La política como una orgía sin vaselina

La nueva novela de Salvador Gutiérrez Solís (Córdoba, 1968) se adentra sin concesiones en las cloacas del poder político. Un retrato feroz de la ambición, la impostura y la corrupción moral que nada tiene que envidiar a la mejor narrativa política.
© VICENTE MANJÓN GUINEA 

Cuando uno comienza a leer el libro de Salvador Gutiérrez Solís lo primero que le viene al recuerdo es la imagen de Homer T. Crawford, protagonista de la novela El número uno, de John Doss Passos.

Crawford es el despiadado retrato es un animal político. Un tipo hecho a sí mismo y dispuesto a todo con tal de alcanzar sus fines. Gutiérrez Solís parece haber extraído el molde de la novela del escritor norteamericano publicada allá por el año 1943. Lo ha desenterrado de entre los caminos polvorientos y los pantanos cenagosos de Luisiana. Le ha quitado de los ropajes el polvo y el sudor del camino y ha configurado un personaje actualizado: Mario Mesa. A la medida de nuestros días y nuestros tiempos. Porque, como dijo Guiseppe Tomasi di Lampedusa, los tiempos cambian, aunque los fines sigan siendo exactamente los mismos.

En definitiva, los métodos siguen siendo igual de falaces, aunque con el paso del tiempo se vuelven más sofisticados, más embaucadores y maquiavélicos, hasta el punto de ser bien vistos por una ciudadanía complaciente y en ocasiones ignorante.

Edita Almuzara

La novela del escritor cordobés es una radiografía de la ambición política. Lejos, muy lejos de ese deseo idealista de mejora social y, por el contrario, cerca, muy cerca de la corrupción y la pérdida de los principios éticos. No importa el bien común. Lo único que importa es el bienestar propio, el egoísmo desaforado.

Con un lenguaje directo, que evita los excesos retóricos, Gutiérrez Solís penetra en un mundo de imposturas y mentiras confeccionado en todos y cada uno de los pasos de la codicia política del protagonista.  Un mundo sucio y fariseo marcado por la continua desconfianza. Por alianzas que no se basan en afinidades ideológicas ni lealtades, sino, única y exclusivamente, en la deshumanizada conveniencia. Sin importar, lo más mínimo, los cadáveres que se vayan dejando en el camino.

Mario Mesa es un tipo sin escrúpulos al que con tal de trepar en política no le inoportuna traicionar a sus mentores, ni contraer matrimonio con una mujer a la que no ama, animado a ello tan solo por las influencias de su padre. E igualmente, tampoco le importa renunciar a su profesión, la medicina, cuando sabe que la política es el camino hacia el éxito del dinero y del poder, aunque sea buceando continuamente en esclusas sépticas.

En la novela no se dejan de lado temas como la erótica del poder. O peor aún el abuso de autoridad sobre mujeres que tienen que soportar los apetitos sexuales de esta clase de calaña. De individuos que pretenden dar una imagen ante el telespectador y que sin embargo pueden llegar a convertirse en mezquinos pseudo violadores. «La política nacional es una orgía sin vaselina», dirá el autor.

La narración se realiza de una manera veloz, partiendo de una sospecha de chantaje por un hecho ya pasado, y emulando ese mundo de imágenes, de sensaciones a flor de piel, de fake news, de noticias que se superponen unas a otras en tan solo dos minutos, y que, con enorme albedrío, campan a sus anchas en las redes sociales.

Independientemente de ello lo importante es «ganar el relato». Esa obsesión de la propaganda a niveles extenuantes. El engaño de aquellos intelectuales orgánicos de Gramsci o el populismo de Goebbels. La pérfida intención de infiltrarse en el pensamiento de la gente a través de la televisión, de internet y de las redes sociales para hacerse con el relato, aunque este sea falso. La verdad es lo que menos importa.

Cada hecho de la narración está salpicado de actos mezquinos y menosprecios hacia los demás por ese sentimiento de poder e influencia al capitanear el liderazgo de la política. Para ello, el autor se vale de reveladoras imágenes como la de los zapatos sucios de un antiguo amigo, baratos y viejos, típicos de clase obrera, frente a sus trajes de línea diplomática o el coche con chófer que le recoge puntualmente a la puerta de su faraónica casa. No falta detalle. Como esas indemnizaciones millonarias a las que solo tienen derecho los elegidos de la casta demócrata o el nepotismo para colocar a sus allegados allá donde quiera el líder político frente al espejo de la realidad que vive el ciudadano de a pie. El sufrido autónomo que no llega a fin de mes crucificado a impuestos. Es la soberbia de la clase política frente a la humildad resignada del trabajador autónomo.

En la novela no se dejan de lado temas como la erótica del poder.

Y, sin embargo, llega un momento en que todo eso se derrumba. El protagonista comienza a revelar su miedo al fracaso, a ser alguien irrelevante. Las palpitaciones cercanas al pánico aumentan simbolizadas en un caballo interior que se encabrita y que sobresalta el alma del protagonista cada vez que los problemas le cercan más. Aquel arrogante individuo parece desfallecer, a medida que el autor del libro, poco a poco, como esas migas que Pulgarcito deposita sobre el camino, comienza a desvelar pormenores de un hecho oculto, de un supuesto crimen, de un terrible secreto que se irá evidenciando conforme el lector avanza en la lectura y recoge esas pequeñas migas de pan.

Quizá, a mi entender, hay algo que debilita la novela y es una cierta aceleración en el cierre. Así, como de la nada, surge un nuevo protagonista, un tal Genaro, en las últimas páginas del libro. Un eslabón que intenta dar coherencia a los hechos que se desarrollan vertiginosamente en el final de la novela con la intención de dar resolución a una madeja que se ha hecho demasiado grande.

Por lo demás, solo me queda una pregunta por hacerme. Si John Dos Passos se inspiró en el gobernador de Luisiana, Huey Pierce Long, para modelar su personaje Homer T. Crawford, ¿en quién se ha inspirado Salvador Gutiérrez Solís para crear a su particular Mario Mesa?

¡Hagan apuestas!

 

La estrategia del impostor, Salvador Gutiérrez Solís, XLI Premio Jaén de Novela, Editorial Almuzara, 284 páginas, 19 euros.


EL AUTOR

F. VICENTE MANJÓN GUINEA (Madrid, 1968) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y licenciado en Criminología por la Universidad Camilo José Cela de Madrid.

Es autor del ensayo literario titulado De la literatura y las pequeñas cosas y del libro de relatos Altas miras. Como novelista, ha publicado Una lluvia fina mentirosa y Con tal de verte reír.

Editor y escritor del blog de artículos Memoria de un náufrago y colaborador en el Diario Siglo XXI.

Es socio de ACE.