‘Plaza Mayor’: un homenaje a la poesía viva

Mientras el café Gijón se llenaba de testosterona literaria, la de los Umbral, Fernán Gómez o Luis Rosales, no muy lejos de allí, en la calle Mayor, la poeta Angelina Gatell (Barcelona, 1926 – Madrid, 2017) fundó una tertulia literaria con José Hierro, entre otros, en un acto de resistencia que solo duró cuatro años, por las presiones del régimen franquista. Su hijo, Miguel Sánchez Gatell, recuerda y da contexto a ese hito cultural, en un momento en que la obra de esta escritora comprometida vuelve a la palestra.
© MIGUEL SÁNCHEZ GATELL

Me gustaría hacer un breve retrato de Angelina Gatell como persona involucrada con la cultura de su época, lo que podríamos llamar su dimensión intelectual que culmina, al final de su primera etapa creativa, en el proyecto de la tertulia literaria Plaza Mayor, que llevó a cabo con José Hierro, Aurora de Albornoz y José Gerardo Manrique a finales de los años sesenta, concretamente entre 1966 y 1969.

Angelina se inicia en el mundo de la poesía en torno al grupo de la revista Corcel, en la Valencia de la primera posguerra. Allí había llegado con su familia en enero de 1941 desde Cataluña huyendo de la represión franquista, que había comenzado dos años antes. Conoce muy tempranamente a José Luis Hidalgo y a José Hierro[1], en una librería de viejo (Maraguat) donde ambos trabajaban, de cuya mano entrará en contacto con el círculo de Corcel.

Entrevista a Angelina Gatell Comas, 2017 | Covadonga García ...

Angelina Gatell fue también actriz de doblaje y traductora.

En ese grupo se encontraban, entre otros, los ya citados Hierro e Hidalgo y escritores como Ricardo Blasco, Jorge Campos, Pedro Caba, los hermanos Gaos y los hermanos García Luengo en torno a lo que sería, ya entrados los cuarenta, la tertulia del café El gato negro, así como alrededor de la tertulia de Francisco Ribes y María de Gracia Ifach, precisamente en los años en que Ribes está preparando su famosa Antología consultada (1952), que fue un hito importante en el desarrollo de la poesía de posguerra. Ella sería testigo del proceso de selección y edición que se siguió para el desarrollo de este proyecto.

Llama la atención que en la historiografía actual se haya desatendido de este fenómeno literario.

Como otras revistas de Valencia, Corcel era la expresión de un ambiente intelectual enraizado en la tradición liberal y en los valores progresistas de la cultura. Las revistas poéticas de posguerra tenían dos orientaciones diferenciadas, de las cuales participaban en mayor o menor medida: construir la cultura en torno a los valores de la nueva España; o reconstruirla en torno a la derrota, de la cual era legítimamente heredera la mejor literatura española de preguerra.

Sin tener una línea programática definida —el editorial del primer número dice aspirar a servir a la poesía y a la defensa de la verdad poética—, sí representó una serie de prácticas culturales orientadas en esa segunda dirección. En ese sentido, fue relativamente independiente con respecto a otras publicaciones de poesía. Hacía de puente entre la mejor tradición poética española —la del 27 pero no solo— y la nueva poesía realista, de cuño existencialista, que se estaba escribiendo en esos años. Y sin tener una poética homogénea, sí se encontraba en la órbita de la rehumanización frente a los reclamos clasicistas que otros poetas, sobre todo los adictos, reivindicaban como renovación del género.

El silencio del poeta José Hierro: ¿por qué dejó de escribir?

José Hierro, un cómplice clave en la aventura de ‘Plaza Mayor’.

Y también ejerció, en esos años tempranos de la posguerra, un papel muy saludable en la cultura española como elemento descentralizador —Corcel había nacido a finales de 1942, bastante antes que otras revistas emblemáticas como Espadaña o Proel, que tendrían una función similar— porque en su campo de influencia —entre sus suscriptores y colaboradores— no solo hubo poetas locales.

El mismo Vicente Aleixandre tuvo un fuerte ascendiente sobre Corcel, y la revista fue un nudo importante, en esos años, de contribuciones de poetas tanto del centro como de otros lugares de España que ya eran, o serían, referencias literarias, y algunas muy notables: entre otros, los ya mencionados Hierro, Hidalgo y Aleixandre[2], Enrique Azcoaga, Concha Zardoya, Carlos Bousoño[3], Dámaso Alonso, Blas de Otero, Eugenio de Nora, Gerardo Diego, Rafael Morales, y alguien tan clave como José Luis Cano, quien había llevado el mismo espíritu intelectual a Ínsula, que arranca también en esos mismos años (1946). Gullón la definiría como “casa de la resistencia cultural”. Y a la colección Adonáis de poesía. No por azar Proel e Ínsula fueron las puertas de entrada del existencialismo en España en el ámbito literario.

Tanto Hierro como ella estarán cerca de tres décadas sin publicar.

Esta misma sensibilidad cultural aflorará veinte años después en su participación en la tertulia Plaza Mayor y en su antología Con Vietnam. Las dos décadas siguientes son las más intensas y activas para Gatell y representan su primera etapa creativa (publica tres libros y escribe otros cinco), hace teatro en Valencia, frecuenta la tertulia de Ribes e Ifach, gana el premio Valencia en 1954 por su libro Poema del soldado, amplía su círculo de contactos dentro y fuera de Valencia y se traslada a Madrid. Hace crítica literaria, trabaja en TVE —y es vetada en 1963 por firmar la carta de los intelectuales dirigida al ministro de gobernación Fraga Iribarne en denuncia por la represión y las torturas del régimen a los mineros asturianos—. Ese mismo año publica su segundo libro (Esa oscura palabra). Asiste a tertulias, la de Gerardo Diego en el café Gijón, la de Aleixandre en Velintonia.

Y asiste también, en esos años, a la que dirige José Hierro en el Aula de Poesía del Ateneo de Madrid, que se llamaba también “Aula Pequeña”. Este foro, que tenía cierta reputación conflictiva, será clausurado por la censura en 1965. Pues el hecho poético era, más allá de un conjunto de textos, una red social, en el sentido originario del término, que permitía constituir un foro de pensamiento que muchas veces excedía la discusión específicamente literaria y corroboraba la función que, como literatura de testimonio, se le exigía al género.

Sobre mis propios pasos. Poesía completa Vol. I: Poesía completa Vol. I (POESIA) : Gatell, Angelina, Prólogo A.Colinas - Edición de Marta López Vilar: Amazon.es: Libros

Primer volumen de la obra poética de Gatell, editado en 2023.

Al término de lo que sería la última sesión de la tertulia, vigilada como era habitual por policías de paisano, José Hierro les comunicaría su cese y Luis López Anglada se encargará de su dirección a partir de entonces. “Mis señoritos me han despedido”, cuenta Gatell que les dijo el poeta y esa misma tarde, en compañía de unos vinos, nace la idea de Plaza Mayor que iba a ser codirigida por José Hierro, Aurora de Albornoz, José Gerardo Manrique de Lara y la misma Angelina Gatell.

Tendría lugar en la librería Abril, en la calle Arenal 18, cuya dueña, Carmina, les cedía el espacio en una sala de exposiciones que estaba en la misma librería. Cada uno de los cuatro compraron diez sillas plegables y pusieron en marcha la tertulia, que llevaba el nombre específico de Literatura y Diálogo. Las invitaciones decían: Los amigos de Plaza Mayor: José Hierro, Angelina Gatell, Aurora de Albornoz y José Gerardo Manrique de Lara invitan a Vd… y a continuación se anunciaba la lectura, o la conferencia programada para el día en cuestión.

La tertulia era habitualmente vigilada por policías de paisano.

Plaza Mayor reuniría, en el espacio de tres años y medio, a más de cincuenta escritores de varias generaciones, desde Gerardo Diego a Diego Jesús Jiménez, nacido casi medio siglo después. En este foro se celebró, según testimonio de la poeta, el primer homenaje público a Miguel Hernández, a quien ya habían reivindicado muy tempranamente las revistas de Valencia. Plaza Mayor se propuso reconstruir un espacio cultural independiente con esos mismos criterios que informaban el ambiente cultural que hemos descrito antes, desde una voluntad de reconstrucción precisamente en los años en que se estaba dando la poesía social como liquidada.

Con nombres como Vicente Aleixandre, quien inaugura la tertulia[4] en enero de 1966, Ángela Figuera, Carmen Conde, Antonio Gala, Félix Grande, Luis Rosales, Blas de Otero[5], Buero Vallejo[6], Gerardo Diego, Garciasol, Francisco Umbral, Brines, Gloria Fuertes, Concha de Marco, Ángel González… La lista es larga.

Creo que se puede hablar de recapitulación o reconstrucción -incluso de un ejercicio de memoria-, de búsqueda de espacios en los que rehabilitar un lenguaje que, para Angelina Gatell, va a entrar en crisis en su propia producción poética. Con su libro Las claudicaciones (1969), su poesía cierra un ciclo que se había iniciado con Poema del soldado y se produce un repliegue del sujeto poético.

Plaza Mayor reuniría, en el espacio de tres años y medio, a más de cincuenta escritores de varias generaciones.
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Gatell falleció a los 90 años.

Tanto Hierro como ella estarán cerca de tres décadas sin publicar, desde una actitud consciente que opta por el silencio ante un estado de cosas en el que ambos se sentían incómodos. Un silencio que, en el caso de Gatell, escenifica la imposibilidad de conjugar lo individual y lo colectivo por parte de una poética que había apostado por la esperanza y que se diluía en la renuncia y en el planteamiento culturalista de la nueva poesía sin que nada hubiera cambiado.

Cuando Angelina vuelva a la escena literaria de la mano de Bartleby, en los primeros años de este siglo, lo hará ya desde una poética de la memoria —desde una poesía concebida como intimidad histórica, en feliz definición de Marta López Vilar— que resolverá esa conciliación pendiente.

La antología Con Vietnam (1968), que no publica por razones de censura hasta que el profesor Julio Neira la rescata de los archivos de Alcalá, expresa también esa tarea de recapitulación que Plaza Mayor cumple en un contexto de fin de época. Llama la atención que en la historiografía actual se haya desatendido no ya la importancia, sino incluso la mención, de este fenómeno literario. Por Plaza Mayor pasan los nombres más representativos de la poesía española viva y algunas figuras relevantes de otros ámbitos en unas condiciones en las que no era fácil constituir este tipo de foros.

 

NOTAS

[1] A este, probablemente entre 1944 y 1946, cuando acababa de salir de la prisión de Alcalá. Al año siguiente José Hierro ganaría el premio Adonáis con su libro Alegría.

[2] Al que dedica su número doble 5-6 como homenaje con ocasión de la publicación de Sombra del paraíso (1944).

[3] Quien debuta en Corcel, inédito hasta entonces.

[4] Y estaba terminando sus Poemas de la consumación.

[5] Posiblemente leería poemas de Que trata de España (1964).

[6] Quien había estrenado recientemente El tragaluz.

 


SOBRE EL AUTOR

MIGUEL SÁNCHEZ GATELL (Madrid, 1965) es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid. En 1988 ganó el Premio Adonáis de Poesía con La soledad absoluta de la tierra (Rialp, 1989). En 1989, obtuvo una ayuda a la Creación Literaria del Ministerio de Cultura al libro Yo era un hombre pisado por la lluvia. Ha publicado los poemarios Ciudad sin puerto (Alcores, 1986), El amor y las manzanas (Endymion, 1992), Las mitades del mundo (México, UAM-Verdehalago 1998), La lucidez del número (2014) y El umbral insalvable (2021), los dos últimos en la editorial Bartleby