Una teoría feminista intercultural de M.A. Moreta-Lara

Miguel A. Moreta-Lara nos ofrece un ensayo de crítica literaria novedoso al partir de un enfoque que combina teoría de la literatura feminista e interculturalidad literaria.
© JESÚS CAMARERO

Ideas cortas y caminos largos es un ensayo de crítica literaria de Miguel A. Moreta-Lara (Rincón, Marruecos, 1952), profesor viajero, escritor transversal y crítico de amplios espectros, no en vano ha ejercido su magisterio en España, Marruecos, Hungría y México. En este caso, se trata de un ensayo sobre un tema un tanto peculiar e infrecuente: la interculturalidad de escrituras femeninas, sin olvidar el valor aportado por las vastas referencias históricas y culturales de su autor, y su prosa siempre creativa, motivadora, reflexiva, inteligente.

Así que, junto a sus obras, desfilan por este libro autoras de distintas lenguas y culturas ─España, Alemania, Estados Unidos, Francia, México, Irlanda, Chile, Marruecos─, de las que Moreta-Lara ofrece una lectura crítica compleja (no complicada), detallista, transversal, comparatística, aliñada con buenas dosis de universalismo y humanismo: Virginia Woolf, Elena Garro, Lydie Salvayre, Cristina Cerezales, Jocelyne Laâbi, Ethel Voynich, Lina Rey, Katia Mann, Marifé Santiago, Adania Shibli, entre otras y, especialmetne, Carmen Laforet.

Edita Langre

La mayor parte de los textos está compuesta por alicatadas reseñas de obras destacadas, aunque en realidad se trate de auténticos ensayos, breves pero intensos, en los que el autor acaba encontrando siempre unas claves (antes ocultas) o descifrando algún enigma (ahora desvelado). Todo ello arroja la claridad necesaria para que los lectores vuelvan a iniciarse en la lectura de esas obras, pero en esta ocasión de un modo distinto, iluminados por un aluvión de luces provenientes de la cultura transversal y de la vasta experiencia lectora de Moreta-Lara.

De este modo, el libro viene atravesado por una ideología de lo femenino en literatura, pero sin caer en el argumento ─facilón, espurio y, por ello, falaz─ de una teoría estrábica de géneros paralelos: no se trata simplemente de definir las obras ─femeninas─ por unos componentes diferenciadores, sino de conceptuar debidamente la aportación ─femenina─ de una sensibilidad o concepción del mundo que pueda ser constructiva, atractiva, novedosa. Quizá por eso dice el propio Moreta-Lara: «Siempre he pensado que el punto de vista genérico lo cambia todo, porque, entre otras minucias, la escritura de las mujeres no clasifica, sino que desclasifica la realidad, como hace el auténtico arte».

Aquí es donde entra en funcionamiento la dimensión intercultural que subyace en toda la escritura del libro. Pero precisemos: no es que Moreta-Lara ejerza de especialista del comparatismo más avanzado, al modo de un investigador o erudito; sino que, sin perjuicio de una identidad profundamente universitaria, su percepción sensible de la literatura, su visión cosmopolita y su cultura, entretejida de mundos diferentes, le llevan por caminos críticos de una visión transversal, intensamente relacional, típica de una intertextualidad literaria y cultural, con una función desveladora de los denominadores comunes que los textos literarios comparten en la esfera intemporal y planetaria.

El libro está compuesto de reseñas que renuevan el interés hacia las autoras citadas.

La interculturalidad espontánea y natural del escritor y profesor Moreta-Lara se construye al hilo de sus lecturas, cuando los textos atraviesan el cedazo mental y sensible de sus culturas entrelazadas. Entonces es cuando puede volcarse en la escritura de sus libros y así sale a la luz el depósito de tanta escritura asimilada: las ideas brillantes ahora descubiertas, los juegos inesperados del lenguaje, los temas nuevos antes inexplorados, los hallazgos filtrados desde el porvenir. Todo ello migra de una cultura a otra, de un texto a otro, y de un lector a otro por efecto de la lectura, en original o en traducción. Al fin y al cabo, en el caso de tantos ‘profescritores’, o simplemente escritores con formación filológica, se trata de una labor asignada por la propia existencia: un filólogo culminado en escritor, o un escritor que se forma en las artes del lenguaje porque, sin duda, ya era escritor antes.

Moreta-Lara nació en Marruecos

La interculturalidad, una relación funcional impulsada desde la base del comparatismo literario, supone que los temas, los motivos, los personajes o las connivencias (viajes, traducciones) consiguen conformar un sentido de la literatura femenina, en este caso escrita por mujeres, no ya solo en el nivel diacrónico ─Moreta-Lara siempre nos aporta una cosmovisión histórica─, sino mediante una dinámica transversal, internacional, o sea, transcultural, de modo que la obra lleva consigo toda su cultura en el juego relacional. En este sentido, el ejercicio de nuestro autor se adapta bien al principio del enfoque histórico de la teoría literaria y del comparatismo, como defendía el maestro Claudio Guillén.

Tal viene a ser el espíritu que trasciende de la lectura del libro de Moreta-Lara en el espacio-tiempo intercultural de sus ensayos, y su resultado es un depósito de definiciones en una vivencia dilatada en el tiempo lectural. Por eso, en cada uno de esos ensayos, la lectura atenta y profunda, así como la interpretación abierta y fecunda, nunca pasan por alto el ejercicio de un complejo análisis contrastivo, gracias al cual otras muchas lecturas entran en juego para conformar un rico mosaico de propuestas para los lectores, entre las que destacan registros como los siguientes: estudios feministas, exilio interior, memorialismo, anarcoliteratura, autobiografía, suicidio, noventayochismo, autoficción, letraheridos, crítica de género y literaturas diversas: existencialista, epistolar, gay, fascista.

En cuanto a la parte que corresponde a Carmen Laforet en este libro, podría sintetizarse en una justa reivindicación de su autora, y de su obra: doce novelas, veinticinco cuentos, reportajes, más de cuatrocientos artículos y una rica correspondencia. Gran conocedor de su obra, Moreta-Lara considera que Nada aporta tres valores ─lenguaje poético humanista, fragmentarismo vanguardista y feminismo─ que la convierten en un clásico-moderno totalmente vigente. Además, Laforet mantuvo una relación notable con el mundo literario de su época, no se resignó a sufrir un ostracismo impuesto. Y, por supuesto ─concluye Moreta-Lara─, su obra responde a un proyecto trascendental, plasmado en un realismo social y político, tras la Guerra Civil, cuando toda promesa de libertad fue anulada violentamente por el régimen franquista.

 

Ideas cortas y caminos largos, Miguel A. Moreta-Lara, Editorial Langre, enero de 2026, 244 páginas, 18,05 euros.


EL AUTOR

JESÚS CAMARERO (1958) catedrático de la Universidad del País Vasco, ha sido docente e investigador de teoría y crítica literaria, literatura comparada y literatura francesa. Autor de obras narrativas: El monte del dragón (2004) y Expansión de los círculos (2008); de ensayo: Teoría del exceso (2025); de poesía: Sábanas de niebla (2000), Crítica de la razón impura (2003), Cosmópolis (2006) y Anástasis (2010); y de teoría literaria: El escritor total (1996), Metaliteratura (2004), Intertextualidad (2008), Michel Butor autobiographe (2010), Autobiografía: escritura y existencia (2011), La ficción metaliteraria (2014), Epistemocrítica (2015) y Narratividad y hermenéutica literaria (2017). Ha traducido a Georges Perec y Michel Butor. Premio Ciudad de Valencia de Ensayo Celia Amorós 2024. Presidente de Krelia (Asociación de Creadores Literarios de Álava).