“Caligrafía de la necesidad” el séptimo poemario de Cecilia Quílez / Una poeta en permanente evolución

Cecilia Quílez es una poeta que desde su primer poemario publicado en 2002 ha ido evolucionando tanto en su temática como en la forma de utilizar las palabras y el lugar de las mismas. En este su último poemario de 2017, Caligrafía de la necesidad, nos encontramos con una poeta reinventada y singular.

© IDOIA ARBILLAGA

Desde su primera obra aparecida en 2002, Cecilia Quílez ha publicado siete poemarios que conforman un conjunto lírico singular, con una voz que ya le era propia y única en sus inicios, pero que el tiempo ha reportado matices de gran hondura: La Posada del Dragón fue el libro primero al que siguió en 2006 Un mal ácido, un poemario de ricas ambigüedades erigidas sobre la figura de la ecfrásis; y su acertada consecución en 2008, El cuarto día, en Calambur. En la misma editorial aparecen sus restantes libros, en 2011 Vísteme de largo, un poemario que nos ponía en contacto con verdades existenciales: la dualidad del ser, ese otro Yo que nos desarbola y enriquece, los pactos autobiográficos entre la renuncia y la osadía vital; asimismo incluía varias poéticas informales, y temas que se reiteran en su obra como la infancia, el amor y el deseo. Incluso con una mayor lucidez vertebrando el texto, apareció en 2014 La Hija del Capitán Nemo, un poemario que puede definirse como paralelo a todos los demás por su constitución formal; y en 2016 Escruturaciones, una edición limitada en la cual cada uno de sus ejemplares era único, hoy difíciles de adquirir, con una limitada serie de poemas muy breves y densos en su mayoría.

Caligrafía de la necesidad. Cecilia Quílez. Bartleby Editores. 2017

A finales de 2017, se añade de la mano de Bartelby Caligrafía de la necesidad; un libro, pues, que “nace viejo”, según establece el sociolecto editorial, esto es, ve la luz con el final del año pero se distribuye en 2018, su año de difusión natural. Y no es poca la madura sapiencia que destila el libro, un compendio de 35 poemas construidos mediante versículos temáticamente versátiles y agrupados en torno a cuatro partes: “Caligrafías”, “Cartilla de símbolos”, “Performance del ángel” y “Siglo XXI (Epílogo)”. Una estructura bien cohesionada por la circularidad que conforman las dos prosas poéticas que abren y cierran la obra, una edición que presenta líricamente desde la contracubierta el siempre acertado Alejandro Céspedes, sin duda otro gran talento de la poesía española coetánea, quien parece poseer igual instinto de sagaz crítico como de revelador poeta.

Formalmente, presenta aquí la autora un estilo que ya le era propio, pero que matiza al incluir muchas veces dos planos lírico-narrativos que coexisten, se superponen y recorren igualmente el poemario, que se desenvuelve mediante dos voces distintas y casi opuestas: de un lado la metáfora pura y críptica de tan optimo nivel de la autora, de otro desarrolla un estilo coloquial que apenas despuntaba en sus dos últimos poemarios y que en esta Caligrafía se define talentosamente, recorre parejo el texto, coexiste con ese estilo hondo y de gran imaginería de Quílez. Este afianzado estilo, casi oral y en ocasiones chusco (Una se ponía blanda/ Y chocha/ Y despatarrada), aparece y desaparece vertebrando igualmente la obra, esclarece muchos lugares temáticos e igualmente agiliza el conjunto.

Es necesario poseer un gran domino del discurso lírico para simultanear dos voces formalmente tan opuestas y hacerlo con tal naturalidad: Con un pañuelo de lágrimas y mocos /En el bolsillo interior del corazón.

Es necesario poseer un gran domino del discurso lírico para simultanear dos voces formalmente tan opuestas y hacerlo con tal naturalidad: Con un pañuelo de lágrimas y mocos /En el bolsillo interior del corazón.

Desde la prosa poética del inicio se percibe este estilo al servicio más que de la respuesta (Nunca dejaré de preguntarme/ Para quiénes sirven las respuestas), de la pregunta; esta prosa se articula en torno a oraciones interrogativas coordinadas que presentan una sucesiva alternancia de imágenes que funcionan como metáforas puras. Las dos oraciones finales de la prosa enmarcan semánticamente el libro, en el poder de la palabra, de su captación del instante y en la vivencia del instante mismo: Quién escribe desde esos párpados lo que a la nada acontece/ como una espada afilada sobre el tiempo?/ El mañana está escribiéndose ahora/ AQUÍ /No lo veis?

Del mismo modo, retoma la autora la total ausencia de puntuación sintáctica, que ya vimos en sus dos obras anteriores, y la -ya en su día señalada-, constante apertura de verso con mayúscula, un rasgo poético clásico cuyo uso dio nombre a las letras versales, es decir, a las mayúsculas. Este rasgo ha hallado en la actualidad sucesores en las estéticas coetáneas, habitualmente como mero capricho tipográfico, si bien Quílez hace evolucionar su uso al incluir igualmente mayúsculas a mitad de verso, con lo que abre numerosas posibilidades interpretativas y de significación, (Mirad las calaveras/ Muertas de risa Muertas). Ello también genera encabalgamientos inesperados y de efectos ambiguos altamente sugerentes, lo mismo sucede con alguno de los momentos de fracturación de la palabra y de ejercicio caligráfico incluidos muy puntualmente hacia el final de la obra.

Ello también genera encabalgamientos inesperados y de efectos ambiguos altamente sugerentes, lo mismo sucede con alguno de los momentos de fracturación de la palabra y de ejercicio caligráfico incluidos muy puntualmente hacia el final de la obra.

La posada del dragón. Cecilia Quílez. Ed. Huerga y Fierro. 2002.

Otro aspecto formal a subrayar es la gran profusión de elipsis, particularmente la concatenación de asíndetos permite a la autora una esencialidad muy expresiva, vivaz y enérgica, prevalecen los sustantivos y sus complementos, las enumeraciones, lo que centra la atención del receptor en los motivos temáticos que más interesan a la autora. En cuanto al léxico, es de señalar que sobreabunde la composición de verbos y adjetivos derivados y/o parasintéticos mediante la aposición del prefijo “des”: desamanecida, descomponerse, desahuciada, desaprender, desbrozados, en ocasiones con connotaciones marcadamente negativas, desolada, desencanto, desangra o desleales. También juega con la composición mediante el prefijo “in”: inabarcable, inmortal, insolente, inasible, intranquilo, inmoral, inconsciencia. Aparecen reiteradamente los sustantivos sangre y vena, que reportan intensidad al texto. Puede apreciarse alguna influencia de Gamoneda, “He recogido el mercurio de tu lengua”, que recuerda al excepcional Libro del frío (1992) del autor.

Temáticamente la dualidad del ser se abandona, un tema que era muy recurrente en la autora, para centrarse en el Ello (Noto a la bestia aquí… O Y si la bestia fuera yo…), el lado animal que gobierna y oscurece tanto como ilumina (Pero hay hambre/ En mí cabe demasiado hielo/ Ya en el almuerzo/ La carne nos presta casi cruda...); siguen en un segundo plano el amor y el deseo, que ya no colman (Tienes la matriz aún sangrante /Por la herrumbre del goce O El amor es una distracción del deseo), también el hambre y las carencias o la pesadumbre existencial inherente al ser humano. Consecuentemente, la madurez temática del texto permite a su voz lírica ofrecer una salida vital que no es otra que el Arte y la Belleza (Mientras latimos ciegos/ En la rebelión/ De la inmortal belleza), no únicamente la Literatura (Respiran los poetas/ En la verdad hasta cuando callan), sino  también las composiciones referidas al Logos, la Palabra, que cobran particular fuerza: La palabra que nos nombre/ (…) No creamos la palabra, la palabra nos crea a nosotros. Resultan también magníficos los versos: Y por más que lo niegues/ Un resplandor llega/ Al caer la tarde/ Esas cosas de las que escapas/ Están ahí/ Como un altar a la palabra/ Y por eso te asustas/ Rezas/ Una y otra y otra vez/ Decir algo. Definitorios son del mismo modo los versos: Idolatradamente/ Confusos/ Ante la escritura/ Como único asilo. Y particularmente rotundos: La palabra no sabe de medidas/ Está en celo eternamente/ Como una despiadada primavera. O: El verbo sujeta la voluntad del frío.

En un segundo plano semántico, figuran algunos poemas o versos dedicados a la condición femenina, a las dificultades de la mujer (Las mujeres son propiedad/ Del mismo mundo donde los hombres/ Negocian entre sí un feudo); también a las renuncias y pérdidas (En la zanja de las pérdidas…), y a las fútiles construcciones de la ambición o a la huera avidez por el futuro.

Lo más grato nuevamente es ese afán obstinado y valiente de la autora por atrincherarse tras la mirada pura, tras la inocencia (Recuerdo a cada hora /Mantener casi intacta la inocencia).

Lo más grato nuevamente es ese afán obstinado y valiente de la autora por atrincherarse tras la mirada pura, tras la inocencia (Recuerdo a cada hora /Mantener casi intacta la inocencia). Véanse también: Qué más salvación que dar/ Y repartir parte del subsidio/ De la inocencia. A este tenor, bajo el amparo del latido único que posee siempre la Estética de Cecilia Quílez, se halla esa inconfundible fuerza y la convicción de lucha que sostienen el discurso, aun a espaldas de su autora: Cuando hundo mis manos en la tierra/ Cuando las lavo de tristeza/ Ahí la inmensidad/ Soy hoja naciente; o Sueña sin fin y al confín de la esperanza; o, finalmente, Creo voy a morir escribiendo Y soy feliz. Que así sea, y esperamos, escribiendo más libros como este, señora Quílez.


SOBRE LA AUTORA

IDOIA ARBILLAGA, Cartagena, 1974: Lda. Filología Hispánica (1997). Dra. en Crítica literaria, Tª Lit. y Lit. Comparada (2003). Profesora Univ.Alicante 2000-2003. Prof.Ens.Secundaria desde 2006.  Colaboladora de La Razón (2007-2012), en Radio de Murcia desde 2016. Como crítica literaria publicó Estética y Teoría del libro de Viaje, (Univ. Málaga, 2005), La Literatura china traducida en España, (Univ. Alicante, 2003). Editó: Juan Andrés, Cartas Familiares: Viaje a Italia, (Verbum, 2004). Actualmente es colaboradora de la revista PARAÍSO (Diputación de Jaén). Como narradora: Su novela, En el fondo, un crimen, ha sido finalista del Premio Ateneo de Sevilla 2017. Como poeta ha publicado: Pecios sin nombre (Pról. de Prieto de Paula, Amargord, 2012);  Los Márgenes del Agua (Tigres de Papel, 2014), Creación y Vacío (Amargord, 2018, en prensa). Col. en antologías poéticas: Sonetos para el siglo XXI (Vitruvio, 2017), 28.28 (Univ.Catabria, 2015), en Amores Infieles 2015, Desde el mar a la estepa 2016, Por un puñado de poemas 2016,  Alquimia de la Sal 2016, Versants 2017, etc.