Javier Lostalé: la palabra pura y las formas de la eternidad

La antología Revelación (Bartleby) recorre la poesía de Javier Lostalé: una escritura exigente y esencialista que sacraliza la ausencia y el deseo incumplido. Un regalo para los muchos lectores del poeta madrileño, con las puertas abiertas a su rico universo imaginario.
© MARTÍN RODRÍGUEZ-GAONA

 

Una palabra que no fue incubada antes por el corazón

nace enferma, o lo que es peor, nutrida por el engaño.

Convocar e invocar: ha eso ha estado y está dedicada la voz de Javier Lostalé (Madrid, 1942). Dicho destino se reconoce con claridad en Revelación (Bartleby, 2025), la compacta antología que de sus versos ha seleccionado y prologado José Cereijo, quien se ha dedicado con asiduidad y agudeza al estudio y la difusión de esta obra. A lo largo de los nueve libros trabajados —que van desde el pionero Jimmy, Jimmy (1976) hasta Ascensión (2022)— destaca una poesía que ante todo obedece a su necesidad expresiva, siendo imposible encontrar textos coyunturales o de compromiso. Así, tanto en su escritura artística como en su labor radiofónica, el poeta ha mostrado una alta consideración por la palabra, esa materia que le permite crear ámbitos emocionales: aquel espacio privilegiado en el que su sensibilidad se dibuja. Una práctica y una creencia que en su caso han cobrado tal dimensión que la fabulación se convierte en un rasgo de sensibilidad: el poeta accede constantemente a dicho espacio imaginario rumiando y luego enunciado palabras predilectas (a la manera de conceptos-símbolo).

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Edita Bartleby

Es para Lostalé, por consiguiente, una aproximación intuitiva la que permite acceder al pensamiento más elevado, siendo poeta quien descubre sus ideas a través de la emoción. De este modo, la ensoñación se transforma en una vía para encontrar la otredad, ese estado que es el único que permite escribir con plenitud y acceder a una verdad propia. O, si se prefiere, entregarse sensorialmente a un tipo de evocación que equivaldría a estar en poesía.

En efecto, quizá la característica fundamental de la obra de Javier Lostalé sea que compone una poesía sin devenir, intensa en su singularidad, forjadora de mónadas emocionales. En sus versos, una y otra vez, la evocación se acerca a una trascendencia que nunca se alcanza, como abiertamente se confiesa en el poema «Nadie» de Tormenta transparente (2010):

Sólo hay ya tiempo para amar un desierto amanecer,

para abrazarse a la placenta de un mundo de sombras

y balbucear sus nombres con la velocidad fija

del pulso de las lágrimas.

Sólo hay una transparente proximidad

que arde sin nadie

sobre la que me tumbo desnudo

y copulo hasta el latido final de un cuerpo de ceniza.

[…]

Puede que aquel desamparo sea algo inconsciente, que responda a la profundidad psíquica del individuo, mas, en el plano artístico, lo importante es que se transforma en una consecuencia de los propios textos. Es decir, algo inherente tanto a la estrategia que ha permitido componerlos, como a su efecto: ese poso sentido o reflexivo que indefectiblemente los cierra sobre sí mismos.

Pese a la extrema fidelidad a una poética tan exigente y específica, la reiteración de temas y recursos nunca agota al lector, sea por su convicción, su autenticidad o por su orgánico anhelo de esencialidad. Fuera de su delicada y sutil evolución, libro a libro la sugerencia y la abstracción se imponen a la anécdota y al referente.

El proyecto de Javier Lostalé elabora, por lo tanto, una poesía de engañosa lectura: es muy fácil percibir en ella que está bien escrita y que no pocas veces alcanza una rotunda belleza, pero casi siempre resulta arduo acceder a su sentido. Sus versos requieren de una lectura lenta, reposada y detenida, aunque esto tampoco asegure acceder a un significado concluyente.

La sorpresa sólo puede ser hallada al interior de uno mismo.

En consecuencia, para aproximarnos con mayor detenimiento, se puede afirmar que la poesía de Lostalé apela en primera instancia a los sentidos y luego a la imaginación. Mas su poesía tampoco es particularmente plástica o anecdótica. Si hubiese que calificarla, quizá sería más adecuado definirla como atmosférica. Una característica propia, aunque en su ya lejano origen haya estado el peculiar surrealismo trascendente que practicase su maestro Vicente Aleixandre.

Es decir, antes que la búsqueda de desequilibrio propia del surrealismo, en esta poesía prima un anhelo de armonía o, más específicamente, de comunión, empleando un término caro al poeta. Algo que no supone una pasiva aceptación del mundo, sino el ejercicio de cierta sutil rebeldía, ejercida desde el ámbito más íntimo. De tal manera su proyecto, circular en sus recurrencias, da la impresión de desplegarse a la manera de un tema con variaciones: una escritura que se proyecta constantemente entre el deseo incumplido y la fabulación afectiva, delicadamente erótica.

El ingreso a un resignado e intenso mundo imaginario deviene ineludible para quien sostiene que el amor es improbable y la sorpresa sólo puede ser hallada al interior de uno mismo. Esa sería la estación azul que promete un espacio inusual, abierto a la ensoñación poética.

La poesía de Javier Lostalé nos propone, entonces, el ingreso a un resignado e intenso mundo imaginario. Seremos ahí testigos de la belleza y del misterio, pero también de la soledad, ámbito donde se concreta el sacrificio exigido para establecer introspecciones y retrospectivas radicales, en una aritmética cuya respuesta casi siempre es terrible, como subraya «Espejo» de El pulso de las nubes (2014):

No hay acto tan solitario

como el de mirarse al espejo.

No hay olvido más profundo

que el de su respuesta,

pues en sus ojos de retina quemada

sólo un silencio blanco nos refleja.

 

[…]

El poeta se consagra así a la ausencia, deleitándose en la infructuosa espera, celebrando incluso aquello que no se dio. De este modo la más íntima o humilde invocación requiere renuncia y secreto, pues son precisamente estas condiciones con las que la palabra gana hondura y alcanza la depuración de sus motivos.

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Una foto reciente del poeta, cedida por la editorial Pre-Textos

Este idealismo esencialista alcanza a ser el centro de la madurez creativa de Javier Lostalé y sería también la clave de la vertiente más filosófica de su poesía, aquella por la que se inscribe en una escritura neoplatónica, trascendente, vagamente metafísica. En consecuencia, toda la celebración del deseo, que recorre su primera obra, apenas representa una preparación, aunque persista, como motivo común y recurrente, el poetizar la ausencia; esa peculiar y muy suya sacralización del vacío («En el resplandor de no esperarte / resurrección será la nada»). En tal sentido, las continuas referencias a conceptos religiosos serían tanto un rasgo autobiográfico como un apoyo para su realización o ascenso espiritual.

Así, fuera de lo convencionalmente estudiado dentro de lo estilístico o retórico, nos parece muy singular la estrategia de Javier Lostalé para consolidar su proceso espiritual. El poema surgiría sólo tras reconocer y cultivar un deseo no consumado, el mismo que permite entrar en una alienación consciente (el sujeto acepta el fracaso de lo real). Dicha reivindicación de la soledad, instancia en la que se superan dubitaciones y neblinas, es la que daría paso a los frutos más plenos de la imaginación. Y esta visión o imagen cargada de deseo será la que permita al poeta esencializar su perspectiva, permitiéndole la comunión con la palabra y atisbar un estado místico.

Por consiguiente, en sus distintas facetas y manifestaciones, la poesía de Javier Lostalé nos convoca a un diálogo entre interlocutores espectrales, desde la inmaterialidad del deseo, que siempre será incesante y etéreo, como corresponde a una forma de eternidad.

 

Revelación. Javier Lostalé. Bartleby Editores, 2025, 108 páginas, 13, 30 euros.


EL AUTOR

MARTÍN RODRÍGUEZ- GAONA (Lima, 1969) es poeta, ensayista, traductor y editor. Autor de Efectos personales, Pista de baile, Parque infantil, Codex de los poderes y los encantos y Madrid, línea circular —Premio Cáceres Patrimonio de la Humanidad—, así como del ensayo Mejorando lo presente. Fue becario y coordinador literario de la Residencia de Estudiantes, y obtuvo la beca internacional Antonio Machado. Ha traducido a John Ashbery, John Giorno, Brian Dedora y Jack Spicer. Ganó el Premio Málaga de Ensayo 2019 con La lira de las masas y el Premio Celia Amorós 2022 con Contra los Influencers. Su poemario más reciente es Motivos fuera del tiempo: las ruinas.