El genio arruinado que vivía en el Waldorf Astoria | Sobre “Tesla, Anatomía del genio”

Luis Martínez de Mingo novela en su última obra la atormentada y fascinante vida de uno de los grandes inventores de la Historia, Nikola Tesla.
© JOSÉ MANUEL LÓPEZ DE ABIADA

La lectura  de la última novela de Luis Martínez de Mingo me ha traído repetidas veces a la memoria el sucinto poema “De vita beata”  de Jaime Gil de Biedma, confirmándome significados de la lectura primera y lo contrario, dada su enorme polivalencia semántica. Digo lo contrario si me paro a considerar los escasos  cambios que serían precisos para “acoplarlo” al caso de Nikola Tesla:

En un joven país muy eficiente, 
algo así como América entre dos guerras 
europeas, en una metrópoli junto al mar,
tener pocas patentes registradas 
y memoria ninguna. No leer, 
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas, 
y vivir como un genio arruinado 
entre las cumbres de mi inteligencia.  

Sobre Nikola Tesla (1856-1943), inventor nacido en Croacia y fallecido en Nueva York con nacionalidad norteamericana, se han escrito docenas de libros y miles de artículos; y se han rodado varias películas y algunos documentales. Él mismo abundó en escritos y pergeñó su autobiografía. Estudió ingeniería eléctrica en la Universidad Politécnica de Graz, que entonces formaba parte del imperio austro-húngaro. El futuro “mago de la electricidad” siempre consideró que la Politécnica austríaca era su alma mater, especialmente tras su emigración a los Estados Unidos y su actividad laboral en los talleres de otro inventor (y pronto rival, amén de astuto hombre de negocios, Thomas Alva Edison, que medía el valor de las invenciones por la cuantía de dólares que rentaban y no tardó en adjudicar a su empleado europeo el degradante apelativo de “poeta científico”).

Luis Martínez de Mingo, autor de “Tesla, anatomía de un genio”

Si el uno computaba con meticulosidad los beneficios que rendía cada descubrimiento, el otro no siempre se acordaba de registrar las patentes de sus invenciones para poder percibir los beneficios y asegurar los derechos que de ellas se derivarían. (Es famosa la condonación de doce millones de dólares a Westinghouse por el inventor serbio, ignaro aún de que moriría en la ruina). Aunque Tesla no fuera inventor de la electricidad, sí se debe subrayar que contribuyó en mucho en el hallazgo de la corriente alterna y en el modo de canalizarla. Y también en el descubrimiento de la luz de neón, de los rayos X, el láser, la comunicación inalámbrica y la robótica. Además, señaló la posibilidad de aprovechar la energía en las profundidades de la tierra como fuente inagotable para cubrir las necesidades humanas sin depender del petróleo o de otros hidrocarburos. También pronosticó que los coches serían eléctricos, gracias a la posible función electrolítica.

Configurar la holografía de un genio tan original y a la vez tan pintoresco como Tesla precisa de los saberes y las habilidades de un creador versado en la confección de todos los géneros literarios.

Tesla era un personaje poliédrico y muy particular. Padecía ataques de hipersensibilidad y tenía manías y fobias que lo empujaban hasta las lindes de lo imaginable. Entre sus obsesiones figuraban el imperativo de dar de comer, proteger y curar a las palomas enfermas, cojas o derrengadas, su convicción de que recibía mensajes de los marcianos, su creencia en el espiritismo, su aracnofobia, su repugnancia a los gérmenes y microorganismos patógenos, su odio a las perlas y su huida de las mujeres con joyas.

El título de la novela (Anatomía del genio) sitúa al lector en la órbita de la teoría del genio, y ha llevado al escritor a exponer y desarrollar aspectos determinados del biografiado con carácter y estilo propios del Martínez de Mingo, ya maduro y, en este caso, sencillo y frugal. Porque no se trata aquí de una crónica o una biografía, sino de una novela de investigación que “se lanza tras la sombra del mito” (pág. 47), sin excluir las laderas umbrías que el genio “no puede controlar”, incluida la ludopatía, como leemos en la página 47:

Tesla se pasó un año entero retando a todos sus compañeros a jugar al ajedrez, a las cartas, al billar. Se convirtió en un jugador profesional, se endeudó seriamente y ya hipotecado y dependiente, recurrió a su madre […], quien cargó con todas sus deudas y le hizo superar el entuerto.

Y también es una “biografía novelada” (pág. 164), una holografía al socaire de técnicas fotográficas que focalizan e iluminan de continuo momentos y escenas de la vida del genio, a la par que se proyectan las imágenes obtenidas en la pantalla de cada página, por lo que el narrador se adjudica el papel de cronista, redactor, informador y acompañante fantasmagórico, amén de reportero imaginativo. Un cronista imaginativo que selecciona y ordena cuidadosa y cumplidamente toda la información a su alcance con ánimo de que el talento, las capacidades y las carencias del científico irradien sus luces y muestren sus sombras. Un procedimiento literario y estilístico complejo que busca en su campo artístico afinidades metafóricas (o que incluso pueda ser leído como una metáfora del proceso de la creación literaria) con el funcionamiento de la “central geodésica de vapor” descrita en la página 164, de la que entresacamos el pasaje que sigue:

Se trataba de aprovechar el calor, prácticamente inagotable, que guarda la Tierra en sus profundidades. El diseño es un ciclo continuado en el que el agua circula por un eje hasta el fondo de la prospección y retorna en forma de vapor, que puede poner en marcha una turbina. El vapor vuelve al estado de licuefacción mediante un condensador, para regresar de nuevo al punto de partida.

Configurar la holografía de un genio tan original y a la vez tan pintoresco como Tesla precisa de los saberes y las habilidades de un creador versado en la confección de todos los géneros literarios, porque el cometido requiere un largo seguimiento del personaje en sus quehaceres cotidianos para reunir la información, las referencias y los datos necesarios. Además, el escritor deberá tener muy en cuenta, en el proceso de la configuración de los rasgos y características del genio, las expectativas y las exigencias de los lectores, cuyas competencias interpretativas y realidades culturales son distintas en cada cual. Y deberá ser un experto en el arte de lograr que se pueda mantener simpre. El autor lo logra, y es que ha pasado por todos los oficios literarios: de la biografía novelada al dietario y el guión cinematográfico; de la poesía a los cuentos memorables. Su novela El perro de Dostoievski (2001) quedó finalista del Premio Nadal; su relato largo Pintar al monstruo (2008) fue galardonado con un prestigioso premio de novela corta; su primera edición (entre tanto ampliada y reeditada) del volumen de cuentos Bestiario del corazón (1999)fue clasificada por Caballero Bonald de forma concluyente (“un libro insólito de un escritor brillante”).

Si por una parte tomamos los misterios que jalonan la escurridiza personalidad del científico, poeta y, a la par, autodidacta, hombre renacentista, que hablaba 7 idiomas, y sobre todo inventor; y, por otra parte, todo lo que ya se ha escrito, discutido y filmado sobre el croata, podremos valorar lo es que lograr algo nuevo, diferente y desde ahora necesario para entender a Tesla.

La biografía de Tesla presenta paralelismos y aspectos comunes con otras obras de Martínez de Mingo, especialmente con la biografía de José Luis Borau y el relato largo sobre Francis Bacon (Pintar al monstruo), si bien, esta anatomía los aspectos biográficos del personaje están mucho más  a flor de piel. Si por una parte tomamos los misterios que jalonan la escurridiza personalidad del científico, poeta y, a la par, autodidacta, hombre renacentista, que hablaba 7 idiomas, y sobre todo inventor; y, por otra parte, todo lo que ya se ha escrito, discutido y filmado sobre el croata, podremos valorar lo es que lograr algo nuevo, diferente y desde ahora necesario para entender a Tesla.

Sería improcedente – aunque sólo fuera por razones de simetría- cerrar estas largas consideraciones sin mencionar el nombre de uno de los mayores biógrafos del siglo pasado, Stefan Zweig, en cuyas series de “grandes maestros” figura también -y en lugar preferente- Dostoievski. En esa biografía del novelista ruso del escritor austríaco (y en las de Hölderlin, Erasmo, entre otras) percibimos resonancias y analogías en la de Martínez de Mingo sobre Nikola Tesla, el genio que residió, mientras sus finanzas lo permitieron, en lujosos hoteles neoyorquinos, entre los que el Waldorf Astoria era su preferido.

Luis Martínez de MingoTesla. Anatomía del genio. Editorial Renacimiento, Espuela de Plata. Sevilla, 2018. 177 páginas, 15.90 euros.


EL AUTOR

JOSÉ MANUEL LÓPEZ DE ABIADA (Cantabria, 1945) es catedrático de Literatura Española e Hispanoamericana en la Universidad de Berna. Ha publicado numerosos trabajos de crítica literaria en revistas europeas y españolas sobre autores españoles e hispanoamericanos, como Arturo Pérez-Reverte, Roberto Bolaño o Manuel Vázquez Montalbán.