Jordi Carrión: «Argentina es una fábrica de mitos»

Hay escritores a los que no podemos definir, entre otras cosas porque son ellos quienes definen la literatura, obligándonos a replantearnos qué es y quiénes son ellos. No solo escriben, más bien se apoyan en la escritura, la transforman, la expanden, la trasladan. Eso, al menos, es lo que lleva haciendo Jorge Carrión desde que comenzó a escribir. Por eso ahora mismo lo podemos llamar periodista, curador, guionista, realizador, novelista, podcaster, profesor, ensayista, viajero, influencer… Seguramente se me olvidan otros nombres, pero eso no importa porque lo importante es visualizarlo como una especie de receptor y emisor de ondas. Nada orgánico ni artificial le es ajeno. Quiere entender y, consiguientemente, ayudarnos a entender los paralelismos entre la vida humana, animal, vegetal y digital, con sus acuerdos y desacuerdos con las ideas y pensamientos que producen (producimos). Lo imagino en movimiento constante, por eso a él mismo y a su obra la expresión «work in progress» les sienta tan bien.
Entre sus infinitos intereses, el viaje ocupa un lugar central. Cuando hablo de viaje no me refiero solo a cubrir distancias y atravesar desiertos, me refiero a moverse con comodidad entre el presente, el pasado y el futuro, como un viajero en el tiempo, como un astronauta perfecto. Buenos Aires. Libro de mitos (Tintablanca, 2025), en ese sentido, nos adentra en la estrecha relación de Jorge Carrión con Latinoamérica y en concreto con Argentina. El libro, no obstante, va más allá de los lazos que España establece con Latinoamérica o una ciudad con el resto del mundo; el libro tiene que ver con los lazos que la escritura establece con la literatura, la literatura con las ciudades, las ciudades con los países, los países con los mapas y los atlas, los atlas con la realidad y la imaginación… Hasta que todo desvela su misteriosa tendencia a la metamorfosis, a la simbiosis y a la neurosis.
© Texto HILARIO J. RODRÍGUEZ 

¿Cómo definirías la literatura de viajes, más allá sus múltiples transformaciones?

A esa cuestión le dediqué treinta páginas de mi tesis doctoral. Cuando después la transformé en el libro Viaje contra espacio, que publicó Iberoamericana, decidí no incluir toda esa discusión teórica, porque me parece que no lleva a ninguna parte. Hace muchísimos años, Eloy Fernández Porta se refirió a mis libros como ensayos-en-movimiento. Me gusta esa fórmula. Me interesa la literatura inquieta, que se mueve, que es un viaje, al margen de que hable o no de viajes reales. Si no te transporta mentalmente, si no te saca de tus casillas, ese libro no me interesa.

¿Qué lugar ocupa la literatura de viajes en tu obra? ¿De qué manera se vincula y se desvincula de tus obras de ficción y de tus ensayos?

El viaje lo atraviesa todo. Mis primeros libros, La brújula y Australia, traducían varios viajes de mi juventud. A partir de entonces he escrito sobre todo ficción especulativa y ensayo cultural, pero ambas líneas incluyen el movimiento, de personajes, de ideas. En Librerías y Contra Amazon, por ejemplo, escribo sobre los viajes de Roberto Bolaño por América Latina o de la psicogeografía londinense de Iain Sinclair, porque a través de ambos escritores se pueden vincular los viajes con las librerías; o de cómo la Shakespeare & Company de París inspiró City Lights en San Francisco. Y en Las huellas y Membrana todos los personajes de ficción cambian de ciudad, de país, de vida, en una geografía que ignora las fronteras; creo que son novelas cosmopolitas. Supongo que eso se debe no solo a haber viajado bastante —me siento cómodo en muchos lugares del mundo—, sino a ser hijo de inmigrantes andaluces en Catalunya y haberme preocupado siempre la condición migrante. Todo lo que escribo tiene que ver con migraciones y viajes, de personas, de conceptos, de formas narrativas, de contenidos digitales. 

Buenos Aires. Libro de mitos en una estantería de la librería La Mistral (Madrid) © José Julián Morales

Buenos Aires. Libro de mitos no es un libro de viajes, es más bien una sinfonía urbana, compuesta por múltiples voces a las que siempre sirves de contrapunto.

Uno de los problemas de la literatura de viajes convencional es su monólogo cultural. Reproduce casi siempre un esquema imperialista y anacrónico: yo, europeo, voy a América o África o a Asia o a Oceanía y te cuento lo que vi y lo que pensé. Como demostró Edward Said, además, casi siempre ves y piensas a través de los libros de los viajeros, también europeos, que fueron antes a esos mismos sitios. Y reproduces lo que ya se ha dicho. Por eso le pedí a Tintablanca que la ilustradora del libro fuera argentina (Josefina Jolly) y que me dejara invitar a escritores y escritoras de Buenos Aires. Cambiar el monólogo, en efecto, por la polifonía. Y alterar un poco la clásica verticalidad del libro de viajes, buscando una escritura más horizontal, anticolonial, en la medida de lo posible. 

La capital de Argentina es una ciudad inigualable por su cosmopolitismo, por su capacidad para absorber otras culturas, pero ante todo por su capacidad para hacerlas suyas.

Sí, es una máquina de apropiación y remezcla. La tesis del libro es que Argentina es una fábrica de mitos. Sobre todo, mitos personales, como Gardel, el Che Guevara, Evita o Borges, pero también espaciales, como Caminito, la Bombonera y la propia ciudad de Buenos Aires. Tiene un aura de leyenda que no tienen La Paz, Santiago de Chile o Montevideo, las capitales más cercanas.

Tu primera consideración al hablar sobre Buenos Aires es un recuento de los medios y las zonas por donde has entrado en la ciudad, por tierra, mar o aire, aunque la lectura y la imaginación fueron las principales.

Claro, llegué a Buenos Aires porque había leído los cuentos de Borges y Rayuela de Cortázar. La lectura provoca deseo. La había imaginado con mucha intensidad antes de subirme al primer avión. Después, como viví en Rosario, viajé por todo el país y salía cada tres meses a Uruguay, para renovar el visado de turista: fui experimentando también la llegada en autocar o en barco. La conozco, en efecto, por tierra, mar y aire. 

Haces, además, una brillante meditación sobre el parque temático Tierra Santa de Buenos Aires, que pone de relieve la tendencia al artificio de la sociedad y la literatura argentinas. Me refiero al artificio y a la reproducción, alcanzar la genialidad a partir de la imitación.  

Ese lugar es alucinante. Es una miniatura de Jerusalén, un poco cutre, pero con un mensaje muy hermoso de diálogo entre las religiones mayoritarias. Que esté en el Cono Sur es muy significativo, porque sugiere que allí no tienen miedo a ningún tipo de conversación o traducción. Son capaces de reproducir, en cartón piedra, en las orillas de la gran ciudad moderna, la gran capital del mundo antiguo. Y representar a Cristo en la Cruz junto al profeta Mahoma. En el libro hablo de otro ejemplo de esa ambición cultural, el Palacio Barolo, que en su arquitectura resume ni más ni menos que la Comedia de Dante. Eso es la obra de Borges: sin complejos, con maestría periférica, reescribe la gran literatura universal. 

¿Hasta qué punto Buenos Aires encapsula y se aparta de Argentina? ¿Hasta qué punto tu libro puede considerarse un libro sobre Buenos Aires o sobre Argentina o sobre Latinoamérica?

Los países latinoamericanos son por lo general muy centralistas. Aunque en Colombia convivan Bogotá y Medellín, en Brasil, Sao Paulo y Rio, en la mayoría la capital monopoliza la cultura del Estado. En el caso de Argentina, Buenos Aires tal vez sea el gran mito del país, pero a la vez es un mundo aparte. Su concentración contrasta con la vastedad de los territorios patagónicos o del noroeste, que es mi parte preferida del país, con sus cerros de colores y sus tradiciones indígenas. Yo he conocido Argentina, no obstante, después del Corralito, cuando se latinoamericanizó. Aun así, me parece que es una ciudad que sobre todo aspira a relacionarse conceptualmente con Europa. 

Jorge Carrion durante la presentación de Buenos Aires. Libro de Mitos en la librería La Mistral de Madrid © José Julián Morales

Buenos Aires. Libro de mitos hace visible uno de los pilares de tus otros campos de trabajo: el diálogo. De él nacen los cómics en los que intervienes, tus vídeos, las exposiciones que has comisariado, tus podcasts… ¿Es el diálogo una asignatura pendiente de la literatura de viajes?

Sin duda. Es muy fácil detectar un mal libro de viajes por la ausencia de diálogos. Viajeros que van a Estambul o Corea y no hablan con nadie. Ahora lo ves con la inteligencia artificial: gente en hoteles y aeropuertos y barcos que está leyendo la realidad que visita a través de ChatGPT y no de la observación o la conversación directas. Internet ha cambiado radicalmente el viaje. Yo tuve la suerte de viajar intensamente entre 1998 y 2005, cuando no existían ni las redes sociales.

 Tu escritura en paralelo con nueve escritores argentinos, siete de ellos bonaerenses, llama más la atención por el carácter heterodoxo de sus obras que por su origen.

Si el libro quería representar el carácter rémix de una ciudad, tenía que ser él mismo una remezcla. Al mismo tiempo, es un homenaje a muchos de mis maestros. Mi experiencia en Buenos Aires fue muy rica gracias a que allí vivían Martín Caparrós, Leila Guerriero, Beatriz Sarlo, Edgardo Cozarinsky o Graciela Speranza; y a que quisieron compartir tiempo conmigo pese a que yo era entonces muy joven y no podía aportarles gran cosa. Fueron muy generosos. El libro acabó existiendo, inesperadamente, gracias a ellos. Es una forma de darles las gracias. 

Aunque tu libro es ante todo literario y no un libro de viajes al uso, al final me parece el más idóneo para cualquiera que esté interesado en visitar Buenos Aires por primera vez o visitarla de una forma especial, al margen de los lugares comunes que dominan los viajes en general. Tus derivas y las de tus nueve cómplices (César Aira, Martín Caparrós, Edgardo Cozarinsky, Leila Guerriero, María Negroni, Pablo Katchadjan, Graciela Speranza, Francisco Garamona y Beatriz Sarlo) llevan al lector a muchos lugares obvios y también a muchos lugares íntimos que resultan sorprendentes.

Aunque sea un libro muy personal, también es la respuesta a una invitación de Manuel Mateo Pérez para una colección de libros sobre ciudades, de modo que tuve en cuenta a dos tipos de lectores: el de mis libros anteriores y el que no me conoce y quiere descubrir Buenos Aires. Por eso hablo de muchas librerías y de La Boca, pero también de la Casa Rosada o del Café Tortoni.

Este libro cierra una posible trilogía urbana, que comenzaste con Barcelona. Libro de los pasajes y Madrid. Libro de los libros. ¿Qué otras ciudades, más allá de que vayas a escribir sobre ellas o no, te llaman la atención y por qué?

Son las tres ciudades del mundo que mejor conozco. Solo podía dedicarles un libro a esas tres. Pero por supuesto hay otras fascinantes y muy literarias. Tal vez la gran ciudad de América Latina, la más compleja, las más rica, sea Ciudad de México. No me canso, obviamente, de volver a Nueva York. Hace poco estuve por tercera vez en Estambul, acompañado de mi hijo menor, y es otra metrópolis infinita. Tampoco me canso de Tokio o de Tánger. En fin, como decía, las ciudades, las lecturas y el deseo.

Buenos Aires. Libro de mitos, Jorge Carrión, con ilustraciones de Josefina Jolly, Tintablanca, 2025, 240 páginas, 34, 90 euros.


EL AUTOR

HILARIO J. RODRÍGUEZ es viajero, profesor y escritor. Ha colaborado con medios de prensa y revistas (El Estado Mental, Jotdown, ABC, La Vanguardia, Leer, Revista de Occidente, Dirigido por o Imágenes de actualidad). También ha escrito estudios sobre géneros cinematográficos, películas y directores, además de dirigir y coordinar ciclos, exposiciones y publicaciones para numerosos festivales de cine. En su obra de ficción destacan Construyendo Babel (que fue editada por primera vez en el sello Tropismos en 2004 y reeditada  por Editorial Contraseña en 2023), Mapa mudo, El otro mundo, Perder ciudades y Un astronauta perfecto, estas dos últimas obras publicadas por Newcastle, donde apareció Las desapariciones en 2022 y donde aparecerá este año Libro de las imágenes. Actualmente trabaja en un libro de viajes sobre Los Balcanes y en una novela. Su último libro publicado es El año pasado en Marienbad. Recuerdos del futuro, en la Editorial Providence.