En Biología de los wingdings (Sloper, 2025) Juan Andrés García Román nos atraviesa con fogonazos poéticos enfundados de reflexiones que van más allá de nuestras posibilidades, en un vertiginoso y trepidante viaje interior.
© IRENE DE LA TORRE
Este no es un libro al uso. Son aforismos, es poesía, es una trama sin serlo en un bello recorrido narrativo experimental. Es un libro de viajes, una confesión, un trayecto visceral, un diario, un cuaderno de notas y una consecución de pensamientos y reflexiones. Aunque todo esto sea discutible, lo que ya es un hecho es el característico estilo de su autor, la atinada y afilada sugerencia de su escritura. La prosa poética de Juan Andrés García Román (Granada, 1979) nos deja con la sed de alguien que acaba de descubrir un nuevo género, una nueva lírica, una elegía, alguien que corre una maratón en cada página pero que a su vez detiene todas las alarmas del día en un momento de lectura que solo pide atención, para masticar y digerir bien las frases e imágenes unidas que nos muestra y que, a menudo, son capaces de llevarnos a un viaje cósmico.
La nostalgia, la añoranza del pasado, el amor, la vulnerabilidad y la belleza son conceptos clave en esta obra narrativa. Como lectores pasaremos por una serie de cuestiones candentes que se repiten a lo largo de sus páginas, encontrándonos con un libro que recorre temas tan delicados y frágiles como el duelo, las dificultades de salud mental, la no paternidad, un mundo que se viene abajo, el amor romántico y los cuidados a una madre o la precarización laboral.
La prosa del autor se adentra en un nuevo género, una nueva lírica.
El libro se divide en dos partes: El diario y Alaska, y cada cierto número de páginas condensa el contenido del texto siguiente en una enumeración que nos prepara para los temas que va a tratar —como si leyéramos el libreto de una ópera— haciendo uso de una importante carga poética. Siendo los wingdings una fuente tipográfica, el libro no deja de tener una buena dosis de escritura experimental, encontrándonos a lo largo de su lectura con varios símbolos de dicha tipografía, a modo de experimento, pero sobre todo, pese a la dureza de los temas tratados, con el objetivo —intencionado o no— de darle a las frases un tinte de humor y delicadeza. El homúnculo🚹que utiliza, por ejemplo, es una forma de darle al trasfondo un tipo de ingenio que nos hace empatizar con el narrador, mostrándonos a alguien con un sentido de la autocrítica, pero también que destaca en el uso de un tipo de narrativa cínica e inteligente, a la par que lírica.

Edita, desde Mallorca, Sloper
En Biología de los wingdings encontraremos una mirada alejada de ruido y el enfoque atento en la vida diaria, haciendo que nos entren ganas de quedarnos a vivir en algunas de sus frases, que funcionan como destellos que irrumpen en nuestros cuerpos: «Una lámpara que, cuando la apagan, se pone muy triste», «La llama de una vela es un incendio que puede probarse con una cucharilla», «El rayo láser, ¿una flor del futuro?», «El verde es más verde en libertad» o «Un país llamado Estrellas Unidas». Pero también frases más densas y meditadas, como para quedarse un rato con ellas: «En la biblioteca —¡qué silencio!— se escuchaba, igual que el goteo en las grutas, cómo las fórmulas se sumaban solas dentro de los libros: se restaban, se multiplicaban y se dividían. Se rimaban las rimas, se rezaban los rezos».
Y no me olvido de citar aquellas otras frases que utiliza y que son capaces de arrancarnos una imagen divertida, una sonrisa o una carcajada: «Un niño desenvuelve un regalo y el regalo es un espejo y en ese espejo un niño desenvuelve un regalo», o «Cuando un recuerdo va siendo olvidado, en él no hace ni frío ni calor y sus protagonistas visten chándal».
Con frases así, García Román nos lleva de la mano hasta un final que condensa en pocas palabras todo lo que hemos leído en las páginas anteriores. A pesar de que puede exigir una comprensión y atención plena por parte de los lectores que se enfrenten a él, a su vez es un libro que no exige una lectura de principio a fin, sino que se puede dejar en cualquier momento y volver a él, incluso dejar en reposo para revisitarlo, aunque algunas de sus palabras nos atravesarán y se quedarán con nosotros para siempre.
Al final del libro el autor nos plantea la pregunta: ¿Continuará? Esperemos que sí. De momento lo podemos volver a leer, porque en cada lectura vamos a descubrir muchísimos mundos nuevos. Yo ya he marcado mis pasajes favoritos.
Biología de los wingdings, Juan Andrés García Román, Sloper, 2025, 284 páginas, 18 euros.
LA AUTORA

IRENE DE LA TORRE (Madrid, 1988) es licenciada en Traducción e Interpretación, escritora y traductora literaria de inglés, francés, neerlandés y catalán al castellano. Ha publicado sus relatos y poemas en varias revistas de literatura, como Quimera, Casapaís, Ceniza, Invernadero, De Revisor (Países Bajos) o Morlanda, así como en varias antologías, habiendo sido traducida al italiano, catalán y neerlandés. Ha publicado traducciones de poesía y narrativa tanto en revistas literarias como en varias editoriales, como Navona, Editorial GG, Lengua de Trapo o Editorial Mapa, entre las que destaca la segunda traducción desde el neerlandés original de El diario de Anne Frank (Edaf, 2026), obra de la que también fue prologuista. Asimismo, redacta informes de lectura, tanto de originales como de literatura extranjera, para varias editoriales, y artículos para varios medios, y ha sido miembro del jurado de varios premios de traducción y de narrativa. Su primera colección de relatos, Crema solar, verá la luz en RIL editores en la primavera de 2026, tiene un poemario terminado y en la actualidad escribe su primera novela. Es socia de ACE traductores.



