‘Papeles de un verano’ o la melancolía de las expectativas incumplidas

Javier Serena regresa a 2006 para evocar los filos de una amistad marcada por las expectativas incumplidas y los riesgos de vivir en el alambre.
© RECAREDO VEREDAS

Hay novelas que se sostienen sobre lo que ocurre y otras, mucho más raras y preciosas, lo hacen sobre lo que los personajes ocultan. Papeles de un verano pertenece con determinación a la segunda especie. Javier Serena ha escrito un libro sin apenas argumento, apoyado en los personajes, y lo ha hecho sin pestañear. No hay concesiones al mercado, no hay una trama oculta esperando por si el lector se cansa. Hay un grupo amigos —Javi, Federico, Víctor, Fran—, un tiempo lejano, pero no demasiado —2006—, unas cuantas conversaciones, un ambiente moderadamente opresivo y todo lo que lo rodea. También hay un miedo, difuso, casi innombrable, que se pretende evitar, aunque se desvele en el primer párrafo, y cuya inminencia es la clave de la trama.

Javier Serena (Pamplona, 1982) es un escritor con una cultura literaria considerable y una preocupación persistente por nuestro pasado cercano, entendido no como paisaje histórico sino como genealogía de escritores. Atila, su novela sobre Aliocha Coll —aquel autor desdichado que se quitó la vida en París en 1990 y cuya obra sigue siendo un secreto a voces—, prueba que a Serena le interesan las vocaciones que se estrellan contra su propia exigencia o contra la indiferencia del mundo. Esa obsesión reaparece aquí, trasladada de la biografía ilustre a la vida común: qué le ocurre a un chico de veintitantos que decidió dedicarse al arte y va comprobando, mes a mes, que la realidad no ha firmado ese contrato.

Segunda novela de Serena en Almadía

Llama la atención hasta qué punto es una novela a destiempo, y ahí está buena parte de su valor. Por su confianza en el personaje frente al argumento, por su ritmo sin urgencia, por su idea de que una amistad merece tantas páginas, por su valiente desprecio al efecto, este libro parece más propio de los años de la Nueva Narrativa que de los nuestros, tan dominados por el gancho y por la anécdota vendible. Que además transcurra hace exactamente veinte años no es una coquetería nostálgica, sino una decisión estructural. En 2006 nadie llevaba encima un dispositivo con el que consultar a mil desconocidos cómo se llama lo que le está pasando.

Pero lo decisivo es que esto no se cuenta desde 2006. Se cuenta desde ahora, desde un presente lejano, por alguien que ha visto los veinte años que faltan y sabe en qué quedó cada cosa: qué vocaciones se cumplieron, cuáles se abandonaron sin ceremonia, qué amistades resistieron y cuáles se disolvieron por simple erosión. Ese desnivel entre lo que los personajes viven y lo que el narrador ya sabe es uno de los motores básicos del libro.

Y es también, me parece, el origen de su melancolía: la tristeza de estas páginas no está solo en los hechos, también en la voz que los ordena. El propio título apunta hacia ahí: papeles, lo que queda de una estación, lo que se relee mucho tiempo después buscando la señal que entonces no se vio. La precisión del narrador también apunta a esa madurez: «Toda esa sensación de minúscula catástrofe, o el temor de haber cometido un traspié sin más culpable que mi propia ingenuidad, se reveló una sospecha al cabo de los meses, ya en Madrid, en septiembre, cuando cada novedad parecía confirmar que la huida a Praga fue el engaño que había anticipado».

El tema central podría ser la inmadurez, pero también las expectativas incumplidas y sus consecuencias, que nunca se reparten por igual. Serena tiene la lucidez de mostrar que el desencanto no es un estado de ánimo democrático. Los amigos de la novela soportan la misma decepción, pero solo uno se rompe. Fran queda progresivamente solo dentro de un grupo que lo quiere de verdad y que aun así no sabe ayudarle. La novela se acerca a su drama sin morbo y sin sermón, como quien reconstruye un accidente para entender en qué curva empezó. También, sin duda, habla de la amistad, ese gran asunto. A los veintitantos, los amigos no son una parte de la vida: son la vida entera. La familia que uno elige para enmendar la que le tocó, el público ante el que se ensaya un personaje. Pero dentro de esa relación elegida aparecen el desarraigo, las clases sociales, la vergüenza… Serena no idealiza el vínculo ni lo denuncia: lo observa hasta el final.

A Serena le interesan las vocaciones que se estrellan contra su propia exigencia.

Hay ecos de otros narradores españoles —Gonzalo Torné, por ejemplo, por esa manera de diseccionar la conciencia sin dejar nunca de contar—, pero lo que Serena consigue es suyo: una descripción certera de lo más íntimo, de aquello que apenas nos reconocemos a nosotros mismos. Si miramos hacia el pasado también podemos encontrarnos con autores clásicos, como Henry James o, más próximo, el Bolaño de Los detectives salvajes o Javier Marías. Hay algo también de la Nouvelle Vague, incluso de autores españoles que narraron la amistad con un lenguaje similar, como Juan García Hortelano. Sean cuales sean sus influencias, consigue párrafos de un estilo memorable:

«Sopló y la nube de pétalos tenues se dispersó en el aire y Fran siguió su vuelo con la mirada elevada hacia el cielo y la nostalgia de un deseo que había pedido y se había desvanecido en un mismo impulso, por lo que todavía sin separarse de mí observó caer esa lenta lluvia de partículas como si asistiera a una derrota inevitable…».

 

Papeles de un verano, Javier Serena, Almadía, septiembre 2026, 144 páginas, 17,90 euros.


EL AUTOR

RECAREDO  VEREDAS  (Madrid, 1970) ha estudiado Derecho, Edición y Creación Literaria. Ha publicado diez libros. Incluye los poemarios Nadar en agua helada (Bartleby, 2012) y Esa franja de luz (Bartleby, 2019), el ensayo No es para tanto (Sílex, 2016), la recopilación de testimonios Todo es verdad (Sílex, 2020), las novelas Deudas vencidas (Salto de Página, 2014) y Amores torcidos (Tres Hermanas, 2021), las colecciones de relatos Actos imperdonables (Bartleby, 2013) y Pendiente (Dilema-Escuela de Letras 2004) y el manual Cómo escribir un relato y publicarlo (Dilema-Escuela de Letras, 2006). Ha trabajado para diversas editoriales, entre las que destaca Alfaguara. Ha sido profesor en la Escuela de Letras y en Fuentetaja. Ha reseñado, entre otros medios, en Quimera, ABC, Política Exterior,  Letras Libres y Revista de Letras. Su última publicación tras Vida después del sueño (Sílex, 2021), co-escrita con el editor Ramiro Domínguez Hernanz, es Soberbia (De Conatus, 2024).