La reseña destaca la riqueza lingüística, el realismo mágico y social, y el suspense en los relaos de Cada lunes de aguas, de Juan Montiel, libro reconocido con el Premio Internacional de Cuento Ignacio Aldecoa en su edición número 53.
© JESÚS CAMARERO
Hay una primera idea que ya está presente en el título del poemario de Kepa Murua (Zarautz, 1962), La voz humilde en el brillo del agua (Olé), una enorme metáfora que nombra la obra para significarla como pura transparencia: la voz en el agua, la humildad en el brillo. Si el lenguaje poético es el nivel superior de la expresión literaria, entonces la transparencia es el valor más elevado que caracteriza el contenido de estos poemas. Desde un punto de vista fenomenológico, la transparencia es lo que permite ver lo interior desde lo exterior, y viceversa, sobre todo. Pero, desde un punto de vista poético, la transparencia es la capacidad del verbo poético para poder ver a través de la misma palabra, y así poder aprehender todo el mundo, que quizá antes no existía todavía, hasta la llegada de la palabra.
Aquí, transparencia significa «aparecer a través de», significar por medio de la palabra lo que de otro modo permanecía oculto o desconocido. Pero no solo para verlo o conocerlo, sino también y sobre todo para apropiárselo, íntimamente, y de ese modo construir una realidad nueva que antes no existía, y de paso dotar al mundo de nuevas cosas, antes inexistentes, para completar su realidad, incluso más allá de lo conocido o de lo que se creía imposible. En realidad, de lo que estamos hablando es de la definición misma de la poesía.

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La transparencia no es pasiva, sino activa y efectiva, porque está ahí antes que nosotros, y luego dentro de nosotros. El brillo del agua no es solo un efecto físico de la óptica, es la imagen poética que ilumina un pensamiento alimentado de emociones, cuando, sin buscarlo, uno se encuentra con ese destello inesperado. Por eso, la transparencia es un acto trasladado desde el agua hasta el interior del ser humano ─que también es agua─, pero sobre todo es sentimiento, una dinámica de la acción que nos llega impulsada a través de los reflejos, que nos es trasladado desde unas palabras.
La transparencia es importante porque tiene que ver con la identidad: las palabras transmiten una cadena de emociones y lo que se muestra es un ser humano que representa a toda la humanidad en su conjunto. Cuando no se sabe qué es o quién es, entonces la poesía dice lo que es por boca de quien es el autor de esos poemas, que luego son de los lectores.
Hay un poema (p. 28) en el que se desvela el significado concreto del título del libro: «La voz humilde en el brillo del agua, la de los perdedores que se levantan». Ahora, aquí, ya sabemos en qué consiste la transparencia abanderada en este poemario: la resiliencia, los malheridos que a pesar del sufrimiento consiguen salir adelante. Por eso, «la voz humilde en el brillo del agua» quiere decir que el poeta, con su palabra, emerge del agua a través del brillo provocado por la luz de su destino.
El poemario resulta ser más cercano a la poesía de la experiencia que a la poesía metafísica: es más bien poesía de la vida, la que se transmite a lo largo de sus versos, un vitalismo experiencial que está asociado, en este caso, a una vivencia experimental de la naturaleza, el poeta con la naturaleza.
En todos los poemas, Murua logra que esa transparencia y la idea de la naturaleza se mezclan, y lo hacen mediante una expresión poética llana y accesible, aunque sólida en sus imágenes y significado. Como el ser humano también es naturaleza, el paisaje y el cuerpo humano aparecen vinculados: el árbol, la rama y la hoja van en ese orden, y luego «el cuerpo se entrega al amor»; al final del poema «una lágrima se sumerge en el brillo del agua» (p. 7). La vocación de transparencia y el tema de la naturaleza, ambas relacionadas, constituyen un excelente motor de la imaginación poética y, en concreto, resultan ser impulsoras de excelentes imágenes poéticas.
Incluso, más allá de la metáfora, el poemario rebosa de magníficas imágenes poéticas, que son construcciones del imaginario al servicio de la forma/expresión lírica, pero también con una intención emotiva, que resulta fundamental en el género de la poesía. Veamos algunos ejemplos: «el cabello plateado como el brillo de un hilo que cose el agua», «en un nido sin árbol nuestras ramas se enredan en el sueño», «el universo se apodera de los ojos en el bosque de la poesía», «las mujeres que cultivan la tierra con los brazos de los sueños», «el paso de las horas durante el día se ha de leer en la noche», «te espero para defenderte del olvido», «sobre el agua de la existencia me gustaría ver otros ríos», «la luz por dentro nos mira el rostro», «ningún presente es más importante que el ahora», «la amapola blanca de la memoria atraviesa la mirada», «regresar a esa parte de los huesos que no hiere».
Los poemas de Murua persiguen un fin, un objetivo, un destino.
El poemario tiene un hilo conductor, utiliza una línea temática que lo sostiene en el nivel del contenido. Pero no solo se trata de un procedimiento utilizado para escribir esos versos, se trata de algo que aflora a la superficie del poema desde lo más profundo del magma emocional del autor. Me refiero al sentimiento más elevado de la humanidad y el más importante de la creación poética: el amor. En todos los poemas aparece como un referente constante de emocionalidad positiva, nunca triste, ni solitaria, ni lejana, ni por supuesto desesperada, sino muy cercana, motivada, consciente, esperanzada, constructiva.
Así pues, el poemario que nos ofrece Kepa Murua contiene un impulso teleológico, porque sus poemas persiguen un fin, un objetivo, un destino (telos): las palabras están destinadas a algo que las aguarda, mediante una imagen presente en cada poema: el agua y la amada, el tiempo y el amor, el mundo y los sueños, incluso las mismas palabras y la poesía. Por eso, al leer el libro, se nota una especie de fuerza interior, la evidencia de un impulso que el ritmo de los versos ayuda a representar. Es un ritmo tranquilo, pero incesante, mediante el cual el poeta narra una experiencia vital y existencial cuyo vector está orientado, no ya a un futuro próximo en el tiempo, sino a una supervivencia tranquila, a una felicidad razonable.
La voz humilde en el brillo del agua, Kepa Murua, Valencia, Olé, 2026, 111 pp., 14, 42 euros.
EL AUTOR

JESÚS CAMARERO (1958) catedrático de la Universidad del País Vasco, ha sido docente e investigador de teoría y crítica literaria, literatura comparada y literatura francesa. Autor de obras narrativas: El monte del dragón (2004) y Expansión de los círculos (2008); de ensayo: Teoría del exceso (2025); de poesía: Sábanas de niebla (2000), Crítica de la razón impura (2003), Cosmópolis (2006) y Anástasis (2010); y de teoría literaria: El escritor total (1996), Metaliteratura (2004), Intertextualidad (2008), Michel Butor autobiographe (2010), Autobiografía: escritura y existencia (2011), La ficción metaliteraria (2014), Epistemocrítica (2015) y Narratividad y hermenéutica literaria (2017). Ha traducido a Georges Perec y Michel Butor. Premio Ciudad de Valencia de Ensayo Celia Amorós 2024. Presidente de Krelia (Asociación de Creadores Literarios de Álava).



