Thomas Pynchon se despide a ritmo de ‘lindy hop’

Después de doce años de silencio editorial, Thomas Pynchon vuelve a las librerías con A oscuras (Tusquets), una divertida novela sobre el ascenso del fascismo en Europa y Estados Unidos.
© REBECA GARCÍA NIETO

Edward Said observó que el estilo de algunos artistas en el ocaso de su vida se caracterizaba por la madurez, la serenidad y cierto espíritu de reconciliación. Este era el caso de Shakespeare y Sófocles. Otros, en cambio, no se aplacaban ante la proximidad de la muerte. Lejos de amainar, sus obras estaban marcadas por la oscuridad, la dificultad y las «contradicciones no resueltas». El crítico ponía como ejemplo a Henrik Ibsen, perturbador hasta el fin de sus días, y yo añadiría a Cormac McCarthy, que se despedía de sus lectores con dos novelas que los arrastraban a las turbias aguas de la locura, el incesto y la mecánica cuántica.

Pynchon, fiel a Tusquets en España

Aunque este tipo de consideraciones sobre el estilo tardío han sido criticadas por reduccionistas, pueden servirnos para situar la última novela de Thomas Pynchon (Nueva York, 1937) en relación con el resto de su obra. Hablar de trama en un libro como este no tiene mucho sentido, pero intentaré al menos delimitar el territorio en el que se mueve. Estamos en 1932 y el detective privado Hicks McTaggart recibe el encargo de encontrar a Daphne Airmont, hija del llamado «Al Capone del Queso». Daphne se ha fugado con el clarinetista de una big band y ha dejado plantado a su prometido. El caso parece rutinario, una sencilla «recogida y entrega», pero estamos hablando de Pynchon y sus novelas son un «progresivo enredarse». La proliferación de personajes y de tramas relacionadas con la mafia de Chicago, los federales, los nacionalsocialistas locales, los terroristas croatas o el Sindicato Internacional del Queso acaba haciendo difícil saber quién busca a quién y por qué.

Los escenarios, por otra parte, se suceden a gran velocidad. La acción se desplaza de Milwaukee a Nueva York, y después a Viena, Budapest o la antigua Fiume (hoy Rijeka, Croacia). Los cambios suelen producirse de forma abrupta; a veces incluso se cambia de medio de transporte sin previo aviso. Cuando el lector quiere darse cuenta, ya no sabe dónde están los personajes, cómo han llegado allí o si siguen en este mundo o en otro paralelo.

Al igual que ocurría en Contraluz, la realidad de A oscuras se caracteriza por su carácter dual (no en vano, el transatlántico donde viaja Hicks, el Stupendica, ya aparecía en aquella novela). Aquí también hay una superposición entre dos mundos, uno en acto y otro en potencia. Bajo la América de principios de los años treinta, castigada por la Gran Depresión, late otra donde el fascismo empieza a asomar la cabeza. Lo mismo ocurre con Europa. El continente surgido tras la Gran Guerra convive con el anterior al Tratado de Trianón. De hecho, parte de la novela transcurre en una suerte de territorio intermedio: la ruta motera del Trans-Trianón 2.000 «recorre el interior de esta zona oscura, situada entre la antigua y la nueva Hungría, ahora concéntricas».

Una historia de terror geopolítico disfrazada de novela negra

La fuerza centrífuga del libro nos va desplazando hasta Fiume, territorio perpetuamente en disputa y avanzadilla de lo que más tarde sería el fascismo italiano. Fiume, por cierto, era uno de los escenarios de V., su primera novela; y no es de extrañar, porque a Pynchon siempre le ha interesado la geopolítica y el fascismo es un tema recurrente en su obra. En esta ocasión, como ya hicieran Sinclair Lewis en Eso no puede pasar aquí y Philip Roth en La conjura contra América, juega con la posibilidad de una América abiertamente fascista.

La Gran Depresión fue un caldo de cultivo idóneo para el radicalismo. El propio protagonista pasó por una etapa extremista. Antes de ser detective se dedicaba a reventar huelgas y habría seguido por ese camino si un día, cuando estaba dispuesto a abrirle la cabeza a un huelguista, no hubiera ocurrido algo difícil de explicar que le obligó a cuestionarse tanto sus actos como la clase de gente para la que trabajaba. El germen del fascismo, viene a decir Pynchon, anida en el interior de cada uno y aflora cuando se dan las circunstancias adecuadas, casi siempre propiciadas por quienes saben aprovecharse de la desesperación ajena. Los paralelismos con el presente estadounidense son evidentes. Algunos lectores incluso han visto en la relación entre el Al Capone del Queso y su hija, Daphne, ecos de la relación entre Donald Trump e Ivanka.

Desde este punto de vista, está claro que Pynchon no ha perdido ni un ápice de músculo crítico. También conserva intactos su humor y su capacidad para introducir digresiones con total desparpajo. Dicho esto, en otros aspectos me ha parecido un Pynchon algo más descafeinado. En A oscuras recurre con más frecuencia al diálogo, las transiciones son más bruscas y los capítulos, más cortos. En líneas generales, el libro es más accesible que las novelas por las que es conocido y no produce tanta «disonancia cognitiva» como, por ejemplo, La subasta del lote 49 o El arco iris de gravedad.

Una despedida más que digna para una carrera literaria envidiable.

Con todo, no lo achacaría necesariamente a una pérdida de facultades. La abundancia de diálogos rápidos e irónicos y el predominio de la acción sobre la reflexión son rasgos propios del hard-boiled, la novela negra popularizada por Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Los detectives de aquellas historias solían ser pragmáticos y se caracterizaban por su cinismo, no por la profundidad de sus pensamientos. A oscuras es una parodia de ese género y el hecho de que su protagonista renuncie a indagar en el porqué de las cosas resulta coherente con la forma elegida para la novela.

También es típico de la década de 1930 el lindy hop, baile al que Hicks es muy aficionado. Pynchon inventa para la ocasión un buen número de canciones y pone a cantar y bailar a sus personajes a las primeras de cambio. El escritor vuelve así al tono de novelas como Vineland y, sobre todo, Vicio propio. Hicks McTaggart está tan a por uvas como Doc Sportello, aunque carece de su paranoia y no parece demasiado interesado en averiguar qué se cuece realmente a su alrededor.

No creo que A oscuras sea una obra maestra, como se ha dicho, pero desde luego es una despedida más que digna para una carrera literaria envidiable. Como Edward Said, prefiero a los autores que, como Henrik Ibsen o Cormac McCarthy, no claudican ni teniendo la muerte a la vuelta de la esquina. A sus ochenta y ocho años, Pynchon no renuncia a hacer una literatura de altos vuelos. No solo logra ignorar a la muerte, sino que escribe como un joven y talentoso escritor que tuviera todavía una brillante carrera por delante.

 

A oscuras, Thomas Pynchon (trad. Vicente Campos González), Tusquets, 2026, 400 páginas, 23,90 euros.


LA AUTORA

REBECA GARCÍA NIETO (Valladolid, 1977) es escritora y traductora literaria. Además, se doctoró en Psicología y es especialista en Psicología clínica.

Ha publicado cuatro novelas y la biografía Herta Müller. Una escritora con el pelo corto (Zut, 2021). Como traductora, destacan sus traducciones de William H. Gass (En el corazón del corazón del país) y Elizabeth Hardwick (Historias de Nueva York, Seducción y traición, y Herman Melville. Una biografía).

Colabora regularmente en Jot Down, Letras Libres, Cuadernos Hispanoamericanos y Revista de Libros. Es socia de ACE.