Ramiro Pinilla: el escritor que necesitaba ser escrito

En Las damiselas y el escritor (Tusquets), María Bengoa recompone, a partir de voces fragmentarias, la coherencia ética, la independencia intelectual y vital de un autor esencial de las letras vascas. Además, desde su privilegiada posición, la autora recrea los años a su lado, el último tramo de una vida que acabó en alto.
© EDUARDO LAPORTE

En la presentación en Bilbao de Las damiselas y el escritor, su autora, María Bengoa (Bilbao, 1959), insistió en que dos libros sobre la figura de Ramiro Pinilla no le parecían excesivos. Por la cantidad de cosas que había hecho, como fundar su propia editorial, Libropueblo, o llevar un taller de literatura gratuito, presencial, desde 1978 hasta el año de su muerte, o fundar y dirigir la revista Galea (entre 1982 y 2000). Pero sobre todo, y esto se infiere sobre todo de la (grata) lectura de Las damiselas… por su integridad, su coherencia vital, su bonhomía, su entrega insobornable a la literatura. Su ejemplo.

Un poco de contexto. Bengoa, periodista y escritora, fue la última pareja del autor de Verdes valles¸colinas rojas, en una relación sentimental que comenzaría a partir de una entrevista que ella le realizó en 1997, y que duró hasta su muerte en 2014. Entretanto, el gran éxito editorial de Pinilla, con la publicación en Tusquets de su trilogía vasca, su obra cumbre, el proyecto en el que trabajó con tesón unos veinte años. Como se recuerda en Las damiselas y el escritor, lo curioso de ese proyecto es que ya salió a la luz, el primer tomo en 1986, en una versión autoeditada que el propio Pinilla llevó a cabo. Formaba parte de su proyecto social y cultural Libropueblo, un sello que vendía libros a precio de coste, sin ánimo de lucro, pero sí de expandir la cultura.

Edita Tusquets

Aunque no le hubieran venido mal unos jugosos royalties a quien, como leemos, era partidario de «era preservar la literatura teniendo otro medio de vida para escribir con libertad». A lo mismo aspiraba Fernando Pessoa, como es afán de cualquier escritor vocacional, como lo era Pinilla, que trabajó, hasta su salida prematura por problemas oculares, en la Fábrica de Gas de Getxo.

Un escritor de verdad y, ante todo, persona de verdad, lo que motivaría que Bengoa, como dijo en aquella presentación, le hubiera dedicado otro libro, radicalmente distinto al primero, El mar de Arrigunaga. Publicado también en Tusquets, en 2023, ese vínculo editorial, el que ambos publiquen en la misma editorial, añade un innegable guiño poético. La novela recrea la infancia del escritor en ese centro de gravedad permanente de Getxo, Algorta y la citada playa.

Pero volvamos a Las damiselas y el escritor. Para empezar, y dando la razón al periodista César Coca, que condujo el citado acto, el libro se ha construido de modo complejo pero no resulta difícil para el lector. Ahí estaría uno de los méritos de Bengoa, el de abordar esta peculiar biografía como mejor puede hacerse: de manera metonímica (la parte por el todo), con un discurso fragmentado en distintas voces, convenientemente ficcionadas, de las mujeres que lo trataron antes de que Bengoa canalizara, por así decir, sus afectos.

Así, el libro se plantearía como «un encargo» a un personaje que actúa como biógrafo, y que sería el responsable de entrevistar a las distintas mujeres que trató el escritor, la mayor parte amigas, gente cercana, vínculos más humanos, vitales, que meramente amorosos o pasionales. Porque, conviene aclararlo, si bien Ramiro Pinilla, como todo personaje carismático, concitaba el interés del sexo contrario, el trato hacia las mujeres quedaría en las antípodas de «seductores» de la escuela Julio Iglesias. «No he conocido a nadie con su rectitud moral», leemos en boca de la autora, en uno de los insertos en los que ella misma se cuela, sin la máscara del biógrafo-personaje.

El libro, bien estructurado en tres partes que llevan de la mano al lector, se disfruta sobre todo como acercamiento a quien es quizá el escritor más importante del País Vasco no ligado al entorno nacionalista. Una figura con un valor doble precisamente por eso, pues si es difícil ser profeta en la tierra de uno, más complicado aún es hacerlo bajo las ruedas del molino del nacionalismo institucionalizado.

El libro también nos lleva al sol de otoño entre Bengoa y Pinilla.

Tan vasco como los talos de maíz que se citan en Las ciegas hormigas, Ramiro Pinilla tuvo que enfrentarse, como dijo Fernando Aramburu, al «terrible recuerdo de la represión» y la sombra de los falangistas que buscaban carne de paredón durante la posguerra y, más tarde, al aislamiento que implicaba no comulgar con ciertas ortodoxias. Porque si, como recuerda una de las damiselas, Pinilla era el ser más ateo que había conocido, la religión nacionalista, y menos aún de cariz separatista (por no añadir otros ismos nada edificantes, como el supremacismo, o el recurso al terrorismo), le generaba urticaria.

Las damiselas y el escritor habla más del escritor que de esas amistades. No es que ‘utilice’ a esas viejas compañías, pero Bengoa lo hace de un modo que nos ayuda a conocer el personaje, una personalidad singular que despierta el interés, se hayan leído o no sus obras cumbres. Se accede así a una intimidad, a una clave baja, a un tono menor que es el que cuenta en literatura, pues esta obra no es una de esas «biografías al uso» que sin duda habría desagradado al autor de Las andanzas de Txiki Baskardo de haberse publicado en vida. Tampoco una de esas biografías un poco al peso que Pinilla tuvo que escribir para pagar las facturas.

Bengoa, en una foto reciente

Especialmente valiosa es la propia relación que el escritor tiene con esta última damisela, la propia Bengoa, y surge la duda de si se podría completar una trilogía en torno al escritor de Getxo nutrida con más material del que apenas se apunta en esta obra. Los capítulos que nos permiten colarnos en ese sol de otoño, parafraseando el título de una hermosa película de Eduardo Mignona, tienen un valor especial, con esa vida de amor intermitente entre Walden, la residencia del escritor en Getxo, y los diecisiete kilómetros, y los treinta y siete años, que los separaban.

Porque Ramiro Pinilla, como otros hombres de su generación que también gastaron sabiduría (pienso en Saramago, o en Alejandro Jodorowsky, nacido en 1929 y aún vivo), llegaron a la ancianidad con la mejor de las disposiciones: «Ocurre, además, que ahora los viejos estamos sanos; llegas a los noventa sano». Sano y vivo. Porque en esos últimos diez años se produjo la culminación de su proyecto vital, incluido el de ver por fin su gran obra publicada del mejor modo posible, con la guinda del Premio Nacional de Narrativa.

Si bien el título, y quizá sea este el único pero, que se me ocurre como crítico, puede dar lugar a falsas expectativas, por una resonancia algo anticuada, o que haga pensar en una suerte de latin lover de escuela vasca, nada más lejos de la realidad. El libro es un justo homenaje a una de esas personas que dejó tanta huella en quienes lo conocieron que parece inevitable que surjan manifestaciones de homenaje, de recuerdo. Porque, aunque ya no estén entre los vivos, la huella que dejaron es demasiado palpable. Así lo expresó C.S. Lewis, probablemente en su precioso libro de duelo, Una pena en observación, que comparte Bengoa en su libro: «El acto de vivir se ha vuelto distinto. […] Su ausencia es como el cielo que se extiende por encima de todas las cosas».

 

Las damiselas y escritor, María Bengoa, Tusquets, noviembre de 2025, 256 páginas, 19,90 euros.


EL AUTOR

 

Foto Berta Delgado. YANMAG

EDUARDO LAPORTE. Escritor y periodista cultural. Nacido en Pamplona en 1979, reside en Madrid desde 2005. Ha publicado libros como Luz de noviembre, por la tarde, o La tabla, en Demipage, así como un diario íntimo en la editorial Pamiela y su particular visión sobre Baroja en Ipso Ediciones.

En 2021, publicó otra entrega de su Diario a ninguna parte en la editorial papeles mínimos bajo el título de Tiempo ordinario y la primera biografía en español sobre Battiato (tras la de Margaretto de 1990) en el sello Sílex: En presencia de Battiato. En 2024, ha reunido su visión sobre su tierra natal en Navarra-Madrid, también en Sílex.

En enero de 2025 publicó, en Sr. Scott, La vida suspendida, la historia de un duelo minúsculo.