En Canciones de la tierra y otros poemas, Jorge Pérez Cebrián explora los límites del lenguaje y la pérdida de lo sagrado; lo hace con fe en que la belleza pueda frenar el avance del horror.
© JESÚS CÁRDENAS
Canciones de la tierra y otros poemas, nuevo poemario de Jorge Pérez Cebrián, publicado por Buenos Aires Poetry (2026) y próximo a aparecer en el sello Valparaíso, se adentra en una poesía de dimensión reflexiva, filosófica, espiritual y metalingüística. El prólogo de Santos Domínguez Ramos señala una de sus claves: la confluencia entre filosofía, religión y poesía para explorar una concepción sagrada del lenguaje. Sin embargo, el libro interroga qué puede decir todavía la poesía después de la fractura de los antiguos absolutos.
Esta tensión entre lo sagrado y su pérdida atraviesa el poemario y se vincula con los ensayos del autor (Una mano al otro lado de la ventana, Sonámbulos Ediciones) sobre lo enigmático en la poesía. En el epílogo surge una pregunta decisiva: si la poesía no desaparece después del horror, «¿qué lugar le queda a la belleza? ¿Cómo seguir buscándola en un lenguaje que ya no aspira a lo absoluto, que no confía en el símbolo, que ha visto una y otra vez aniquilado su sentido?». La cuestión resume el conflicto del libro: cómo seguir cantando cuando la violencia y la muerte han destruido los símbolos y las certezas que antes permitían interpretar el mundo.
Canciones de la tierra y otros poemas invoca el fracaso del nombrar.
La poesía de Pérez Cebrián enlaza memoria, estética y espiritualidad, porque todas configuran una misma realidad. El poeta rechaza una belleza capaz de embellecer o anestesiar el sufrimiento y reclama una escritura que testimonie la tragedia, como sucede en Sófocles. La poesía debe horadar la realidad, desnudarla y enfrentarse a su oscuridad. Ante el abandono de los dioses y los restos de un mundo herido, el poeta aparece como una figura ritual que vela ante el desastre. El dolor se convierte así en el centro desde el que se interroga la existencia.
El poemario recorre un arco que va del origen al final, de la experiencia íntima a la violencia de la historia. El «yo» se construye frente a un «tú» que representa el vacío, mientras el cuerpo aparece sometido a las exigencias de una sociedad que ordena, clasifica y disciplina: producir, consumir, obedecer. Frente a esa maquinaria, la poesía convoca a una comunidad de excluidos, una «legión» formada por quienes han quedado fuera del relato triunfal de la historia.

Jorge Pérez Cebrián nació en Requena (Valencia) en 1996. Estudió Filosofía en la UNED y cursó también Historia del Arte
Aunque mantiene ecos de De cuánta noche cabe en un espejo y Pero nunca los huesos de las aves, sus anteriores entregas líricas, esta nueva obra introduce procedimientos cercanos a la experimentación vanguardista: ausencia de puntuación, alteraciones tipográficas, juegos entre mayúsculas y minúsculas, univerbación, recursos de la oralidad y modificaciones del ritmo. La experimentación formal establece una correspondencia entre forma y contenido, y busca devolver a la palabra su poder originario.
En Canciones de la tierra y otros poemas resuena una atmósfera arcana y sagrada. El lenguaje adquiere un valor mágico y primitivo que despoja a las palabras de sus imposturas. El objetivo es explorar los restos de la sacralidad perdida y comprobar qué aún puede contener el lenguaje. El rito, la invocación y la plegaria conviven con la conciencia de su fracaso. Incluso el abrazo, la caricia o el lenguaje pueden ser formas de fracaso: la palabra busca unir, pero también revela la imposibilidad de alcanzar plenamente al otro.
La dimensión filosófica se amplía mediante referencias mitológicas, sumerias o bíblicas. Estos materiales construyen un mosaico en el que tradición y contemporaneidad confluyen para interrogar el origen del lenguaje, el orden social, la identidad, el cuerpo y la pertenencia. El sacrificio y el ritual simbolizan una búsqueda de sentido en un mundo dominado por el vacío.
El título refleja la estructura del poemario. «Canciones de la tierra» reúne siete extensos poemas y construye una especie de epopeya que evoca a Hesíodo y su Teogonía. El libro se abre, paradójicamente, con el «FIN» («el FIN es lo que siempre está más cerca»), para avanzar después hacia un nacimiento en la palabra. El recorrido termina con un lamento. Entre ambos extremos, el individuo se enfrenta al poder, el origen y la dimensión sagrada de la existencia, mientras el poeta asume incluso la culpa de quien contempla el sufrimiento con las manos «odiosamente limpias».
En sus versos resuena una atmósfera arcana y sagrada.
En «Otros poemas», diez composiciones y un epílogo profundizan en la herida de la existencia, la espera y la fractura entre ser, lenguaje y lo sagrado. Nombrar supone clasificar y, por tanto, separar: al otorgar un nombre, el ser humano delimita aquello que antes era inabarcable: «y dime el antes de los rostros / de cada cosa / de la luz / de lo ordenado y lo lleno». El lenguaje acerca las cosas, pero también las distancia: «pero entonces supimos / que el abrazo, como el lenguaje o / la caricia / es otra forma de fracaso». Por eso, el poeta intenta liberar a las cosas de sus nombres y recuperar, mediante la poesía, una relación más inmediata con ellas.
Esta reflexión alcanza también la identidad. Saber nombrar el mundo no significa conocerse a uno mismo: el verdadero conocimiento del nombre propio parece quedar aplazado hasta la muerte. Nombrar es simultáneamente fundar y perder lo sagrado. La palabra domestica lo desconocido, pero la poesía va —o debería ir— contra esa domesticación y devolver a la existencia su carácter violento, misterioso y sublime.
En la voz de Pérez Cebrián confluyen experimentación, simbolismo, una marcada dimensión culturalista, una poética de la meditación, un compromiso con el lector y una fuerte dimensión metalingüística.
En definitiva, Canciones de la tierra y otros poemas invoca el fracaso del nombrar. Su poesía busca mantener abierta la herida y convertir la reflexión, la introspección y la vigilia en formas de resistencia. Ante la pérdida de los antiguos universales, el poeta permanece junto a los restos de lo sagrado y trata de sostener, mediante la palabra, el vínculo con el otro. La poesía se convierte así en un ejercicio de meditación sobre la existencia, el dolor, la belleza y la muerte: un modo de atestiguar la oscuridad del mundo sin renunciar a la posibilidad, siempre frágil, de que la palabra vuelva a iluminarlo.
Canciones de la tierra y otros poemas, Jorge Pérez Cebrián, prólogo de Santos Domínguez Ramos, 2026, 86 páginas, 15,66 euros.
EL AUTOR
JESÚS CÁRDENAS (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 1973) es profesor de Lengua Castellana y Literatura. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla.
Como investigador literario, ha escrito ensayos y dado conferencias sobre Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, García Lorca, Pier Paolo Pasolini… Como crítico literario colabora con reseñas en diferentes revistas literarias.
Hasta la actualidad es autor de los libros de poemas: La luz de entre los cipreses (Sevilla, 2012), Mudanzas de lo azul (Madrid, 2013), Después de la música (Madrid, 2014), Sucesión de lunas (Sevilla, 2015), Los refugios que olvidamos (Sevilla, 2016), Raíz olvido, en colaboración con Jorge Mejías (Sevilla, 2017), Los falsos días (Granada, 2019) y Desvestir el cuerpo (Madrid, 2023). Es socio de ACE.



