En Vida aparte, José Carlos Rosales reúne sus «frases», como llama de modo humilde a sus aforismos y reflexiones, que apuntó entre 2012 y 2024. Mil y un disparos verbales que muestra un personaje esquivo a la convención, alérgico al lugar común, en una elegante, y poética, reivindicación del ir por libre.
© JUAN MATA
Habituados como estamos a géneros literarios nombrables y reconocibles pudiera ocurrir que el último libro de José Carlos Rosales, Vida aparte, quedara varado en el territorio de la indefinición y la ambigüedad, no siempre buenas etiquetas para un libro. Porque Vida aparte no es un libro de aforismos, aunque muchas de las frases que en él aparecen podrían figurar en cualquier antología del género («Le gustaba decir la verdad, lo que no le gustaba era oírla», «Quien grita no piensa, quien piensa no grita», «Todos queremos ser destinatarios, casi nadie quiere ser remitente»), y tampoco es un libro de poesía al uso, aunque muchas de las frases que se despliegan en él podrían ser versos de cualquier poema suyo («El agua de la lluvia camina por el suelo, se resiste a morir», «Los peces vuelan para que tú los mires»), ni es tampoco un libro narrativo, aunque leído de seguido constituye un relato acerca del devenir de la vida y el modo de entender y estar en el mundo. No es azar que el número de frases sea 1001. Es arriesgado entonces definir el libro, pues podríamos equivocarnos de etiqueta y restarle interés literario. Es, eso sí, un libro meditativo, sosegado, bello.
El propio autor proclama que es un libro de frases. Una frase es una construcción lingüística más bien modesta, casi liviana, pero en ella puede condensarse el mundo entero («Algunas frases dicen más de lo que dicen»). Todos los géneros literarios son, claro está, un encadenamiento de frases. Cambia el modo en que se suceden y enlazan. En el caso de Vida aparte podríamos hablar de frases con una existencia emancipada, aunque no aislada, pues unas conducen a otras, dialogan entre sí, progresan y retroceden, se interrogan, se dispersan y reaparecen. Son independientes pero colindantes, como los días de la semana.

Diseño editorial de ‘Vida aparte’, que publica el sello malagueño Centro Generación del 27
Hay frases que recuerdan versos de libros anteriores de José Carlos Rosales. De hecho, leyendo su poesía, construida con versos mínimos, precisos, agudos no se percibe gran diferencia. Son frases escritas con el mismo afán inquisitivo con que escribe los versos de sus poemas. Si como se declara en la portada del libro, Vida aparte se ha ido construyendo entre 2012 y 2024 podríamos suponer que algunos poemas de los libros publicados en esos años nacieron a partir de la exploración de frases semejantes a las que conforman este libro. Otras en cambio, como las presentes, pueden ser semillas de versos posibles, que permanecen a la espera, que hacen vida aparte.
El propio autor proclama que es un libro de frases.
Hay otro argumento para defender la contigüidad de toda la obra literaria de José Carlos Rosales. Algunos de los motivos poéticos diseminados en este conjunto de frases ya estaban presentes en libros y escritos anteriores: los buzos, los pasos de cebra, los mapas, los faros, la escritura… Una lectura atenta permite descubrir que mantienen sutiles afinidades entre sí, que conversan entre ellos. Tienen una vida independiente aunque no incomunicada.
De todos ellos, dos encauzan especialmente el flujo de las frases: los buzos y los pasos de cebra.
Los buzos, con su escafandra siempre puesta, son la representación metafórica de los solitarios, los que se sumergen en el silencio, los que a nadie molestan, los que aman las profundidades, los que anhelan la razón y la verdad, los que hacen vida aparte. Podría leerse Vida aparte como un tratado sobre el arte de bucear, que es una manera de observar el mundo y habitarlo con cordialidad, de caminar por él sin dañarlo, de conocerlo y darle sentido («Nómadas, enfermos, fugitivos, insomnes… Hay buzos que no saben que son buzos»). Sin olvidar que los buzos acostumbran también a bucear en los cuerpos ajenos cuando los miran, los acarician, los besan. Bucear, en palabras del autor, es oficio de poeta. No es azar que el primer libro de poemas de José Carlos Rosales se titulara El buzo incorregible.
Los pasos de cebra tienen la virtud de unir lugares y tiempos alejados, hacen amable el tránsito por la ciudad, acortan distancias, facilitan el encuentro. Los peatones se sienten en ellos a salvo, libres, acogidos («Los excluidos se refugian en los pasos de cebra»). Solo los que caminan pueden cruzarse en los pasos de cebra, solo los que se cruzan pueden hablarse o establecer vínculos. Los pasos de cebra son espacios propicios para los buzos, que son peatones absortos, amistosos, sin prisa («La lentitud del buzo, la lentitud de los peatones, la lentitud del pensamiento»). Las frases, las ideas, los poemas, son afables pasos de cebra.
El libro es el retrato de alguien fuera de sitio, que rehúye la estridencia.
Leyendo las frases de Vida aparte se descubren las marcas del proceso de la escritura, el flujo de los pensamientos que brotan en la mente del autor, la exploración que hace de las posibilidades expresivas del lenguaje («Las frases son frases porque viven aparte», «Cada frase podría ser una semilla», «Una frase sola es algo más que una frase»). Las muchas e insólitas imágenes poéticas o los hallazgos verbales que pueblan el libro no velan sin embargo lo principal: las frases del libro aspiran a mostrar un modo lúcido y sereno de practicar el civismo.
Porque esa vida aparte no se refiere solo a la experiencia de las frases, sino que se extiende a la de los seres humanos. El libro bien podría leerse entonces como el retrato de quien evita los lugares comunes, ama la luz y la discreción, se siente libre cuando pasea y cuando piensa, se muestra prudente y sigiloso, se esfuerza por discernir la verdad de la mentira, observa la realidad atentamente. Alguien que está fuera de sitio («Están fuera de sitio porque no quieren estar en cualquier sitio»), que prefiere estar sumergido («Los buzos bajan a donde nadie baja»), que permanece en tierra de nadie («No todo el mundo está donde está todo el mundo»), que rehúye la estridencia («El buzo busca lo que no hace ruido»), que hace vida aparte («Si estuvieras dentro, no verías casi nada»).
Vida aparte (2012-2024), José Carlos Rosales, Centro Generación del 27, 2026, 125 páginas, 15 euros.
EL AUTOR
JUAN MATA (Torredelcampo, Jaén, 1953) es escritor y profesor universitario. Ha publicado ensayos académicos relacionados con la promoción de la lectura y la literatura, como El rastro de la voz y otras celebraciones de la lectura (2004), Como mirar a la luna. Confesiones a una maestra sobre la formación del lector (2004) o 10 Ideas Clave. Animación a la Lectura (2008). Su variada labor literaria le ha llevado asimismo a escribir desde dramaturgias para compañías de danza contemporánea o guiones para planetarios (El Universo de Lorca, 1999) a libros de promoción de la ciencia (Las manos ven, los ojos vuelan, 2006), relatos biográficos (Apogeo y silencio de Hermenegildo Lanz, 2003), ensayos de ética para adolescentes (Al otro lado del bosque, 2023). Sus últimas publicaciones son Los ojos abiertos. Adagios (2025), libro de pensamientos, y el álbum infantil Siempre amanece (2026).



