Compromiso y resiliencia | «Vikinga», de Isabel Pérez Montalbán

Entre la mirada crítica, la memoria y el compromiso, el último libro de Isabel Pérez Montalbán ahonda en las claves que han guiado su trayectoria desde el primer libro. 
© FUENSANTA MARTÍN QUERO 

Desde que Isabel Pérez Montalbán publicara «Puente Romano», perteneciente a su libro Los muertos nómadas (2001), en el que la sublimación del dolor alcanza cotas elevadas de belleza lírica, hasta la edición de este último poemario, titulado Vikinga (Col. Visor de Poesía, 2020), han transcurrido diecinueve años. En «Puente Romano» cada verso y cada imagen nos dejaron una punzada muy dentro con una emoción y una expresión poética procedentes de un hecho tremendamente doloroso como fue el suicidio de su madre y las consecuencias que para una niña esto conlleva, en mitad de un contexto social muy difícil.

 

El título del libro, Vikinga, da muestra de ello, porque la autora nació y vivió esa primera etapa de la vida en un barrio obrero marginal de la ciudad de Córdoba llamado Los Vikingos. Y, aunque es malagueña de adopción, por su sangre corre todo aquel ambiente con sus carencias materiales y afectivas, y con su idiosincrasia; un microcosmo imposible de borrar, porque, como dijo Rafael Sánchez Ferlosio, «Decir que el tiempo todo lo cura, vale tanto como decir que todo lo traiciona»[1].

Vikinga obtuvo en 2019 el XLI Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla. La altura del lenguaje poético empleado avalan ese reconocimiento. Los temas abordados siguen en la misma línea de sus libros anteriores, dentro de lo que se ha venido a denominar poesía de la conciencia, corriente poética que, según Prieto de Paula, agrupa obras que «se basan en la insubordinación al statu quo socioeconómico (neoliberalismo, enajenación consumista) y a la clasicidad anestésica de la literatura»[2]. Su poesía se opone a ese sistema desde la crítica y el compromiso, pero sin olvidar que «no hay poesía crítica que no sea, ante todo, poesía. Es decir, lenguaje revelador, búsqueda de sentidos inéditos, deslumbramiento, emoción»[3].

En él la autora ha querido dejar claro al lector/a cuáles son sus mensajes con ese compromiso crítico. Desde su inconformismo con la realidad existente, este poemario no solo es una forma de catarsis, sino una necesidad de comunicación sin ambages. Por ello, apenas deja resquicio a la interpretación por parte del lector/a, limita las ambigüedades y, en la parte final del libro, incluye unas notas explicativas sobre las referencias externas que inserta en muchas de sus composiciones. La utilización de la intertextualidad y de esas referencias enriquece el poemario con alusiones a películas, obras literarias y pictóricas, canciones, y una extensa mención  de acontecimientos bélicos y políticos, y ámbitos geográficos en los que imperan o imperaron la violencia, el hambre y la iniquidad del mundo en el que vivimos. Sus vivencias personales y las injusticias y desigualdades sociales se imbrican constituyendo un todo, una cosmovisión que la hace testigo de la marginalidad, no conformándose con la función estética del poema: «La metáfora es trampa que oculta el hambre, el llanto, / el sufrimiento a secas / y un nido muy pequeño de blanquísimas plumas / que escrituran patrañas en el nombre del arte».

El discurso del libro se desarrolla en tres partes; cada una de ellas compuesta por nueve poemas, otorgándole así equilibrio al conjunto.

La primera, titulada «El alma de la viga», tiene carácter autobiográfico y pretende «mostrar la resistencia humana frente a la adversidad» (pág. 81); es decir, la resiliencia ante la misma. Se aborda la violencia sexual en el ámbito familiar («Niña clamaba libros y no sexo. / Niña soñaba playas y piscinas, / y no miedo y no frío engarzándose / desde las células a la epidermis»), también la procedencia de un barrio obrero pobre que contrapone a otro residencial ubicado en la zona norte. Contraposición entre el sur y el norte de la ciudad con similar carga simbólica que la expresada por Benedetti en «El sur también existe». En ese contexto se forja en la autora una conciencia especialmente sensible a las injusticias, trasladando la mirada del sujeto poético desde su interior hacia los otros.

La orfandad es evocada en «Hija expósita», donde se alude al suicidio de la madre como una sombra inseparable que emerge en ciertos poemas y cuya simiente encontramos en «Puente Romano». También, con una poderosa sinécdoque, en el poema «Mano», que cierra con una redundancia de la negación y de la ausencia, contundente y desgarradora: «Y mano nadie nunca no ninguna».

La segunda parte del libro, «Bellum in omnibus/Intertexto», se centra en los conflictos del mundo y sus horrendas consecuencias. No utiliza generalidades ni se arropa en abstracciones. El lenguaje  poético es intenso. Se mencionan enfrentamientos bélicos y políticos, se critica el sistema dominante basado en «intereses capitalistas», y se defiende la ideología medioambiental. Una visión de un mundo caótico, con una bipolaridad de opresores y oprimidos.

La utilización de las referencias externas y la intertextualidad se intensifican aquí, como la alusión a Hannah Arendt o a la novela de Saramago Ensayo sobre la ceguera.

Como contrapunto, Isabel trasluce su esperanza en el poema «Compromisos para el siglo XXI» mediante un itinerario de soluciones para recomponer los pedazos de este mundo: «Poner en jaque al hambre», «Sembrar el agua…» frente al desastre ecológico, «Desenfundar los sables de la justicia presa» y utilizar el poder de la palabra con ese objetivo («…Desalambrar las voces»).

El tema central de la tercera parte es el amor entre el sujeto poético y el hombre al que se dirige, con mirada poliédrica que la aleja de la forma tradicional con la que es tratado a menudo en el género lírico. De ahí el título: «Plano contraplano», expresión utilizada en el ámbito cinematográfico para definir dos planos enfrentados entre sí, concretándose en un casi continuo dirigirse al hombre amado/desamado. Las citas que abren esta parte pertenecen a las poetas feministas Gioconda Belli y Juana Castro.

Vikinga es Isabel. Pero también es rebeldía, palabra poética nacida de una profunda emoción engarzada a una ideología de la marginalidad, pensamiento que encumbra una voz poética auténtica, absolutamente libre, cuya espléndida creatividad nace de lo íntimo y de lo externo, del dolor y la esperanza, de la crítica y el compromiso; una voz que aúna poesía e intelecto. Guillermo Busutil describió a Isabel Pérez Montalbán en la presentación de El frío proletario.Antología (Visor, 2019) de la siguiente forma: «Valiente, sola, erguida, ética y con ternura, ella nos enseña que la poesía es la patria de todos los náufragos, una llave que abre las cerraduras de la memoria y el dolor a oscuras, una antorcha roja para iluminar el grito que el tiempo esconde al fondo…»[4].

Que Vikinga haya obtenido el XLI Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla implica un reconocimiento muy merecido, pero una gran poeta como es Isabel Pérez Montalbán lo es sobre todo por su escritura, por ese legado que nos deja impreso de una altísima calidad literaria que, con este libro, la consagra, sin lugar a dudas, como una de las figuras más relevantes del panorama literario actual.

NOTAS

[1] GÁMEZ MILLÁN, S. (2016). 100 filósofos y pensadores españoles y latinoamericanos. Fosbury Books.

[2] VALVERDE, A. (2020, octubre). La poesía de clase de Isabel Pérez Montalbán. El Cultural. Recuperado de:  https://elcultural.com/la-poesia-de-clase-de-isabel-perez-montalban

[3] RICO, M. (2019, julio). Crítica y emoción. Babelia. Recuperado de : https://elpais.com/cultura/2019/07/19/babelia/1563542881_082255.html

[4] BUSUTIL, G. (25 de febrero de 2019, Centro Andaluz de las Letras). Recuperado de: http://isabelperezmontalban.blogspot.com/2021/05/presentacion-de-el-frio-proletario.html

Isabel Pérez Montalbán. Vikinga. Visor. Madrid, 202o. Premio Internacional de Melilla 2020.

NOTA: La ilustración de portada del artículo es un fragmento
del lienzo de Raphael Soyen. «Escena de café».
Gentileza de Concha Rodríguez y de su web Trianarts.

LA AUTORA

FUENSANTA MARTÍN QUERO (Coín, Málaga, 1963). Poeta, narradora y articulista. Cursó estudios de Derecho. Pertenece al Grupo ALAS (Autoras por la Literatura y las Artes, de Málaga), a la Asociación Colegial de Escritores de España- Sección Autónoma de Andalucía y a la Asociación Internacional Humanismo Solidario. Ha sido incluida en la Biblioteca de Escritoras/es Andaluces (BECA), creada por ACE-A, y en la Fonoteca Española de Poesía.

Ha publicado cinco libros de poesía: La esencia hallada (2007), Interludio. Poesía escogida (2011), Las esquinas (2014), Casas de cal (2014) y Poemas de la oficina en el siglo XXI (2019), cuatro plaquettes y numerosos poemas en libros colectivos y antológicos, así como artículos, críticas literarias y varios relatos en revistas y diarios especializados. Sus versos han formado parte de diversas exposiciones de pintura y fotografía realizadas en la provincia de Málaga. Ha sido incluida en el Catálogo de Mujeres en el Arte, elaborado por el Ayuntamiento de Málaga. Medalla de Oro de las Letras de ACAMAL, año 2019, como autora del Grupo ALAS.