Memoria de la pérdida en la poesía de María Sanz

En un mundo atravesado por la incertidumbre, la poesía de María Sanz se alza como un espacio de revelación íntima. Así lo apreciamos en Y todo será mudo y amarillo, un límpido ejercicio de reflexión sobre temas clásicos de la poesía, como el tiempo, la pérdida y la memoria, pero con la impronta única de Sanz.

Por Jesús Cárdenas

La incertidumbre inherente al transcurrir de nuestra existencia encuentra en la poesía un refugio, un bálsamo que nos reconforta gracias a la serena musicalidad de la palabra y a la profunda contemplación interiorizada que propicia. Estas reflexiones, que compartí al reseñar Recado original (Lastura, 2021), resuenan con renovada pertinencia ante la aparición de la última publicación poética de María Sanz, Y todo será mudo y amarillo. La poeta sevillana posee la singular habilidad de conducirnos, a través de su discurso lírico, hacia la esencia más íntima de nuestros días, una verdad que se revela en la soledad y el desamparo que acompañan la travesía vital.

La trayectoria de María Sanz es un testimonio de una dedicación ininterrumpida a la lírica, jalonada por reconocimientos tan distinguidos como los premios Ricardo Molina, Leonor, Cáceres, Tiflos, Valencia, Vicente Núñez o Hermanos Machado. Una cadena lírica con más de cuarenta eslabones que han sido recopilados en varias antologías, la más reciente, Todavía amanece (Averso, 2025). Por ello, su obra se erige como un pilar fundamental en el panorama poético contemporáneo, consolidando una voz que, por su profundidad y autenticidad, resulta ineludible.

Edita Detorres

Y todo será mudo y amarillo, galardonado con el premio Artemisa de poesía 2025, se configura como una sucesión de treinta y un poemas que, en su conjunto, moldean una estructura orgánica y armónica. Se trata de textos líricos de una brevedad elocuente, que no exceden lo preciso, apenas dieciséis versos, organizados en tres o cuatro estrofas. Son poemas conferidos con una limpieza admirable, en versos blancos que desvelan una cadencia extraordinaria, característica distintiva que trasciende en María Sanz, revelando a una poeta incontestable y necesaria. La serenidad, ordenada y luminosa, se desliza, como en un pentagrama, a través del tono íntimo que flota sobre la memoria, anclándose en el ritmo interior que marca la sexta sílaba en endecasílabos, alejandrinos y algunos heptasílabos. Esta maestría rítmica, junto a la precisión en la elección de cada palabra, potencia la resonancia emocional de cada verso, dotando a la obra de una cualidad casi etérea.

Los títulos de los poemas sugieren un itinerario íntimo que se despliega desde el origen hasta la ineludible pérdida. Un tránsito existencial que evoca espacios vacíos y un progresivo enmudecer del mundo, culminando en una conciencia aguda del tiempo que, implacable, arrasa con todo a su paso, dejando a su estela tan solo la memoria, una lejanía insondable y, finalmente, el silencio. Desde el poema inicial, el sujeto poético bascula entre la intimidad y la reflexión profunda: «Todo va enmudeciendo. Las horas y los días / agigantan su pasmo como otro escalofrío». En este discurso dual, el recorrido temporal instiga a la memoria a arañar el pasado, trayendo hasta el presente la identidad, aceptada en señal de recogimiento, como se observa en «Orfandad»: «Hoy contemplas la vida fervorosa, / su retrato dormido, su sombra deshojada, / sintiendo la frescura del alba que se erige / a pesar de la muerte, a través de tu cielo».

Desde la imagen poética –«te has quedado detrás de la ventana, / contemplando una muerte / que has hecho tuya dándole sentido»– el recorrido se interioriza aún más: la voz poética asume la pérdida como una forma de conocimiento, ya que el acto de mirar implica distancia y una conciencia aguda, en un intento de asentar la existencia frente al azar y al silencio irrevocable. Una imagen similar se encuentra en «Aquella plaza», donde se nos presenta un escenario de extrañamiento. La tristeza bifurca la identidad, y la espera cotidiana acentúa la soledad más profunda. La luz que antaño servía de guía, ahora ciega, y la realidad se torna desconocida, recorrida a tientas, sin certeza posible de regreso: «Porque será difícil que regreses / desde esta realidad desconocida / a tientas por la plaza cuya luz / continúa cegando tu certeza». Del mismo modo, en «Igual que entonces» se lee:«ahora pulsas otra realidad / desde el temblor de lo desconocido». En «Pequeño escollo», la imagen marítima evoca la existencia: «tu realidad de arena, gastado horizonte».

La luz que antaño servía de guía, ahora ciega.

Estas imágenes, que rescatan y a la vez confirman la omnipresencia de la pérdida, tensando la identidad y el tiempo en un presente vulnerable, junto al tono elegíaco que impregna la obra, nos remiten inevitablemente a uno de los poetas de cabecera de María Sanz, su paisano Antonio Machado. La poeta, al igual que el maestro, explora las grietas del tiempo y la memoria, encontrando en ellas la sustancia para una poesía de hondo calado existencial.

Imagen de María Sanz » Biblioteca de Escritoras/es Andaluces

Sanz publicó su primer poemario en 1981

Junto a esa confirmación de pérdida, el exilio se manifiesta como una experiencia interior. No existen garantías de que el regreso restituya lo perdido, pues el dolor, una vez arraigado, persiste inalterable. Así lo expresa en «Exilio»: «Todavía no sabes si has vuelto de tu exilio / o sólo continuas / con el mismo dolor del que partiste». Se percibe una clara afinidad con el pensamiento heideggeriano, que concibe el tiempo como un horizonte de finitud. Desde la esfera poética, esa pérdida del tiempo vivido, de la patria interior, evoca la obra de Luis Cernuda, ya que, al igual que en su compatriota, el exilio se convierte en una condición inherente al ser desgarrado, transformando toda pertenencia en provisionalidad y toda memoria en intemperie. La mirada ascendente, paradójicamente, no libera, sino que acentúa el encierro interior.

El título mismo, Y todo será mudo y amarillo, cifra una profunda paradoja: la del azar, por definición incierto, que se transmuta en un destino inamovible. Esta antítesis, junto a metáforas deslumbrantes, bimembraciones, anáforas y repeticiones léxicas, refuerza e intensifica la percepción del tiempo como una fuga imposible, donde vivir equivale a un aplazamiento, siempre infructuoso, de una huida interior. «Azar inalterable» lo ilustra con maestría: «Levantarás los ojos hasta verte de nuevo, / hasta dar con la luna tras de los eucaliptos / y comprender que ahora cada noche es más larga, / cada día más corto para huir de esta vida». Tras el empleo sutil de símbolos –la ventana, la casa, la plaza, el árbol, el desierto– laten ecos simbolistas cercanos a Mallarmé o Baudelaire, pero siempre filtrados a través de una desnudez expresiva propia e insólita, que dota a la voz de María Sanz de una originalidad inconfundible. El título que aparece en el poema homónimo final procede, como nos indica la propia poeta, de Juan Ramón Jiménez: «Llegarás a tu casa / y todo será mudo y amarillo».

En Y todo será mudo y amarillo, María Sanz nos sumerge en una profunda meditación sobre la fugacidad y el eco de lo vivido, un libro que, con su delicadeza y precisión, invita a la introspección y a la serena aceptación del tiempo como maestro implacable.

 

Y todo será mudo y amarillo, de María Sanz. Detorres Editores. Córdoba, 2025.


 

EL AUTOR

JESÚS CÁRDENAS (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 1973) es profesor de Lengua Castellana y Literatura. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla.

Como investigador literario, ha escrito ensayos y dado conferencias sobre Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, García Lorca, Pier Paolo Pasolini… Como crítico literario colabora con reseñas en diferentes revistas literarias.

Hasta la actualidad es autor de los libros de poemas: La luz de entre los cipreses (Sevilla, 2012), Mudanzas de lo azul (Madrid, 2013), Después de la música (Madrid, 2014), Sucesión de lunas (Sevilla, 2015), Los refugios que olvidamos (Sevilla, 2016), Raíz olvido, en colaboración con Jorge Mejías (Sevilla, 2017), Los falsos días (Granada, 2019) y Desvestir el cuerpo (Madrid, 2023). Es socio de ACE.