Los oscuros y dorados días de Chicote | Sobre Ava en la noche, de Manuel Vicent

El autor reseña la última novela del novelista valenciano Manuel Vicent, centrada en dos figuras cruciales de la España de los 50: Ava Gardner y el criminal José María Jarabo.
© RECAREDO VEREDAS

Manuel Vicent es uno de los mayores estilistas de nuestra lengua y lleva décadas en tal categoría. En sus mejores obras evoca, mediante imágenes y escenas unidas a una sutil información directa, entornos y ambientes muy distintos, que trasladan al lector hasta lugares que, gracias su expresividad, reconoce. Pueden ser su Valencia, Nueva York o, en este caso, el centro de Madrid durante los lejanos cincuenta. Tiene una gran capacidad sensorial: el lector no solo contempla, también toca, huele o saborea lo que cuenta.

Sus últimas obras se han centrado en personajes fundamentales de nuestro pasado, que poseen una fuerza y un carácter –para lo bueno y para lo malo- poco frecuente en nuestros tiempos, como Jesús Aguirre, La Pasionaria o Carmen Díaz de Rivera. También lo hace en esta su última novela, donde se mueve con su soltura habitual entre dos extremos unidos por su amor a la juerga. Me refiero al criminal José María Jarabo y a la actriz Ava Gardner.

En sus mejores obras evoca, mediante imágenes y escenas unidas a una sutil información directa, entornos y ambientes muy distintos, que trasladan al lector hasta lugares que, gracias su expresividad, reconoce.

Ambos representan dos polaridades, unidas gracias a un personaje central que las contempla: Ava representa a la estrella rutilante de Hollywood que se adueñó de las noches y los días de Madrid. La otra muestra a un asesino: José María Ruiz Jarabo. Un señorito psicópata que se creía invencible. Una llama al brillo, el otro a la muerte. Por el medio, como testigo de todo ello, aunque no narrador, aparece un joven que desea ser director de cine y, por el camino, se cruza tanto con la élite cinematográfica de la época –representada por Luis García Berlanga o Edgar Neville– como con la represión salvaje. Podría afirmarse que David, así se llama, representa al pueblo español, ante quien tanto Jarabo como Gardner sienten una profunda indiferencia. Es, simplemente, su campo de juegos.  Muestra clara de ello es la escena –en la que no aparece Ava Gardner sino Bette Davis– donde la diva busca carne de calidad y termina comiendo –y saboreando- lo único disponible: gatos cazados en plena calle por los miembros del rodaje.

Nos encontramos en ese mundo de los últimos cincuenta y los primeros sesenta, cuando aún se escuchaba el eco de la posguerra pero el régimen se empezaba a abrir gracias a gestos como la visita de Eisenhower, y llegaban actores de Hollywood a rodar, aprovechando los bellos escenarios, la seguridad y lo barato del precio. Entre ellas Ava, que recorrió y arrasó el país como si fuera una inmensa barra libre.

Toda España decía que la había visto, tanto a ella como a Frank Sinatra, que después abominaría de Franco, a Charlton Heston o a Tyrone Power, que murió en Madrid en pleno rodaje. No existían las redes sociales. El cine en pantalla grande era el rey de los espectáculos. Nuestros padres y abuelos recuerdan aquella época que pronto, como todo, solo quedará en la memoria colectiva, en los libros.

Gardner y Jarabo se creían por encima de la vida, pero la vida siempre pasa factura. Él  cayó frente al garrote vil y a ella frente al alcohol.

Es, sin duda, una obra nostálgica, aunque también refleje con claridad el horror en el que vivía España y cómo las celebridades se aprovechaban del espanto para disfrutar de un paraíso barato. Esa miseria queda simbolizada por la presencia del verdugo y del garrote vil, que tanto aparece en la ejecución de Jarabo como en ese verdugo cobarde que después convertiría Berlanga en su obra maestra. El contraste queda claro en frases como esta: “La noche de Madrid estaba poblada por artistas de Hollywood que eran como libélulas verdes, rojas y amarillas que sobrevuelan una oscura charca putrefacta”.

Gardner y Jarabo se creían por encima de la vida, pero la vida siempre pasa factura. Él  cayó frente al garrote vil y a ella frente al alcohol. Ambos se consideraban invencibles, pero Jarabo traspasó los límites con un asesinato múltiple, según palabras de Franco citadas por Vicent, en el que no debió haber matado a la criada. Ava tomaba España como una finca y hacía, sin descanso, lo que le placía, pero no tenía pulsiones de muerte.

Concluyendo, nos encontramos ante una novela magnífica, que  recorre los diversos estratos de una España a la vez negra y llena de glamour.

Ava en la noche. Manuel Vicent. Editorial Alfaguara. Madrid, 2020. 256 páginas, 17,95 €.


RECAREDO  VEREDAS  (Madrid, 1970) ha estudiado Derecho, Edición y Creación Literaria. Ha publicado 8 libros. El último es la recopilación de testimonios Todo es verdad (Sílex, 2020). Los que más le gustan son los más breves, los poemarios Nadar en agua helada (Bartleby, 2012) y Esa franja de luz (Bartleby, 2019), pero se siente orgulloso de toda su progenie. Incluye el ensayo No es para tanto (Sílex, 2016), la novela Deudas vencidas (Salto de Página, 2014), la colección de relatos Actos imperdonables (Bartleby, 2013) y dos obras perdidas en el espacio-tiempo: la colección de relatos Pendiente (Dilema-Escuela de Letras 2004) y el manual Cómo escribir un relato y publicarlo (Dilema-Escuela de Letras, 2006). Ha trabajado para diversas editoriales, entre las que destaca Alfaguara. Ha sido profesor en la Escuela de Letras y en Fuentetaja. Ha reseñado, entre otros medios, en Quimera, ABC, Política Exterior,  Letras Libres y Revista de Letras.