La poesía de Javier Mateo Hidalgo (Madrid, 1988) se adentra en el territorio donde pintura y palabra dialogan. En Exposición permanente (Huerga y Fierro), el poeta convierte cada verso en chispas de fuego que fulguran en la gran llama de la creación.
© PEDRO GARCÍA CUETO
Podemos mirar de muchas maneras, con intensidad, levemente, de reojo, como si nos interesara, pero en realidad pasa desapercibido, pero mirar desde el interior y conseguir que las palabras se conviertan en luz son privilegio de los que se elevan a la llama del saber.
Digo todo esto, porque Javier Mateo Hidalgo publica en Huerga y Fierro Exposición permanente, con un prólogo de Arantxa Aguirre, que dice: «El presente poemario, el sexto publicado por su autor, convoca pinturas de distintos artistas y periodos, agrupadas en capítulos temáticos que tienen que ver no con la historia del arte sino con la trayectoria vital y las obsesiones de Javier Mateo Hidalgo».
Muy cierto, porque el poeta en varias secciones: «Orígenes», «Bestiario», «Personas, lugares y cosas», «De otros espacios posibles», «Eros y Tánatos» y una Coda. Nos adentramos en un museo, donde el poeta va perfilando su mirada, para afinar su inteligencia y adentrarse en los cuadros. Como decía en el prólogo, Arantxa, hay surrealismo en esa capacidad de sustraer lo que no está, pero que se intuye, lo que arde, pero que se esconde.

Edita Huega y Fierro
En «A la hermana que nunca tuve», Javier Mateo se pregunta cómo habría sido tener una hermana, porque lo que no ha existido vive también en él, hay un poder de evocar aquello que hemos imaginado, lo que podría haber sido, que la lucidez del poeta pinta al escribir, dibuja en el lienzo la mirada emotiva hacia alguien que no ha existido: «¿Cómo habría sido / tu cara por mí pintada? / Una sin rostro / como la que hizo / Vanessa Bell de su hermana?».
El pintor que en sueños refleja lo inexistente, el espejo del tiempo que se borra. En «El mono pintor», vemos que el tiempo borra lo que somos, nos convierte en espejismos: «Es el arte un juego / que se inicia en la infancia. / Todos los niños pintan / y cada uno representa su historia. / Luego, cuando se toman las cosas / demasiado en serio, / abandonan los lápices / y se frustran».
La infancia recuperada, la vida que nos destroza, el hilo que se va tejiendo y que nos deja desamparados de la felicidad de la niñez. Javier Mateo Hidalgo es el amanuense que descifra el códice del mundo, a través de un lienzo imaginado. En «Perro semihundido», de Goya, se refleja el sueño de la razón que produce monstruos. Dirá que «De las pinturas negras / es, tal vez, / la que más resplandece».
Todos los poemas se hunden en el paisaje del lienzo no pintado, del que surge como un poder evocador del poeta, ya envuelto en la noche de la creación. Los poemas son llama, que resplandece, cuadros que se salen del marco para entrar en nuestras vidas. Consigue Javier Mateo penetrar en las salas del tiempo, y dibujar el paisaje del alma.
Y en «Composición VII», todo se combina, el sonido y el color, porque el arte es el viaje por el que navega Caronte, por el que Sísifo sube la montaña, o Edipo se saca los ojos. Arte que hiere, arte que amamos, arte que nos completa: «Que el sonido es ya tono en el color / y las formas libran pacífica batalla / combinando posibles colores, figuras, / tamaños y disposiciones. / Un viejo mundo nuevo en la pintura».
Javier Mateo Hidalgo es el amanuense que descifra el códice del mundo.
Pero el arte es la vida, y también otra luz, otro fulgor, vivimos dos vidas, la que acontece a nuestro lado y la que imaginamos cuando creamos. En «Coda», cierra el poeta el paseo por la exposición, como un sueño que lo ha poseído: «Atravesar las puertas, / abandonar la estancia nocturna / entre estas cuatro paredes / que son, en verdad, muchas».
Que amanezca fuera es la llamada de la vida, que penetra en esa oscuridad de San Juan, anhelante la amada del amado, al paso del alba, juntar amado con amada. Estamos ante un libro bello, sólido y enamorado del arte hasta el tuétano, un nuevo logro del poeta que sabe que somos una brizna en el mar, Javier Mateo Hidalgo.
Exposición permanente, Javier Mateo Hidalgo, Huerga y Fierro, 2025, 116 páginas, 15 euros.
EL AUTOR

PEDRO GARCÍA CUETO (Madrid, 1968) es un ensayista español. Doctor en filología y licenciado en antropología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). docente en educación secundaria en la Comunidad de Madrid. Crítico literario y de cine, colaborador en varias revistas literarias y de cine, autor de dos libros sobre la obra y la vida de Juan Gil-Albert y un libro, La mirada del Mediterráneo, sobre doce poetas valencianos contemporáneos.



