Mario Lourtau: esa azul celebración de lo nombrado

El cacereño Mario Lourtau reúne en Para menos morir una selección de su trayectoria poética, marcada por una mirada atenta a cuanto nos rodea y por la búsqueda de una palabra capaz de celebrar lo nombrado.

© JOSÉ ANTONIO SANTANO 

«La voz de la poesía es la voz del cuidado, la de la vigilancia compasiva a lo que nos rodea. La poesía es un intento de desentrañar una realidad que se nos escapa y en la que estamos incluidos nosotros. La complejidad de este empeño es de tal calibre que el poeta, cuando consigue vislumbrar, tiene la obligación y el compromiso de registrarlo, para sí y para los demás, de la forma más sencilla posible, sin añadirle oscuridad.

Y para ello no hay más herramientas que las de la humildad, el trabajo y la paciencia», palabra de Basilio Sánchez. «La poesía es el instante en el que la evidencia sencilla de las cosas, la belleza profunda de su pura y despojada verdad, nos conmueve y fascina» –remata el poeta cacereño. Al hilo de las palabras de Basilio Sánchez tengo que confesar que siempre consideré que no hay poesía sin emoción y, por ello, toda poesía que se precie debe conmover al lector. Extremadura, en su conjunto, cuenta con grandes voces poéticas, como lo es la de Santos Domínguez, Basilio Sánchez, Efi Cubero, Álvaro Valverde, José Manuel Díez, Faustino Lobato, Antonio Cruz, entre otros,  o la de Mario Lourtau (Torrejoncillo, Cáceres, 1976) que con su último libro, Para menos morir (Poesía 2008-2021), al cuidado del sello Editora Regional de Extremadura, aumenta así la nómina de poetas celebrados.

Publica la Editora Regional de Extremadura

Contiene este volumen una selección de poemas pertenecientes a los libros anteriormente publicados: Donde gravita el hombre, Catálogo de deudores, Quince días de fuego, La mirada del cóndor, Quema la nieve, El lugar de los dignos, así como otros inéditos de Agua por beber; consecuencia de este devenir poético ha sido merecedor de reconocimientos tales como el accésit del premio Adonáis, José de Espronceda, Fernando Quiñones, García de la Huerta, etc. Además, su poesía ha sido traducida a varios idiomas y coordina en Cáceres el Aula Literaria José María Valverde.

Mario Lourtau no pertenece a ningún grupo, corriente o movimiento poético concreto, tampoco sigue modas ni medra en círculos o saraos mediáticos y de poder, más atentos siempre a criterios extraliterarios. En este sentido, Verónica Aranda, poeta también y autora del prólogo del libro que comentamos, escribe: «Mario Lourtau forma parte de esa estirpe de poetas que escriben para revelar y crear lugares íntimos dentro del lenguaje. Siempre a medio camino entre la desposesión y la palabra en forma de permanencia de lo nombrado que, como el propio título indica, sirve para menos morir».

Y así es, la poesía de Lourtau se configura siempre en términos de celebración, no solo del hecho poético en sí mismo, sino de celebración de la vida, de todo lo nombrado y por nombrar: «Pero hoy están aquí –desnudas,  generosas–, / sobre un arca de espuma que recoge / las sílabas del tiempo, sus grietas, sus enigmas, / ese lenguaje anfibio donde reptan / las líneas de la vida con su elixir de asombros, / esa voz que redime y nos consuela, / esa azul celebración de lo nombrado».

Lourtau sustancia en su poesía una forma de pensar, de vivir lo cotidiano en esa búsqueda por descubrir en cada mirada la razón, el motivo que nos lleva al lenguaje para expresar cuantas emociones el poeta experimenta y traduce con versos que altos vuelan hasta el corazón del mundo: «Y sobre la tierra / donde ahora pisamos / yaceremos mudos / Por eso quisiera / celebrar contigo / este tiempo incierto. / Y festejar la tarde / como quien festeja / el triunfo presente».

En los poemas seleccionados de su obra publicada hasta ahora y contenidos en este volumen, Lourtau muestra una madurez poética incontestable, sabe lo que quiere y cómo lo quiere; la palabra fluye libre y desnuda, luminosa, centrada en la singularidad, sin adornos innecesarios, evocadora, resultado de la firme y honda expresión que nace del alma de todo lo creado; una poesía, la suya, en comunión perfecta con la naturaleza y el hombre como eje central de su trayectoria.

La huella clara de Lourtau se distingue en esta selva de depredadores.

O como nos recuerda nuevamente Verónica Aranda en el prólogo: «A medida que avanzamos en la lectura de la antología, presenciamos el despojamiento, así como la aspiración de la voz enunciadora a «residir en la luz / ser luz, beber su esencia, / fundar con las palabras / las estancias secretas de un idioma”, habitando así un estado de conciencia superior y del oficio adquirido con los años y la disciplina». La presencia de la luz, su respiración, como en estos versos a Álvaro Valverde: «Y algún día, cuando no sirvan mi cuerpo y mis palabras / para absorber la luz como una encina, cuando mi carne / huela más a ceniza que a perfume y se abran mis ojos / a un mármol que clame su epitafio, entonces, solo entonces; / haré valer en vosotros el peso de la luz, su estatura de arena, / la colmena de marzo temblando sobre el zócalo del alma. // Pero en tanto, ¡La luz! ¡La luz! / ¡La luz al cabo!».

Mario Lourtau (1976)

Desposeimiento, evocación, asombro, claridad expresiva, paisaje rural, naturaleza, ética y estética son características de su poética, como lo son los temas que la envuelven: la soledad, el dolor, las ausencias, los recuerdos, la muerte, el paso del tiempo, la tierra, y, cómo no, el amor, su sensualidad: «…y yo deslizo, suave, con destreza, –igual que una tarántula de niebla– / la seda de mis dedos, mi tacto, mis caricias, / ese inmenso temblor que proyecto en tu carne / cuando gimes de placer y al cabo te entristeces, / porque sabes –después de tantos años– / que esto es sólo un juego que termina / pasándonos factura, una manera atroz / de queremos decir que nos amamos, / mientras arden de silencio, ya sin tiempo, / la vida y las palabras».

Ocupa Mario Lourtau ese lugar al que él definió «de los dignos», sin duda alguna, porque su huella clara se distingue en esta selva de depredadores, donde vale más la forma que el fondo, lo superficial que lo pleno, poéticamente hablando. Para menos morir verso tomado de un poema de Tomás Sánchez Santiago y que da título a este libro de Lourtau comprende el itinerario de una poesía que engrandece, que no se queda en la fruslería, sino que trasciende, que se eleva y tonifica, que abre el corazón y vuela libre hacia la infinitud de los asombros y el silencio: «…que la altura de un verso celebrado / equivale a respirar, a ser labio en la herida, / a heredar de la grandeza de otros bardos / el don de la verdad, / la hondura en la virtud de los asombros // el miedo de abordar en el fracaso / la página vacía, los cuerpos apagados / no escritos en la noche, / ese junco que tiembla entre los dedos / y no encuentra su orilla si no busca, / si no encuentra un regato / de tinta derramada hacia el deseo, / si no insiste en la idea de ser en las palabras / reencuentro y emoción, / luz y consuelo».

 

Para menos morir, Mario Lourtau, Editora Regional de Extremadura, febrero de 2026, 158 páginas, 9,51 euros.


EL AUTOR

JOSÉ ANTONIO SANTANO (Baena, Córdoba, 1957) cultiva la poesía, la narrativa, el ensayo y la crítica literaria. Entre sus más de veinte libros publicados destacan: Silencio. Poesía 1994–2021; Trasmar; Sepulta plenitud y La luna en el olivar (Cancionero de haikus). Más información, aquí.