas de esclavitud.

Revolución es una de esas grandes novelas que agitan la conciencia.

Se había pasado de un obsoleto y antiguo régimen donde todos los políticos «sonaban como el cura en la misa de las siete», a los asfixiantes altavoces de un comunismo de evangelización forzosa basado en el miedo, en el terror y en el lavado de cerebro evitando cualquier tipo de discrepancia. Una ideología seguida a pies juntillas, como en el caso de María Luisa, «tan dispuesta a luchar por las masas anónimas y tan indiferente al sufrimiento de su propia familia», insensible al obligado abandono de su propia hija porque el partido está por encima de todo. La lucha es incompatible con el compromiso de ser madre.

Hugo

Gonçalves nació en Sintra en 1976

Y en todo este maremágnum de radicalizadas posturas ideológicas una figura emerge al margen de reivindicaciones codiciosamente ridículas. A ritmo de una música de jazz. El hermano menor de la familia Storm. Frederico, un moderado con pretensiones periodísticas. Un tipo calmado que permite que la sospecha germine en su interior. Que siendo amigo de la revolución observa como en vez de acabar con las clases opresoras, había quienes deseaban suplantarlas. Vilipendiado, como Ricardo Walker, por escupitajos que le tildaban de cerdo fascista o de rojo hijo de puta, precisamente por su equidistancia y su desinterés en el poder para uso personal. Siendo incluso el blanco fácil de las bromas de sus hermanas. «Pareces un espantapájaros», le dirá Pura, vinculada a la rancia derecha. «Así acaban los moderados», reafirmará María Luisa, activista de izquierda radicalizada.

Sí, la opción moderada y sincera acabará abocada a un precipicio.  Todo por culpa de una idea de libertad malinterpretada que derivará en una adicta alucinación frente al perverso mundo real.

Al fin y al cabo, es la misma historia de siempre. El cuento que la alta burguesía se tiene bien aprendido. Tal y como dijo Manuel Bravo Montalvao a su nieto, uno de esos terratenientes portugueses que dominan los poderosos negocios de la energía, «si apuestas a todos los caballos, siempre acabas ganando. Nuestro lugar está en las gradas, no corriendo en la pista».

 

Revolución, Hugo Gonçalves, Libros del Asteroide, octubre 2025, 528 páginas, 26,95 euros


EL AUTOR

F. VICENTE MANJÓN GUINEA (Madrid, 1968) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y licenciado en Criminología por la Universidad Camilo José Cela de Madrid.

Es autor del ensayo literario titulado De la literatura y las pequeñas cosas y del libro de relatos Altas miras. Como novelista, ha publicado Una lluvia fina mentirosa y Con tal de verte reír.

Editor y escritor del blog de artículos Memoria de un náufrago y colaborador en el Diario Siglo XXI.

Es socio de ACE.