Las puntas de iceberg del teatro de Eugenia Kléber

Un universo devastado donde el lenguaje es el último refugio. La última obra teatral de Eugenia Kléber disecciona la violencia, el deseo y la desolación con un aliento poético tan inquietante como luminoso.
© CARLOS HERRERA CARMONA

Desde el encuadre escénico que propone la autora se desprende la idea de una antesala de lo apocalíptico: vegetación sin vida o de plástico, objetos desvencijados, quebradizos; colores que se olvidaron de ser lo que eran; la basura reina, el óxido impone su ley, los insectos causan estragos. La naturaleza convulsiona: incendios, volcanes. Una isla vaciada. El sexteto que conforma el reparto parece ser el último reducto de humanidad.

Edita Mutis

Las preguntas se alzan sin remedio y sin consuelo respectivamente a medida que la naturaleza convulsiona y avanzamos en la trama: incendios, volcanes. ¿Quién o qué ha provocado esta desolación? ¿Por qué el triunfo de lo inerte? Hay presencias, sombras, personajes incorpóreos inquietantes además del reparto… hasta el aire amenaza. Niños moribundos en hospitales. El perro y el puma se pasean sin pudor por las azoteas a la hora de hablar de los abusos en la infancia, de incestos, de partos quasi demoníacos con altas dosis de desfachatez. Todo en su conjunto está aminorado por bellos trazos poéticos en parlamentos nutridos de una abundante riqueza de versos narrados que crean en quien lee/ve un imaginario terrible y hermoso a partes iguales. Es una crónica dantesca. Es palpable la maestría de la autora a la hora de manejar palabras como ungüentos o armas arrojadizas, dependiendo de quien las pronuncie. Un personaje expone: «en ocasiones generamos catástrofes sin pretenderlo».

Cuanto más nos adentramos en este espacio desolador, la conclusión puede que sea que no exista remisión alguna. Elga exclama apropiándose del rol de sacerdotisa en este ritual ante el fin del mundo que es Silenciosa sombra de un perro: «Brindemos por la miseria y la post-miseria». Es la sentencia grotesca del ser humano ante la paliza que el universo le propina. Ever, ángel exterminador o ángel de la guarda en la mente de quienes le ven o no en la realidad —¿quién sabe?— acaba mostrando su cuerpo quemado. La noche lo envuelve todo, la luz teme aparecer; fuego y llamaradas. Tal vez hemos descendido al Tártaro sin saberlo.

Arranca todo este viaje con madre e hija en modo gladiadores. Se escupen reproches de índole sexual sin pudor sobre el ruedo. Colmillos fuera. Mujeres que se abandonaron y se abandonan continuamente. Briana mete el dedo en la llaga fresca de su madre al espetarle que «no se huye de la felicidad». Pasos, amores perdidos. Hombres como bestias en sus trayectorias. Sarcasmo a raudales. Briana gana narrando su automutilación. Los tiburones harán el resto. Briana, adolescente;s Celina, estrenando los cuarenta. Son rivales. ¿Quién es más poderosa en sus relaciones con los hombres? Ambas reconocen haber bajado la intensidad en el duelo. Pero de nada servirá.

Tintes novelescos para una pieza teatral que retrata lo absurdo.

No hay acotaciones para encarar las interpretaciones. El enfoque interpretativo es libérrimo, a la manera de los textos clásicos. Cada cual que mueva a los personajes en su imaginación. Es teatro en estado puro. Elga y Ever juegan a un Dulce pájaro de juventud donde se ha rizado el rizo. Ever, vestido de blanco. ¿Pureza irónica? Elga y él hablan de una «historia de amor enterrada durante años» donde el sexo era el mandamás. Elga es definida como vampira, síntesis de sangre, sexo, deseo y alcohol. Cuatro bombas listas para dinamitar otra azotea más. Desde arriba nos narran cómo se pasean por la plaza «sombras de los muertos». Elga finiquita con un «mi corazón es una jauría y puedo morir».

Eugenia Kléber escribe novela, teatro y guion

Textos que funcionan como puntas de iceberg donde sólo alcanzamos a vislumbrar el misterio, el horror, el Maligno. Y siempre la isla, o el manglar. Valentín atrapado en su cuerpo negro y maquillado sin contemplaciones. Valentín y sus títeres. ¿O es él el títere? El clown dialoga con Ailén, criatura robada, vejada, ladrona. No se escuchan el uno al otro, pero no se dejan. Ni contigo ni sin ti. Ailén narra el abuso sufrido por el General cuando era niña. Valentín trasluce la reivindicación que, soterradamente, parece recorrer los suelos de las azoteas al decir «cansados de ser mansos, de ser víctimas». El General es nombrado en un juego a lo Buñuel donde, por primera y única vez, el sexteto es reunido por la dramaturga para compartir más desesperación y desquicie. En el juego hay un látigo y la nombrada Casa Tamala —hotel de calamidades— es el infierno dentro del infierno.

Las canciones recorren la obra a fin de reforzar la náusea existencial. Hay un amanecer en la Plaza de los Perros. Madre e hija se despiden y parece vislumbrarse un atisbo de cariño, aunque suene a postizo. La vida sigue como puede. Sensación de impotencia ante lo expuesto. Desolación.

Tintes novelescos para una pieza teatral que retrata lo absurdo de que sigamos aquí. Siembra Eugenia Kléber preguntas mediante la creación de seres despojados de herramientas que les hagan perdurar. Cerramos con la plegaria mínima de Edgar entre tanto derrumbe y perros: «Por favor, Dios, envíame a alguien a quien amar». Kléber, por ello, nos ha enviado su texto. En escena, tal vez podamos encontrarnos a nosotros mismos y saber qué estamos dejando atrás y que no tenemos intención de rescatar.

 

Silenciosa sombra de un perro, Eugenia Kléber, Ediciones Mutis, 124 páginas, 14,95 euros.


EL AUTOR

CARLOS HERRERA CARMONA (Sevilla, 1970) es licenciado en Filología Inglesa y profesor de inglés pertenece a la Generación de dramaturgos Romero Esteo. En los 90, dirige The Rover de Aphra Behn, El agua mansa y El astrólogo fingido de Calderón y Il teatro comico de Goldoni en el Taller de Teatro Clásico. Ha dirigido obras propias con su compañía Elsinor Teatro El Incorrecto, Bastardos, El perro muerde  y El tiempo no hace ruido Premio 2023 Mejor Espectáculo Teatral estreno en mayo 2024— y de J. Galcerán Palabras encadenadas. Publicaciones y lecturas dramatizadas en la Asociación de Autores de Teatro y  crítico teatral para masteatro.com. Obras del período madrileño: Misericordia, Esperando el diluvio, El señor y la señora Pit, Todo es nocturno, En la tierra desnuda: muerte y resurrección de Antonio Machado y Por culpa de los tiempos. En cuanto a temática grecolatina: Te odiaré si puedo, Sabina, La maldición de Mírtilo y Prometeo. Textos orientados a la juventud como El Stanbrook y De vez en cuando un tren o de temática LGTBI como Mandamiento.