En Almisdaé (La Cabaña del Loco), Alberto Rizzo (Barcelona, 1981) compone un drama rural de corte lorquiano en torno a la pérdida de la identidad, la muerte en vida quien queda anulado por los demás.
© EUGENIA KLÉBER
El otoño de 2009, tras pocos meses de poner en marcha su propia compañía[1] y habiendo ya iniciado los trámites para la creación de un nuevo festival —el Festival MUTIS—, un todavía estudiante universitario, Alberto Rizzo, crea Almisdaé a partir de una idea que bien podría merecer su propio ensayo. La pieza se estrenó el 11 de febrero de 2010 en la Facultad de Arquitectura de Barcelona y, desde entonces, se ha puesto en escena en otras universidades y teatros de España, Portugal y Francia con diferentes compañías y elencos. Este 2024 el libro verá la luz gracias a La cabaña del loco.

Edita La Cabaña del Loco
Almisdaé es un nombre de cuento oriental que evoca la pérdida de identidad del personaje, su voluntaria muerte en vida, su sacrificio en aras de un primer, tumultuoso y único amor. A pesar del rechazo del amado acepta la maldición de vivir cerca pero oculta, mugrienta, invisible, sin derechos, depositaria de injurias y violencia por parte de la otra, la rival, para quien ha pasado a ser la sierva, la cerda, la inútil, la fealdad y el asco personificados. Es un personaje de fábula, de cuento cruel, que como en los cuentos de hadas se encuentra bajo un maleficio que el lector/espectador va descubriendo a través de un juego de veladuras y espejos.
En un tiempo pasado, La Joven y El Zagal son los personajes iniciales de un trío amoroso al que se suma una envidiosa y sibilina Prima. En un tiempo futuro, otro tipo de triángulo, más posesivo y envenenado lo protagonizan La Señora y El Marido —personificaciones ambos del hastío, la mentira, el poder, los celos y el desengaño— siendo la tercera en discordia una incómoda Almisdaé. A diferencia de los jóvenes el matrimonio vive en el reproche, en lo material y para lo material, vigilantes, al acecho de sus respectivas palabras y movimientos, mientras que Almisdaé vive en la ciénaga de la oscuridad y la inmundicia, oculta bajo ropas negras que cubren su rostro y su cuerpo, envejecida, enferma. Aun así, mantiene la pureza de sus sentimientos, la idealización del amado que descarga su impotencia y su ira en su débil cuerpo, como si ella no viera o no se permitiera ver la verdadera calaña de él, su degradación moral.
En el pasado La Joven cantaba, el Zagal tenía sueños, la Prima maquinaciones; en el futuro La Señora tiende cadenas de oro a un Marido que sólo se siente existir lejos de su influjo, mientras que a Almisdaé le han prohibido la voz. Incluso cuando amenazan con echarla, suplica que le permitan quedarse, que será una sombra pegada al muro. Cabe preguntarse si la convivencia con el amado no habría dado un giro al obcecado lirismo sentimental de la protagonista. El día a día de La Señora y El Marido, vulgar y obsceno, ha acabado con cualquier atisbo de emoción romántica y/o erótica entre ellos. Algo que contrasta con la feliz pareja que representan el Zagal y la Joven, y sus infaustos votos de amor eterno:
—El Zagal: ¿Y qué harías si yo muriera?
—La Joven: Nada.
—El Zagal: ¿Nada?
—La Joven: Nada. Hasta morir de hambre.
—El Zagal: ¿Y si me mandaran a la guerra?
—La Joven: Te seguiría a filas.
—El Zagal: ¿Y si…? /
—La Joven: Estar contigo siempre, siempre, aunque tú no quisieras.
Escena cuarta del Acto II
¿Desea Almisdaé ser liberada de la maldición? Todo ser encerrado durante años le teme al exterior, a lo que pueda haber fuera de su madriguera, le asusta por olvidado, por desconocido. Liberarse de las ropas informes y malolientes, des-velarse, recibir el aire y el sol en el rostro limpio, recuperar el nombre, el cuerpo, la voluntad, la voz. La palabra. El canto. ¿Es entonces su miedo el que impide que el maleficio se rompa?

Un momento de una de las representaciones del drama de Alberto Rizzo
Almisdaé nos subyuga mientras nos preguntamos: ¿Hasta ese punto el amor, hasta la anulación a sabiendas? Quizá Almisdaé soñará lo contrapuesto a su vida de soledad y castigo. Castigo por amar. El sueño será su verdadera existencia, su visión mística. En su cautividad es infinitamente más feliz que su triunfante rival, aunque con una alegría fundada en un no ser para que otros sean.
Almisdaé vive en la ciénaga de la oscuridad y la inmundicia.
La obra, de cuadro único pero que se resignifica con el uso y las luces, se estructura en tres actos y tiene lugar en un espacio cuajado de sábanas blancas tendidas al sol que ocultan y transparentan a los personajes; que sugiere dobles, disfraces, recuerdos, a la vez que separa dos tiempos, dos mundos, convirtiendo en sueño —o pesadilla— alguna escena. En palabras del autor, la elección de lo rural servía para enmarcar y potenciar la historia. Yo pienso que hoy, diecisiete años más tarde, el interés del texto y su vigencia siguen intactos más allá del marco en el que se sitúe este triángulo macabro.
Releyendo la obra, me he imaginado un teatro de títeres, un libro infantil ilustrado con personajes arquetípicos: el villano, la doncella, la bruja… la pócima. El autor tiene predilección por el mundo del cuentacuentos, el malabarismo, el circo, las candilejas; por la ensoñación y una cierta melancolía —o una ternura triste—, como demostró en Carrusel.[2]
Almisdaé, Alberto Rizzo, prólogo de Jerónimo Lopez Mozo, Ed. La cabaña del loco. Logroño, 2024.
[1] La Coquera Teatro estrena su primer montaje el 22 de abril de 2009: El malentendido, de Albert Camus.
[2] La Cabaña del Loco, 2019. Carrusel es la historia de un circo itinerante que, tras un incidente, permanece varado, incapaz de seguir adelante ante una eternidad sin público.
LA AUTORA
EUGENIA KLÉBER (Barcelona, 1965) es una escritora formada en Dramaturgia y Dirección en l’Obrador de la Sala Beckett de Barcelona. Socia de la Asociación de Autoras y Autores de Teatro y de Contexto Teatral, comenzó su carrera profesional como guionista de cine obteniendo diversos reconocimientos en festivales como los de Alcalá de Henares, Cannes, Montpellier y Amsterdam. Autora de varias novelas y relatos, su obra ha sido incluida en diversas antologías internacionales. También ha recibido premios por su producción escénica tanto en España como internacionalmente: Carne de tu carne se ha llegado a representar en el Teatro Nacional de San Salvador y en el Teatro Macubá de Santiago de Cuba. Su trabajo —reconocido y celebrado en encuentros literarios, ferias y festivales— está siendo objeto de estudio académico. Kléber trasciende con una voz poética, versátil y significativa en la escena cultural contemporánea.



