La doble empatía poética de García Herrera

José Luis García Herrera realiza un encomiable ejercicio de empatía ajena al abrazar el espíritu de Alejandra Pizarnik y revivir su dolor en una obra que se llevó el premio de poesía Pilar Fernández Labrador y que confirma la buena salud poética del autor catalán.
© JOSÉ ANTONIO SANTANO

El poeta siempre anda a solas consigo mismo, se enfrenta al papel en blanco o a la pantalla de ordenador y descubre la nada, el espejo ante el cual se mira sin ver, si acaso, el contorno de un rostro, el silencio y la inmensa soledad, el frío y la oscuridad de la noche. Quizá si ahonda más, si se deja llevar por el instante en el que la nebulosa de la vida se asoma a ese mismo espejo, vea el caos o la desolación, la tristeza en forma de reflejo o la mismísima sombra de su espanto.

A veces ese espejo devuelve un rostro ajeno, una luz que nombra los colores de los días y las noches, el silencio que silencia la vida y muestra todo el dolor y la herida que sangra a borbotones por la página en blanco, luciérnaga en la oscuridad de la vida.

Así podría describirse a grandes rasgos la poesía contenida en la última entrega del poeta José Luis García Herrera (Esplugues de Llobregat, Barcelona, 1964), Las noches de Pizarnik, obra muy merecidamente galardonada con el X Premio Internacional de Poesía Pilar Fernández Labrador.

Tras una ya larga y fructífera trayectoria poética de José Luis García Herrera cabría destacar poemarios tales como Lágrimas de rojo niebla (1989), Los caballos de la mar no tienen alas (1999), El guardián de los espejos, Las huellas del viento, Mar de Praga (2004), La huella escrita (2007), La luz del frío, Mares de Hierba (2015), Mares de escarcha (2016) y La semilla del óxido (2017). Todos estos libros, hasta un total de 24, son aval suficiente para decir que García Herrera ha construido un edificio poético sólido en el que podemos apreciar su buen oficio de poeta.

En Las noches con Pizarnik es el dolor ajeno el hilo conductor que desde principio a fin atraviesa el poemario. Claro que existen otros elementos que complementan la búsqueda de García Herrera, su itinerario poético, solo que en esta ocasión se hiere y se duele en la otredad, los días y las noches no son suyas en exclusiva, en verdad son Las noches con Pizarnik, la gran poeta argentina, que da voz a la voz del poeta.

El dolor ajeno es el hilo conductor que atraviesa todo el poemario de García Herrera.

Como bien dice el también poeta José María Muñoz Quirós en el prólogo: «El poemario Las noches de Pizarnik es un itinerario de la búsqueda, de la presencia perdida, de misterios que nunca se resuelven de andaduras por los paraísos de la locura, de la intimidad doliente, del ocaso prematuro del ser y del existir, y su autor es un arriesgado poeta que se atreve (hermoso atrevimiento) a meterse en la piel de una de las escritoras más intensas de la poesía en castellano de los últimos lustros, la mujer que abarcó en su poetizar los infiernos de Rimbaud y las inquisiciones de los naufragios de la encrucijada del dolor y la noche».

García Herrera consigue transformarse, mutar a otro rostro, otra vida, otra existencia, otro dolor que es su dolor, como lo es la soledad, las infinitas noches con su oscuridad y su luz a la vez, la tristeza de los días, de la muerte, el vacío o la nada que ha de soportar en cuerpo y alma, que es el cuerpo y el alma de Alejandra.

García Herrera ha publicado 24 poemarios.

Sabe el poeta de los misterios, de ese abismarse en su absoluto silencio, y así poder ahondar, sentir el frío de la soledad y seguir viviendo, porque, como dice el poeta «La muerte es una cuestión de soledad». Recuerda   García Herrera «…la luz primaveral de Buenos Aires, / la voz infantil en la avenida, los pájaros / alzando el vuelo en la cercanía de tus pasos, / la sonrisa columpiándose en tu rostro / y una mano femenina enlazada a la tuya», así el poeta ya no es él sino la propia Alejandra Pizarnik, que escribe: «La herida de mis alas es honda.

En ella / caben todas las palabras que me nombran, / toda la carne que me habita. / La herida es la puerta por donde entre la muerte. / Como el viento, mi sombra pisa lo imposible».

Extraordinaria mutación que persigue la luz entre tanta oscuridad, lo que se es: «Persigo una luz pequeña, / una verdad que ilumine lo poco que soy, / que ponga al descubierto todos mis miedos, / que me abrace mi llanto / hasta que encuentre amparo / frente a esa mujer que un día fui yo».

El poeta asume, en sentido amplio, el otro yo, el yo lírico también de la poeta argentina, de su estar y ser en el mundo, y fluye por sus versos esa búsqueda de la verdad que todo poeta verdadero inicia y se mantiene constante a lo largo de los años. Es la poesía en este libro, el sentido de la escritura un dolor inextinguible, el mismo que recorre toda la obra y la cotidianidad de la propia existencia.

El poeta asume, en sentido amplio, el otro yo, el yo lírico también de la poeta argentina.

Aparte de un poema preámbulo (“El vuelo del despertar”), el poemario se estructura en tres partes: Soledad, Silencio, Muerte y El vuelo del ángel, que cierra con un gran poema, “El gran salto”, como así lo describe Muñoz Quirós en el prólogo: «En este bellísimo texto el sentimiento de huida, la presunción de la tragedia, la insinuación de lo venidero, se van deslizando con mano firme, llevando al lector de la mano del corazón, al lado del ángel que testimonia el sendero, huida hacia la oscuridad, alejamiento hacia el derrotero del cansancio de vivir ya sin mayores esperanzas. Irme, dice constantemente, alejarme de todo lo que está revelando su fidelidad con la palabra y el mundo».

García Herrera ha construido un edificio poético sólido.

Y así Pizarnik en la voz del poeta escribe: «Es mi casa el vacío, el poema en el agua, / la palabra bajo la piel, / cosida al dolor de la carne, al hueso / que sostiene el puente de las mentiras. / Irme. / Ser el vacío donde el tiempo / acude a bañarse en la ciénaga de la muerte».

Dos voces en una, fundidas en carne y espíritu, aliento de la palabra que es luz en los silencios de la existencia y brota libre y arrebatadora, crecida desde el mismo abismo de la vida hasta descender en su propia desnudez de muerte al vacío de lo absoluto.

En definitiva, Las noches con Pizarnik viene a confirmar la madurez poética de José Luis García Herrera y en el cual el lector hallará, trasmutada, la voz firme y clara de Alejandra Pizarnik, la emoción de la palabra, de la verdad más pura y dolorida de su autor, ese hondo y humano sentimiento que llega a redimirnos, a salvarnos del lobo que nos habita.

 

Las noches con Pizarnik, José Luis García Herrera, Diputación Salamanca, 2023.


 

EL AUTOR

JOSÉ ANTONIO SANTANO (Baena, Córdoba, 1957) cultiva la poesía, narrativa, ensayo y crítica literaria. Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Almería, y autor de más de veinte libros, entre los que destacan Profecía de Otoño; Exilio en Caridemo; Suerte de alquimia o Tiempo gris de cosmos, todos ellos galardonados con prestigiosos premios.

Santano es cofundador de Humanismo Solidario.