‘La plaza del Diamante’, de Mercè Rodoreda, o el espacio que anula a una mujer

El pasado 20 de enero se celebró la cuarta sesión del ciclo Maestras contemporáneas, que organizan ACE y CBA, dedicada a escritora Mercè Rodoreda, unas de las voces más valiosas de la literatura catalana y cuyo legado literario cobra con el tiempo una mayor relevancia, una mayor presencia.
Intervinieron Carme Riera y Julia Barella, moderadas por Lourdes Ventura. Puedes leer la crónica de la intervención de Riera aquí; a continuación, un resumen de la ponencia de Julia Barella.
© REDACCIÓN ACE

Tras la intervención de la académica Carme Riera, le llegó al turno a Julia Barella, filóloga, escritora, editora literaria, investigadora y  directora de la Escuela de Escritura de la Universidad de Alcalá. La moderadora, Lourdes Ventura, recordó el leit motiv de esta sesión en concreto: Maestras creadoras en el no lugar, y señaló que las mujeres se han encontrado históricamente en una suerte de vacío casi vital desde el que no han podido contar sus propias historias. «Algo que le ocurría también a Mercè Rodoreda, cuando, preguntada por su vida privada por Joaquín Soler Serrano en A fondo, se negó a hablar de ella. Rodoreda mantuvo siempre en secreto su relación con su marido y, más tarde, con su pareja del exilio», dijo Ventura.

Porque el concepto de no-lugar, formulado por Marc Augé —los malls, los aeropuertos, esos espacios aparentemente neutros—, puede trasladarse, en el caso de las mujeres, a aquellos espacios que no han podido habitar plenamente, señaló Ventura. Así, la charla de Julia Barella ilustra cómo las mujeres intentaron al menos ocupar el espacio de la literatura, y de cómo esos espacios correosos aparecen en La plaça del Diamant.

 

Identidad en retroceso

La novela, escrita en 1962 durante el exilio suizo de Rodoreda, pone de manifiesto la importancia de la conquista del espacio y de la conciencia de tener que desarrollar la identidad en un no-lugar. Así, Barella explicó cómo la identidad de la protagonista se va desplazando a lo largo de distintos espacios. «Porque la novela es, ante todo, la historia de Natalia en el barrio de Gràcia; una Barcelona que es, en realidad, muchas barcelonas. La vemos moverse por las calles, la plaza, el Park Güell, durante los últimos años de la dictadura de Primo de Rivera, la República, la Guerra Civil y la posguerra», comentó Barella.

A lo largo de ese periodo, el personaje va configurando su identidad en esos espacios —las distintas casas, los trabajos—, que para la ponente no son del todo no-lugares. En los primeros capítulos, prosiguió, Natalia aparece en las calles del barrio de Gràcia, vestida de blanco, bailando en las fiestas, conociendo a Quimet, quien en el segundo baile le cambia el nombre y la rebautiza como Colometa. A partir de esa primera pérdida de identidad, vemos cómo las calles por las que pasea hasta su matrimonio son espacios vivos, poblados, en los que ella entra y sale de las tiendas con alegría.

Pero al entrar en la primera casa todo cambia. «Una casa es para una mujer un espacio especialmente determinante: si no lo domina, acaba modificándola por dentro. Quimet decide llenar la casa de palomas, que ocupan todas las habitaciones, ensucian, hacen ruido, y se convierten en una obsesión asfixiante para Natalia», considera Barella. Una escena ilustra bien esa sensación irrespirable: la de la terraza de la casa llena también de palomas que invaden su propio espacio privado. La protagonista de la novela de Rodoreda no solo ha perdido su nombre, sino también la posibilidad de hacer suyo un espacio que le pertenecía. La propia Mercè Rodoreda lo dejó claro en un prólogo de 1993: «Yo quería una novela kafkiana, absurda, con muchas palomas; quería que las palomas ahogasen a la protagonista del principio al fin».

Julia Barella, Carme Riera y Lourdes Ventura, el pasado 20 de enero

Objetos 

Hay una escena en La plaza del Diamante que condensa la violencia íntima de la novela. Ocurre en el Park Güell, cuando Natalia confiesa que no le gustan las formas redondeadas del parque y Quimet la corrige de inmediato: si quiere ser su mujer, todo debe gustarle si a él le gusta. Poco después, en ese mismo juego, le quita un zapato y la obliga a cojear mientras lo busca. El objeto se carga así de un simbolismo que atraviesa toda la obra: la progresiva amputación de la identidad.

Un objeto, que como comentó Riera en su intervención, se emplea con maestría para canalizar pasiones humanas. Lo hará también, como explicará también Barella, con un embudo.

Volvemos a la casa. Natalia ya ha tenido un hijo, las palomas siguen multiplicándose y el clima político se enrarece. Estalla la guerra, Quimet se marcha al frente y se impone un ambiente de encierro: ella sale cada vez menos, la casa se vuelve asfixiante y en las tiendas la obligan a tomar partido. El palomar funciona entonces como un espacio de domesticación: animales libres que, acostumbrados a la seguridad, pierden todo impulso de libertad. Como Colometa, que apenas se mueve y ve cómo se diluyen su identidad y su capacidad de relación.

La plaza del diamante ilustra la importancia de la conquista del espacio.

Tras la guerra, Quimet no vuelve. Natalia trabaja como criada en una casa grande donde, pese al dinero, el espacio la oprime. Las calles y la plaza también han cambiado. Aparece Antoni, su segundo marido, y con él otro objeto simbólico: el embudo, imagen de una vida que se estrecha mientras llega el hambre.

Con Antoni, Natalia recupera su nombre y una cierta estabilidad. En la posguerra confiesa que la calle le daba miedo y que solo poco a poco fue adueñándose de la casa y de sí misma. Años después, en la boda de su hijo, agradece haber sido salvada y siente que su corazón, hasta entonces de corcho, vuelve a latir.

Queda entonces la pregunta, concluyó Julia Barella: cuando habitamos los no-lugares —aeropuertos, centros comerciales—, ¿no perdemos también algo de nuestra identidad? Rodoreda, condenada quizá al mayor de los no-lugares, un exilio en Ginebra, vivido desde la precariedad y el aislamiento, supo mucho de ello. Allí escribió La plaza del Diamante y allí hizo buena esa verdad compartida por muchos escritores: que la escritura es pertenencia.

Martes 20 de enero de 2026

– Sala Ramón Gómez de la Serna – CBA

Maestras creadoras en el no lugar. Dedicado a Mercé Rodoreda
Participaron: Carme Riera, Julia Barella
Moderó: Lourdes Ventura