La editorial Huso recupera, 35 años después, una de las novelas más ambiciosas de Manuel Rico. Se trata de una edición revisada, mejorada, de una obra que recrea una historia cercana en el tiempo, pero que corre el riesgo de quedar demasiado lejos.
© ÁNGEL BASANTA
Los filos de la noche era la segunda novela de Manuel Rico (Madrid, 1952). Su primera edición apareció en la Editorial Fundamentos en 1990. Contó con una recepción positiva en la que destacan las críticas de Pablo Corbalán y Santos Sanz Vilanueva, maestro de críticos literarios en nuestro tiempo. Y fue finalista del I Premio de Novela Feria del libro de Madrid. Ahora, más de 35 años después, la novela vuelve a las librerías en una edición «revisada, corregida y en buena medida reescrita», hasta el extremo de que su autor la considera «una novela nueva», como indica en el título (y al final) del prólogo a esta edición en Huso.
Hasta aquí llega esta breve historia editorial de Los filos de la noche, que en su primera andadura, cuando una parte de la novela española andaba perdida en cosmopolitismos resumidores de todas las superficialidades, ofrecía una oportuna recreación de la historia vivida por un grupo de jóvenes de la generación del autor en los difíciles años setenta, con el ansiado final de la dictadura y la transición a la democracia.
Ahora centrémonos en la novela publicada en 2026. Empezaré por ampliar la consideración de oportuna con la de necesaria porque se trata de la recreación de nuestra historia cercana y aún no amortizada en tiempos tan calamitosos en los que hay que luchar por lo evidente, pues acaban imponiéndose versiones manipuladas de nuestro pasado reciente construidas al servicio de poderes políticos empeñados en descalificar la Transición española.

Nuevo diseño editorial de ‘Los filos de la noche’, que se editó por vez primera en 1990, en el sello Fundamentos y vuelve, en edición revisada, en Huso Editorial
La trama de la novela comienza con la perplejidad con que el escritor Abel Miranda, retirado en un pueblo de la sierra pobre de Madrid, cerca de La Alcarria, en la provincia de Guadalajara, recibe la visita de Elia Escobar, que fue su pareja durante más de diez años (1968-1979) en el barrio madrileño de Hortaleza. Durante una noche de diálogo, entre recuerdos y reproches, desde las ocho y media de una tarde de domingo hasta el amanecer, después de las seis de la madrugada del lunes, Abel rememora aquellos diez años de lucha social y política, en laboriosa entrega a dar vida a una asociación vecinal con amigos del barrio y otros jóvenes llegados de la universidad, una revista, un cine club, propaganda ilegal y reuniones clandestinas a menudo regadas con alcohol.
Manuel Rico regala al protagonista experiencias y empeños de su propia vida.
En aquel ambiente vivieron Elia y Abel su relación amorosa, nunca completa por parte de él y al final con Elia dedicada a la pintura y con otro amante, hasta que Abel abandonó todo y se aisló en este pueblo serrano. Tales recuerdos se completan con el refugio semanal de amigos del grupo, entre los que destaca el arquitecto Luis Viana, en un caserón restaurado en Patones, donde Abel podía centrarse en su postergada vocación literaria. Hasta que, harto y confundido en su profunda contradicción entre la lucha colectiva por el cambio del país y la pasión individual por la literatura, Abel huye a este lugar para entregarse a la poesía y vivir en soledad con sus colaboraciones en la prensa. Y allí conoce a Marta, con quien vive una nueva relación amorosa.
En el extenso diálogo entre Abel y Elia afloran contradicciones y críticas entrecruzadas sobre sus años de convivencia y sus distintos modos de compromiso político-social, ella con algo de la Teresa de Marsé (Últimas tardes con Teresa, 1966), como joven universitaria de buena familia nunca del todo arraigada en las afueras de Madrid, y él como chico de barrio en lucha interior con sus incoherencias y su conciencia de culpa. Los recuerdos se extienden a la vida del grupo hasta formar un pequeño conglomerado social compuesto por jóvenes de barrio comprometidos en la lucha por la libertad y otros venidos de la universidad que ya en los albores de la democracia se replegaron en sus vidas acomodadas. Un día después, el obsesionado Luis quiere reunirlos para revivir aquellos años y todo acaba en desenlace fatal, con dos muertes en una tragedia que Abel sufre angustiado entre el sueño y la realidad.
La complejidad de la historia se intensifica por la organización constructiva de la novela y su composición fragmentaria en cuatro partes con capítulos y secuencias separadas por espacios en blanco. Esta técnica favorece la alteración de la cronología interna en una subjetiva alternancia de varios bloques temporales. Su complejidad estructural merece un análisis detenido. El narrador omnisciente cuenta en segunda persona los hechos, habla con el protagonista y descubre su pensamiento y sus rememoraciones, con intensidad emocional en su introspección psicológica, unas veces por medio del estilo indirecto libre, otras en diálogos fundidos en el tejido narrativo, y con frecuentes analepsis y algunas prolepsis en retrospecciones y anticipaciones temporales.
La novela puede enseñar a los jóvenes el esfuerzo que costó llegar a la libertad actual.
Esta estructura permite atender a varios espacios en, al menos, cuatro períodos temporales: el presente narrativo desde el que se cuenta la novela en una noche de noviembre (conversación entre Abel y Elia); su prolongación en días siguientes y (con elipsis) su final en diciembre de 1986; los más de diez años de actividad del grupo en Madrid (1968-1979); y el retiro de Abel en el pueblo arriacense durante los últimos siete años (1979-1986). Esta complejidad estructural es fruto del arduo trabajo del autor en su afán de reunir en artístico maridaje, en la misma novela, la complejidad experimental de su técnica narrativa y la realidad social explorada en su historia.
Y en su audaz empeño literario Manuel Rico ha regalado al protagonista experiencias y empeños de su propia vida, desde su formación de joven y su compromiso político-social en el barrio de Hortaleza y su trabajo de colaborador en la prensa como crítico literario hasta su condición de novelista y poeta, que aflora en el aliento poético de tantas visiones paisajísticas de la naturaleza serrana en esta ‘dolorosa’ novela de alto mérito literario cuya intriga acrecienta su interés hasta el final y que, además, puede enseñar a lectores jóvenes cuánto trabajo, esfuerzo y renuncias ha costado llegar a la libertad en nuestra democracia.
Los filos de la noche, Manuel Rico, Huso Editorial, 2026, 219 páginas, 19 euros.
EL AUTOR
ÁNGEL BASANTA (A Pastoriza, Lugo, 1950) es un escritor, profesor y crítico literario español, especializado en literatura contemporánea. Estudió Filología Románica en la Universidad de Santiago de Compostela, donde comenzó su carrera docente antes de incorporarse a la Universidad Complutense de Madrid como profesor de Didáctica de la Literatura Española. Ha desarrollado una amplia labor crítica en periódicos como ABC y El Mundo, y ha dirigido colecciones literarias para la Editorial Anaya.
También ha preparado ediciones de clásicos de la literatura española como El Lazarillo de Tormes, El Quijote o El Buscón. Su trabajo incluye numerosos estudios sobre novelistas contemporáneos españoles. En 2010 fue elegido presidente de la Asociación Española de Críticos Literarios y, desde 2015, ocupa la secretaría de la Asociación Internacional de Críticos Literarios.



