La lectura de Hojas secas, libro póstumo de Francisco Lucio (1933-2021) revela una poesía concebida como refugio y alimento para el hombre, contradiciendo a aquellos que consideran que los versos no sirven para nada.
© JOSÉ ANTONIO SANTANO
Del poeta extremeño Antonio Castro tomamos estos “Versos” de su libro Mientras: «No digas, por favor, que la poesía / no sirve para nada // que ya no tiene fuerzas para cambiar el mundo, / que los versos son armas caducadas, / telarañas la rima, y las metáforas / castañuelas de polvo / en el viejo desván de la nostalgia». Que nadie diga, y suscribo los versos de Castro, que la poesía no sirve para nada, que su luz no alcanza la luz del universo entero, que no se adentra en el alma de las cosas y nos hace distintos y libres a la vez, que su silencio no nos redime del horror de las guerras y nos abre las puertas de ese paraíso que todos hemos deseado en algún momento de nuestra monótona vida. Que nadie diga que con ella, la poesía, nada merece la pena y todo es abismo y desamparo.

Antología publicada en Hexis
¿Cuántas veces ha sido refugio, bálsamo y alimento para el hombre? Nada puede compararse a ese momento en el cual la poesía nos penetra con su luz deslumbradora y nos acoge en su seno y nos habla y nos sonríe y nos sosiega allá donde estemos. ¡Que nadie diga que la poesía no sirve para nada! Quien se acerca a ella lo sabe, y si además tiene la suerte de elegir el libro Hojas secas, del poeta Francisco Lucio (Roquetas de Mar, Almería, 1933-2021), publicado por la editorial Hexis, comprobará por sí mismo que, en verdad, la poesía sirve para mucho.
En este espléndido libro póstumo de Francisco Lucio se condensa toda una vida dedicada a este noble arte. Su fiel amigo y poeta también Antonio Pérez Roldán, conocedor de la obra del roquetero, en la nota preliminar escribe: «Al final de su libro A la música –publicado póstumamente, en 2022– Francisco Lucio incluyó una “Nota del autor” en la que dice, entre otras cosas, que Hojas secas es una obra “concebida a modo de diario poético y a la vez como libro de libros, que fue escrita entre noviembre de 1997 y noviembre de 2004, y que contiene 607 piezas líricas de diversa extensión».
Por circunstancias que no vienen al caso, la mayor parte de su obra no se ha conocido hasta ahora. Sin embargo, su actividad poética le ha ocupado toda su vida, de tal manera que su relación con los poetas catalanes más relevantes y su quehacer a través de los cuadernos de poesía Alandar ha sido mucha. En este sentido, Hojas secas viene a ser la “gran obra”, monumental, tanto por su calidad como por su extensión, si bien no acaba aquí su producción poética al estar todavía sin publicar otros libros en verso y en prosa, entre los que se encuentra Umbral de la muerte.
Francisco Lucio nos deja un legado poético de una relevancia y esencialidad difíciles de hallar en el panorama de la poesía contemporánea, y es aun después de su muerte que esta aseveración cobra más importancia si cabe, porque sacrificó su poesía a cambio de dar a conocer la de otros, y esa generosidad es difícil de encontrar en los tiempos que corren. Hojas secas consta de siete libros, y en cada uno de ellos refulge la palabra poética, la luz del verso y sus silencios, abierto al mundo, sin límite alguno.
En el primero de ellos homenajea a diversos poetas: Miguel Hernández, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Federico García Lorca, Claudio Rodríguez, pero es al amigo inseparable y poeta Antonio Pérez Roldán a quien responde a sus propios versos en 16 piezas extraordinarias: «Porque es leve su abrigo y su consuelo: / saber que esto es la vida y es ser hombre»; «”Pobre hombre”, dicen; “pobre”. Mas, sin dueño, / nadie tan pleno como tú, tan rico»; «Salva, lluvia, mi vida hasta la muerte; / con tu presencia sosegada, sálvame», o, «Ese ha de ser su cálido destino: / tocar un día un corazón humano».
Lucio nos deja un legado poético de una esencialidad difíciles de hallar hoy.
En el segundo libro Lucio destaca por sus piezas “Nocturnos”: «¡Noche de alas y clamor difuso, / depura en mí lo humano! ¡Si no altura, / concédeme bondad! ¡Que el signo tuyo, / resuelto en ambición de vuelo y música, / sea el signo de mi tiempo por el mundo!» y “Cuartetos”: entre ellos llama la atención este: «¡Más fútbol! La barbarie la alienación corona. / ¿No hay pueblo? Ya ha olvidado que alguna vez lo fue. / Entre cien mil humanos no advierto una persona. / Sólo veintidós sombras que piensan con el pie».
El libro tercero destaca por su aspecto cotidiano, “Las cosas cercanas” y “Prosas ferósticas” en el que con una métrica variada el poeta profundiza en los detalles hasta construir un monumento a la esencia de la poesía y la vida. En el cuarto libro Lucio se abisma en los sonidos de “La música y la noche”, con homenajes a Bach, Beethoven, Chopin, Schubert, Brahms, Purcell o Mozart, entre otros muchos: «Y mientras os saciáis de música, de paz, / de amor y de ternura, no temáis que se agote: / la fuente, con la noche, ha de seguir manando, / derramando sus aguas en medio del silencio»; pero destaca el extenso poema que dedica a los “Pobres del mundo”: «Pobres del mundo: / porque no hemos sabido / construir una mesa / redonda para todos, también para vosotros; / porque nos olvidamos, entre el lujo y el lucro, / de que todo es de todos: el aire, el agua, el trigo, / las materias nutricias del cuerpo y del espíritu (…) porque nos olvidamos de vosotros / –pobres del mundo, pobres–, perdonadnos, hermanos; / perdonadnos».

El poeta roquetero falleció a los 88 años
Del libro quinto señalo, pues continúa con “La música y la noche”, dos nuevos apartados: “Romancerillo de invierno” donde el poeta canta a la vida y el paso del tiempo, y a la tierra elemento aglutinador de su poética: «Antes era la Tierra muchas tierras», también a los desheredados; el libro sexto alude a ese itinerario diario (Dietario de octubre) en el que destaca el homenaje a su amigo Vázquez Montalbán («Ahora que has muerto / de un modo tan sencillo, / tan propio de la muerte…he cogido tus libros / de versos…») y por último, el libro séptimo, con esas “Estrofillas de abril” y “Vislumbres” cierran Hojas secas con la sensación de haber encontrado un lugar para el sosiego en un mundo tan violento: «Ven, silencio, acomódate / cerca de mí, como un maestro venerable, / y dime tu lección, bajo forma de lluvia / que baja mansamente y empapa el corazón…».
Y así hasta llegar a la “Addenda”, con un total de 120 piezas y un mismo temblor en la palabra dedicado a su amigo y poeta Pérez Roldán, y que muestra, igualmente, nuestro agradecimiento por su poesía: «Gracias por tu palabra, por todo cuanto humano / en ella se contiene y por ella se expresa…» ¡Gracias, Francisco Lucio, por habernos legado tu excelsa poesía!
Hojas secas (Ed. Antonio Pérez Roldán y José Luis Pérez Triviño), Francisco Lucio, Hexis, 2026, 508 páginas, 20,80 euros.
EL AUTOR

JOSÉ ANTONIO SANTANO (Baena, Córdoba, 1957) cultiva la poesía, la narrativa, el ensayo y la crítica literaria. Entre sus más de veinte libros publicados destacan: Silencio. Poesía 1994–2021; Trasmar; Sepulta plenitud y La luna en el olivar (Cancionero de haikus). Más información, aquí.



