Más fuerte que una misma: una mirada a los ¿diarios? de Sheila Heti y Kate Zambrano

Entre el diario, la novela y el ensayo, Sheila Heti y Kate Zambreno escriben desde un territorio fronterizo que dinamita géneros sin renunciar a la forma. Dos libros que cuestionan la literatura desde dentro para volver a fundarla.
© HILARIO J. RODRÍGUEZ 

Marguerite Duras dijo que «para escribir hay que ser más fuerte que uno mismo, más fuerte que lo que se escribe». La frase me parece pertinente para hablar sobre Sheila Heti (Toronto, 1976) y Kate Zambreno (Illinois, 1977), dos escritoras a quienes sería difícil catalogar como ensayistas, novelistas, poetas o diaristas. Pero que sea difícil llamarlas ensayistas, novelistas, poetas o diaristas no quiere decir que en sus libros no haya siempre un poco de cada uno de esos géneros.

Como si de escritoras trans se tratase, conservan rasgos de todos los géneros, sin dejar que uno solo les proporcione su identidad. Eso hace que sus obras resulten tan estimulantes, porque su lectura se convierte en un ejercicio de exploración y sus lectores nos convertimos en exploradores. Cada página, cada párrafo y cada línea nos desorientan, al mismo tiempo que nos reorientan; cada página, cada párrafo y cada línea cortan sus lazos con la tradición y con la ortodoxia, al mismo tiempo que crean su propia tradición y su propia ortodoxia.

De medio millón de palabras a 50.000

Lo que vienen a demostrarnos es la imposibilidad de destruir la literatura desde dentro sin crearla también desde dentro. Quizás por eso Sheila Heti nos advierte en Diario alfabético que «lo que mantiene unido un libro es su encuadernación» y Kate Zambreno reconoce en Escribir como si ya hubieras muerto que «cuando lo que escribo adopta la forma de diario es cuando tengo la mayor impresión de ficción». Ambas son conscientes de estar cuestionando cosas por las que ellas también son cuestionadas: no hay libro sin forma y no hay otra verdad que la imaginaria.

Veamos ahora cómo se desactiva y se activa cierto tipo de literatura en Diario alfabético, de Sheila Heti. En principio, son diez años de escritura diarística reordenados y resumidos en tantas hojas de Excel como letras tiene el alfabeto (quitando aquellas fuera de uso en inglés). Son 500.000 palabras reducidas a 50.000, cifras distintas dependiendo de las lenguas a las que sea traducida la obra. Para reducir de esa manera su extensión, cada entrada del diario queda reducida a su primera frase. Y todas las frases se reordenan alfabéticamente, tomando la primera letra de la primera palabra como referencia (algo que, obviamente, hace imposible que el libro tenga el mismo orden en las diferentes lenguas a las que ha sido y va a ser traducido). ¡Así que fuera todo orden cronológico y fuera todo desarrollo!

Renunciar a esas cosas, sin embargo, no quiere decir que Diario alfabético pierda por completo su sentido: pierde un sentido y gana otro. La posible secuenciación de frases que comienzan con la misma palabra puede producir efectos sonoros, en algunos casos poéticos y musicales. «Esto es una novela», «Esto es un poema», «Esto es un ensayo», «Esto no es una novela». Uno cree leer letanías como esta última y también cree leer que «No se ya ni cómo se escribe ni cómo se lee, pero intento seguir las pistas que mi confusión me sugiere».

Como si de escritoras trans se tratase, conservan rasgos de todos los géneros.

Como el corazón de este posible relato es el amor y los lazos que nos unen, dejamos de estar seguros sobre cuándo comienzan y terminan las relaciones con Pavel o Lars, ni siquiera estamos ya seguros sobre cuáles comienzan antes, pero nos quedan esos nombres: Pavel y Lars, que en la vida de una persona equivalen a lo que equivaldrían Madrid o Barcelona en un libro sobre nuestro país. Pavel y Lars en un contexto diferente, con las entradas donde aparecían completas, habrían adquirido los rasgos subjetivos que les hubiese querido dar Sheila Heti; al quedar reducidos a nombres, pasan a ser parte de un juego donde el azar se confunde con el rigor alfabético. Y donde el lector ocupa un lugar más activo.

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Llegados aquí, ¿qué decir del libro de Kate Zambreno? Se podría resumir diciendo que su voz literaria se busca en la voz de otro. Kate Zambreno se busca en Hervé Guibert. Escribir como si ya hubieras muerto se busca en Al amigo que no me salvó la vida. Un ensayo se busca en una novela, sin darse cuenta al principio de que quizás haya novelas que en realidad son «falsos ensayos disfrazados». Guibert nota en su interior la presencia de otro escritor, quizás tan solo su fantasma, cuya sombra se proyecta en lo que escribe, y en su caso ese escritor es Thomas Bernhard.

A Kate Zambreno le sucede algo muy parecido con Guibert, a quien cree reescribir o sobre quien cree escribir. Reescribir como acto de duplicación, con frases escritas en paralelo, una al lado de la otra; y como acto de mimetización, con frases escritas una encima de la otra, de tal manera que al final únicamente se ve una. El proceso de escritura consiste en fijar el comienzo y el fin en el tiempo, aplazándolos de manera constante, con falsos inicios y con finales en falso, con la extraña sensación de que las palabras a veces se desligan del cuerpo que las escribe, algo que no tiene mucho sentido si el cuerpo que las escribe está enfermo y prevé su muerte.

De ahí es de donde sale el título del libro: de llevar un libro a la muerte de sí mismo, porque quizás cuando esté acabado su autor haya muerto, como casi le sucedió a Guibert, que escribió buena parte de su obra enfermo de sida, con la sensación de que cada palabra podía ser la última, cada frase podía quedar interrumpida y el libro inacabado. Escribió tosiendo, tecleando, sin saber si llegaría a fin de año o si le daría tiempo a acabar lo que hubiese iniciado. ¿Tenía la pretensión de impedir su muerte? ¿Posponerla? ¿Mirarla a la cara? Sea lo que fuere, la escritura es contraria a la muerte. La muerte es una traición a la vida, escribir es una forma (por muy ilusoria que parezca) de perpetuarla. Escribir, por tanto, es una traición a la muerte.

Sheila Heti & Kate Zambreno. Diario alfabético & Escribir como ya hubieras muerto. Dos autoras, dos libros. En ambas, en ambos, el eco de Kathy Acker cuando nos recordaba que «no soy una superestrella de mierda y nunca lo seré; solo soy lo que sucede después de la literatura y de la muerte, que es la escritura».

 

Diario alfabético, Sheila Heti, Traducción: Sara Barquinero, Lumen, 2025, 200 páginas, 18.91 euros.

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Escribir como si ya hubieras muerto, Kate Zambreno, Traducción: Montse Meneses Vilar, La Uña Rota, 2025, 228 páginas, 22  euros.


EL AUTOR

HILARIO J. RODRÍGUEZ es viajero, profesor y escritor. Ha colaborado con medios de prensa y revistas (El Estado Mental, Jotdown, ABC, La Vanguardia, Leer, Revista de Occidente, Dirigido por o Imágenes de actualidad). También ha escrito estudios sobre géneros cinematográficos, películas y directores, además de dirigir y coordinar ciclos, exposiciones y publicaciones para numerosos festivales de cine. En su obra de ficción destacan Construyendo Babel (que fue editada por primera vez en el sello Tropismos en 2004 y reeditada  por Editorial Contraseña en 2023), Mapa mudo, El otro mundo, Perder ciudades y Un astronauta perfecto, estas dos últimas obras publicadas por Newcastle, donde apareció Las desapariciones en 2022 y donde aparecerá este año Libro de las imágenes. Actualmente trabaja en un libro de viajes sobre Los Balcanes y en una novela. Su último libro publicado es El año pasado en Marienbad. Recuerdos del futuro, en la Editorial Providence.