Magris explora en Cruz del Sur el viaje como desarraigo y búsqueda, entre ensayo y narración, siguiendo a tres peculiares europeos en América. Son tres historias reales que le sirven al escritor italiano para establecer un sutil puente entre la Vieja Europa y la América indígena.
© AITOR ROMERO ORTEGA
En el prólogo de El infinito viajar, su recopilación de crónicas de viaje para el periódico italiano Corriere della Sera, Claudio Magris (Trieste, 1939) postula que existen dos tipos de viajes. El primero es el viaje circular, el viaje clásico, en el que el héroe, tras superar una serie de peripecias, regresa a casa transformado. Ítaca o el origen. El segundo, siempre según Magris, sería el viaje rectilíneo, el que conduce a ninguna parte o, si se prefiere, al fin del mundo. En Cruz del Sur (Anagrama, 2026), Magris centra su mirada literaria en este segundo tipo de exploración, en el viaje americano. Y nunca mejor dicho americano, porque lo que nos encontramos en este caso es un tríptico formado por tres nouvelles en las que tres ciudadanos europeos deciden abandonar su vida en el Viejo Continente para irse literalmente al fin del mundo, es decir a la Patagonia argentina o a la Araucanía chilena.

La obra original es de 2020
Con su particular estilo híbrido de ensayo y narración, Magris nos cuenta esas tres vidas reales, como si de tres biografías condensadas se tratara. En el primero de estos tres relatos, el más extenso y acaso el mejor, se nos consigna la vida de Janez Benigar, un ingeniero esloveno nacido en Zagreb que se traslada a la Araucanía y se casa con una mujer indígena y, tras la muerte de esta, con otra, con quien tiene una considerable cantidad de hijos. Juan Benigar, como es conocido por todos, termina convertido en una suerte de activista por los derechos de los habitantes de esa región al mismo tiempo que en un antropólogo que estudia su cultura, su lengua y sus formas de vida. Un profesor mitteleuropeo con ponche y sombrero, como se dice en algún pasaje del texto. En más de una ocasión, cuestionado por su decisión, Benigar cuestiona que la civilización occidental o europea sea eso —civilización— y que las otras culturas periféricas, como en la que él vive, sean juzgadas como salvajes.
Este primer texto, como se ha dicho, escrito con el ya característico estilo borgiano de Magris, de una gran densidad cultural, le sirve al autor para situar algunos de los temas centrales del libro. El conflicto entre civilización y barbarie, curiosamente uno de los grandes temas de la literatura argentina, entre identidad y globalización, o la cuestión del mestizaje. Entre las muchas referencias culturales que van ampliando un tapiz con múltiples y complejas resonancias, sorprende por inesperada la cita al prólogo del Martín Fierro que el jesuita Jorge Mario Bergoglio escribió en 1978. Quién años después sería conocido como el papa Francisco parecía buscar una forma de entreverar la identidad particular con una pertenencia más amplia, a la nación o la humanidad. Según el propio Magris, «Francisco aborrece los muros étnicos, pero no quiere una humanidad híbrida e indiferenciada como la de Blade Runner. Su visión es católica por excelencia, o sea, como dice la propia palabra, universal».
Magris encuentra en la historia de Benigar un meandro inesperado para discutir —o para ensayar, en el sentido original del término, más centrado en la búsqueda que en la conclusión o la explicación—, algunas de las cuestiones centrales de nuestro tiempo. Un juicio apresurado de la obra del autor de dos obras maestras contemporáneas de la literatura europea como El Danubio o Microcosmos podría llevarnos a pensar que se trata de un autor eurocéntrico. Nada más lejos de la realidad. Magris es sin duda un autor profundamente imbricado en la cultura y la sensibilidad centroeuropeas, como lo es este libro sobre tres ciudadanos europeos extraviados en el Nuevo Mundo, pero es ante todo un humanista, lo que le aleja de toda tentación de supremacismo occidental. Y eso es lo que se respira en cada página de Cruz del Sur, que se lee con esa misma gozosa voracidad con la que en la adolescencia leíamos, casi en paralelo, las enciclopedias y las novelas de Salgari.
El segundo de los relatos refiere la historia de un ciudadano francés que se proclamó Rey de Araucanía y Patagonia, en lo que por momentos parece una versión erudita y cómica (y sin sangre) de El hombre que pudo reinar, el célebre relato de Kipling. Es el más corto del libro y quizás el más intrascendente, pese a tratarse de un texto muy competente, pero que parece servir más como puente hacia el último, que mantiene el pulso del primer relato y sirve como magnífico cierre.
La obra, humanista, se sitúa en las antípodas del supremacismo occidental.
En Monjas y pingüinos se nos cuenta la peripecia de una monja salesiana turinesa, sor Angela Cruz, en Tierra de Fuego. No exento de un fino humor y aportando una serie de juegos de espejos que elevan la polisemia del texto, Magris vuelve, en la historia de la monja italiana, a algunos de los temas que vertebran el libro entero. Por ejemplo: «Los nativos, dirá sor Angela con agudeza, deben considerarse al mismo nivel que los civilizadores blancos, no iguales a ellos. Frase que lo dice todo; muy pocos han mirado a los indios de esta manera, atentos a la igualdad de derechos de las personas y, al mismo tiempo, a su peculiaridad irrepetible, a su identidad entendida como un valor». Engarzadas con el relato de la vida de sor Angela, incluye Magris una serie de reflexiones sobre el paisaje antártico y el terror blanco como objeto de fascinación, antimundo o reverso del cosmos en la obra de Edgar Allan Poe y H. P. Lovecraft, con los que el rumbo del texto se desvía un poco hacia el final para cerrarse de forma sugerente y un tanto misteriosa.
Hablamos de 158 páginas en la versión española de un libro que se publicó en Italia (Mondadori, 2020) cuando Magris contaba ya con 81 años, lo que demuestra lo en plena forma que se encuentra. La escritura de una obra tan inclasificable y monumental como El Danubio serviría para justificar sobradamente una carrera literaria entera, pero con Cruz del Sur Claudio Magris confirma que todavía tiene ganas de seguir viajando y que el territorio mítico de su Mitteleuropa es infinito porque sus tribulaciones abarcan el mundo entero.
Cruz del Sur, Claudio Magris, Anagrama, 2026, 158 páginas, 19,90 euros.
EL AUTOR
AITOR ROMERO ORTEGA (Barcelona, 1985) se formó como ingeniero industrial entre Barcelona y Lyon. Reside en Madrid desde 2012. En 2015 publicó su primera novela, Deflagración, que resultó finalista en el Festival du Premier Roman de Chambéry, dentro de la categoría de lengua española.
Ha colaborado con crónicas y ensayos en distintas revistas culturales y de viajes, entre ellas Altaïr Magazine, Negratinta y Culturamas. En Candaya, ha publicado un libro de relatos (Fantasmas de la ciudad, 2018) y una recopilación de crónicas de viaje (El arte de escribir de pie, 2023).



